Anillo horizontal-vertical de Picos. Un reto de Tito Parra y Julián Morcillo

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Julián Morcillo y Tito Parra en la cumbre del Urriellu
Julián Morcillo y Tito Parra en la cumbre del Urriellu, la última del reto / Foto: Tito Parra
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79 horas 33 minutos, 149 kilómetros y 12.100 metros positivos. Este es el resumen en cifras del reto que han realizado Tito Parra y Julián Morcillo: el anillo horizontal-vertical de Picos. Normalmente esta ruta une los refugios de Picos de Europa, pero ellos le han sumado otro ingrediente para aumentar el nivel: subir las siete cumbres más emblemáticas de la cordillera. Querían hacerlo en non stop, pero la meteorología no se lo permitió.

Tito Parra es bombero. Vive y trabaja en La Palma. El día que hablamos, prácticamente, se acababa de incorporar de las vacaciones, pero era el primero de descanso tras varias jornadas sin parar extinguiendo el incendio que estaba asolando la isla. No sabe estarse quieto, la aventura le susurra locuras al oído de manera permanente y, a las dos o tres carreras de trail en las que se inscribe cada año, suma retos que se desarrollan siempre en el espacio donde más vivo se siente: la montaña. Dice que tanto él como los que le acompañan en estas andanzas no están muy bien de la cabeza, pero a la hora de poner punto y final a esta conversación acabas entendiendo el punto de locura que tienen los más cuerdos.

Tito Parra en el ascenso a la Torre del Friero
Tito Parra en el ascenso a la Torre del Friero / Foto: Tito Parra

-¿Cómo estás? ¿Ya has recuperado?
-Sí. Quiero entrenar porque ya tengo en mente otro proyecto para finales de octubre en La Palma. Me traigo a un amigo con el que compito mucho y hemos empezado a trabajar sobre el papel. No es como lo de Picos, es diferente. Son más kilómetros, pero no implica escalada, esto va a ser correr, correr y correr. Sobre papel son 220 kilómetros de distancia y algo más de 20.000m acumulados, pero la dificultad que entraña es el tiempo que nos hemos marcado. Este reto se lo hemos ofrecido al Cabildo para fomentar el turismo en la isla, ellos nos han preguntado que en qué tiempo se podría hacer y nosotros, en vez de decir que en treinta y cinco horas, para darle un poco de emoción hemos ido de gallitos y hemos dicho que treinta horas, lo cual implica correr casi a ritmo de competición. Como este año las carreras se fueron al traste, hemos decidido que hay que marcarse retos. No sabemos hacerlo de manera fácil, pero nos gusta porque nos va la marcha.

Tito Parra preparando todo el material para la escalada al Picu Urriellu, en el interior del refugio de Urriellu
Preparando todo el material para la escalada al Picu Urriellu, en el interior del refugio de Urriellu / Foto: Tito Parra

-Pues para “fácil” el anillo horizontal-vertical de Picos ¿no?
-Íbamos súper bien, muy fuertes y motivados. Habíamos entrenado un montón, pero al final la méteo es la que nos ha partido el hacerlo cumpliendo el objetivo que era conseguirlo en non stop. Como dice mi compañero Julián, que es meteorólogo, esto no se puede contratar así que tuvimos que parar en Áliva por nuestra seguridad. El año pasado yo había hecho el anillo, pero esta vez era diferente porque queríamos juntar los refugios de Picos y subir las cimas, con lo cual cambia todo. Hablé con algunos amigos que son guías y el mérito que tiene esto, más allá de lo romántico, es el intentar unirlo con las siete cumbres más emblemáticas de Picos. Esta planificación es muy complicada porque a nada que no conozcas una subida, una bajada o incluso cómo llegar a la cumbre de un pico, empiezas a perder mucho tiempo buscando el camino. A esto tienes que sumarle que estás en Picos de Europa, una zona bastante salvaje.

-Además, no solo tuvisteis niebla sino también mucho calor.
-Estuvo despejado hasta que llegamos a Áliva. Nos atizó mucho el calor, yo venía aclimatado de La Palma, pero Julián lo sufrió bastante más. Esto también te hace consumir más agua y este año las fuentes de Picos, en general, están bastante secas. Se suma que íbamos sin asistencia salvo en un refugio, con lo cual se hizo más difícil. Al final hicimos la ruta, pero se nos fue un poco de las manos en cuanto a la planificación de horas que teníamos previstas. Contando lo bien que íbamos a nivel físico, se podía haber hecho perfectamente en menos de sesenta horas, pero tuvimos que parar y hacer una noche en Áliva, porque subir a la Morra de Lechugales en aquellas condiciones hubiera sido un riesgo innecesario. Cuando nos tocó subir al Urriellu ya íbamos arrastrando una pérdida de horas importante y también tuvimos que parar y descansar una noche para poder afrontarlo de día. Ahí ya nos dio igual todo y si nos llevaba más tiempo, pues no pasaba nada porque lo que queríamos era poder terminarlo. Si llegamos a pillar cinco días buenos seguidos lo podríamos haber conseguido, pero orbayando y con la niebla metida es complicado. Máxime cuando vas “a vista” como nosotros. Esto le da un punto mayor de aventura, pero te hace perder más tiempo.

