El orador excelente

Martin Luther King, el orador excelente
Orador
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“Ruego a los que se aburren con mis palabras y deciden abandonar la sala que no hagan ruido al salir, a fin de no despertar a los que están dormidos”
(Gabriel García Márquez)

En la Universidad de Illinois (Chicago) se realizó una investigación acerca de lo que es el Éxito y cómo conseguirlo que duró 10 años. Tras este período los investigadores nos proporcionaron la fórmula del Éxito.

Éxito: 3D

Deseo: capacidad para proponerse metas.
Determinación: capacidad para perseverar en esa meta y no desfallecer.
Disciplina: capacidad para invertir tiempo a fin de conseguir la meta propuesta. En palabras de Yokoi Kenji: “Tarde o temprano la disciplina vencerá a la inteligencia”.

Es necesario no perder de vista estos componentes y de obligado cumplimiento practicarlos si deseamos conseguir un objetivo, sea el que sea, pero en el caso que nos ocupa: Ser Buenos Oradores.
Lo primero que vamos a exponer tiene que ver con “las formas”, con “la puesta en escena” … en cómo debemos presentarnos a la hora de “hablar en público”.

Ser un buen orador es todo un arte, una puesta en escena capaz de representar el mejor papel de uno mismo.

Debemos informarnos quién es el público (profesores, encargados, líderes, empresarios, ejecutivos, alumnos, etc.) a fin de adecuar el nivel de oratoria y debemos ser conocedores que en cualquier auditorio hay siempre 3 tipos de personas: Personas visuales, personas auditivas y personas kinestésicas.

Las personas visuales son aquellas que permanecen atentas a la imagen, a los movimientos del orador, muestran una posición rígida, más tensa, captan la información por la vista.

Las personas auditivas son aquellas que casi todo lo reconocen a través del oído. En un auditorio podemos distinguirlas porque están relajadas, parece que no estén atentas, al menos no están pendientes de todo lo que “se mueve”, parecen desinteresadas. Suelen ser personas sumisas y sensibles.

Personas kinestésicas son aquellas que muestran desdén, aquellas que de buena gana pondrían los pies encima del escritorio, hablan mucho con las manos, siempre están a la defensiva. Este tipo de personas procesan la información si va asociada a sensaciones, emociones…

Es por ello que el profesor o el conferenciante debe conocer esto para actuar en consecuencia y mostrar la presentación del tema en estos formatos: visual, oral y apelando a los sentimientos porque cuando nos presentan la información en nuestro sistema de representación preferido nos es más fácil entenderlo y por tanto retenerlo…

Ser un buen orador es todo un arte, una puesta en escena capaz de representar el mejor papel de uno mismo.
Los pasos a seguir para esa puesta en escena son los siguientes:

  1. Hacer una buena entrada. La Imagen es la herramienta de persuasión más poderosa. La imagen muestra al mundo cómo quieres relacionarte. Vallejo-Nájera dice que la norma a seguir la expresa bien Clarasó (escritor español) en la frase: “El ideal de belleza de un sapo es una sapa”. Quiere decir que debemos subir al estrado con aspecto homogéneo con el grupo mejor del público.
  2. Mostrar entusiasmo por lo que se va a exponer, debe notarse, palparse que el orador siente lo que dice, debe mostrar sabiduría (que hay un desarrollo personal, un crecimiento personal tras lo que se expone). Se trata de compartir con pasión la información, las historias, los conocimientos… Y, si se puede, tratar de conmover.
  3. Preparar el discurso como una obra de arte. Dice Nelson Cubide Salazar que un buen orador debe saber de Filosofía, de Literatura, de Historia… yo añadiría de Arte porque a las palabras hay que darles vibración, colorido…
  4. Mirar a la totalidad del público. Esto, que parece elemental, no lo es tanto en la práctica, todos hemos conocido a profesores y oradores que se centran en un punto para explicar. Hay que mirar a todos, la vista debe recorrer el público, debe “pasear por la sala”.
  5. Presentar material nuevo o difícil, o material antiguo que se recicla, que se moderniza. La atención continuada no puede ser mantenida más allá de los 18 minutos, siendo optimista. En estos minutos la atención comienza a decaer y es el momento de introducir cambios al hilo del tema, obviamente (metáforas, anécdotas, imágenes…).

El orador es como un Faro, cuyo mensaje entienden los navegantes y quizá algunos curiosos. Nuestra actitud no es convencerles a toda costa sino mostrar que nosotros estamos convencidos.

Estamos en el estrado, sabemos movernos y sabemos presentarnos con nuestras mejores galas, sabemos mirar. Estamos, pues, en disposición de avanzar, de dar un paso más. Nos ocupamos ahora de darle contenido a esas formas, nos ocupamos del mensaje.
Ferrán Ramón-Cortés, licenciado en Ciencias Económicas nos brinda cómo ofrecer un discurso atractivo. Después de exponer una conferencia que le costó semanas de preparación sintió la decepción del fracaso, observando a la gente vio que había algunas caras de satisfacción, pero muchas de indiferencia. En el ambiente se “palpaba” que no había impactado. La expresión de la gente estaba muy lejos de mostrar entusiasmo así que fue en busca de la opinión de su profesor que había asistido a su conferencia. El profesor le dijo: “Lo has preparado bien, como siempre, pero no te han comprado. Has empujado a la gente en lugar de hacerles que fueran hacia ti, no se trata de exponer montones de conocimiento que termina por confundir y agobiar…”.

Por ello las Reglas de Oro son:

  1. Toda comunicación en público sea de la naturaleza que sea, debe apoyarse en una gran idea, todos los demás argumentos, estudios y reflexiones deben girar a su alrededor, mantener su esencia… el objetivo es que quien escucha deba llevarla a casa, a su vida como un gran regalo.
  2. Contar las cosas de forma que brillen, que destaquen, que sobresalgan del resto de los mensajes que escuchamos constante y cotidianamente. Para ello no se trata de describir una cosa sino de convertirla en historia.
  3. Utilizar un lenguaje compartido, un lenguaje que conecte. Debemos hacer conectar, encadenar la idea que exponemos con el sentir del auditorio. Si el orador utiliza un lenguaje muy técnico y/o sofisticado está marcando distancias y, además, demuestra que no le importa mucho que se entienda o no…. Es por ello que el público siempre agradece las anécdotas, los ejemplos, las moralejas… el material así se entiende mejor. Y algo muy importante: siendo así la gente siente que el mensaje es para ellos (en exclusiva) y no un “mensaje tipo” válido para todos y en cualquier situación… el mensaje que vale es el que se recibe, no el que se emite.
  4. Utilizar toda la seducción posible para despertar curiosidad, el mensaje debe invitar a la reflexión, el que escucha debe sentir que tiene libertad para pensar, para elegir, para tomar sus propias decisiones. El orador es como un Faro, cuyo mensaje entienden los navegantes y quizá algunos curiosos. Nuestra actitud no es convencerles a toda costa sino mostrar que nosotros estamos convencidos.

Se trata, en definitiva, de tocar a la gente, de llegar a sus corazones.
Por tanto: algo de Filosofía, algo de Literatura, algo de Historia y algo de Arte.
Preparar las cosas con amor.
Acta non verba: Acciones no palabras.

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