“Julián Morcillo y yo hablamos de hacerlo subiendo el pico más emblemático de cada uno de los tres macizos de Picos. Pero como nos parecía poco dijimos que, en vez de hacer tres picos, íbamos a hacer siete. Para que te hagas idea de que estás hablando con gente que está muy mal de la cabeza”

-¿En qué momento se le ocurre a uno la idea de hacer el anillo de los Picos de Europa, encadenar las cumbres y hacerlo en non stop?
-El anillo es una iniciativa que surgió hace unos años de la gente de los refugios para que se fuese a Picos de Europa. Para mí Picos es como mi segunda casa, es una zona que me encanta. El año pasado lo hice con este amigo que va a hacer conmigo el reto de La Palma y lo conseguimos en un par de días. Lo podíamos haber hecho en non stop, pero yo tenía el Ultra Trail del Mont Blanc muy cerca y decidimos hacerlo en dos etapas, una de doce horas y otra de nueve para que me sirviese de entrenamiento. Este año, como se han cancelado todas las carreras, la idea era buscarse un reto. Julián Morcillo y yo hablamos de hacerlo subiendo el pico más emblemático de cada uno de los tres macizos de Picos. Pero como nos parecía poco dijimos que, en vez de hacer tres picos, íbamos a hacer siete. Para que te hagas idea de que estás hablando con gente que está muy mal de la cabeza. No hay carreras, somos corredores de largo aliento y Julián está más o menos igual que yo de la azotea y nos van este tipo de retos. Hace unos años hicimos la Bob Graham que es una aventura que se hace en Inglaterra y el recorrido también es un anillo de 105 kilómetros con dieciséis mil y pico metros acumulados, creo que se suben 42 cimas y hay que hacerlo en menos de 24 horas. No había datos de ningún español que lo hubiese hecho y nos juntamos Julián Morcillo, Pablo Criado y yo para afrontarlo. Son retos que nos vamos marcando.

Tito Parra y Julián Morcillo abrazándose en el refugio del Urriellu nada más finalizar el reto
Tito y Julián abrazándose en el refugio del Urriellu nada más finalizar el reto / Foto: Tito Parra

-¿Ha sido mejor o peor de lo que esperabas?
-Ha sido espectacular. Disfrutamos mucho trabajando sobre el papel en casa, estudiándolo todo, pero llevar eso a la realidad es lo que mola. Ha sido una experiencia muy bonita, de la que hemos aprendido mucho porque en estos retos siempre lo haces. Es verdad que ha habido momentos muy jodidos, pero de ahí también sacas cosas y como vivencia ha sido muy positiva. Yo me quedo con que al final la realidad siempre supera al trabajo sobre el papel. Lo mejor es ir sobre la marcha en el sentido de no contar con ciertas cosas y por encima de todo aprender a adaptarte sobre el terreno. Vas con ideas, has estudiado el recorrido, procuras descargarte los tracks, vas con tu GPS, pero en Picos de Europa estas cosas te sirven un poco de orientación. Es tan escarpado que la señal rebota y no siempre son del todo fiables y eso, en esta zona, es vital porque marca la diferencia entre ir por la senda correcta o meterte en un abismo. Aprender a no fiarte de la tecnología al 100% es una experiencia.

-¿De qué te fías en esos momentos?
-Me fío mucho más del instinto. El sentido común es el que te va marcando muchas veces el camino. Por supuesto que el GPS está muy bien para llevar la línea más o menos correcta, pero no te puedes fiar totalmente de la tecnología.

Tito Parra escalando las tapias finales de Peña Santa, la segunda cumbre del reto
Tito escalando las tapias finales de Peña Santa, la segunda cumbre del reto / Foto: Tito Parra

-La ruta fueron 79 horas y 33 minutos. ¿Qué se dice uno a si mismo durante tanto tiempo?
-Son muchas horas, pero yo, no sé por qué, cuando me meto en una aventura de estas características voy más preocupado del compañero que de mí. Esto me mantiene en una alerta continua. Sé que no todos tenemos el mismo reloj biológico con lo cual voy muy pendiente de cómo va el otro porque esto es un trabajo de equipo, sabes que son muchas horas y la fatiga tarde o temprano llega. Si entreno solo, sí que hablo mucho conmigo mismo, pero si es algún reto en equipo me centro en los compañeros que es lo más importante. Tú puedes estar muy fuerte y el que te acompaña puede que no tanto y si impones un ritmo muy exigente le estás castigando, con lo cual vas a terminar mal porque el ritmo lo tiene que marcar siempre el que vaya un poco más flojo. Y esto sabiendo que a lo mejor dentro de diez horas yo tengo un bajón y el compañero ha recuperado y me tiene que esperar a mí. Hay que tener en cuenta que un reto de estas características no solo es correr sino también manejar cuerdas, escalar y todo esto conlleva una atención extra, una concentración continua que fatiga más. Es un trabajo en el que hay que estar pendiente de que nadie cometa ningún error porque se acabaría todo. Tienes que ir muy mentalizado, cubriendo kilómetros, pasando las horas y marcando objetivos. Es como en las carreras largas que te vas poniendo metas y en tu cabeza vas fraccionando. Yo voy tan metido en eso que no pienso en otra cosa.

“Son muchas horas, pero cuando me meto en una aventura de estas características voy más preocupado del compañero que de mí. Esto me mantiene en una alerta continua”

-Con los compañeros con los que vives estas aventuras, ¿te irías al fin del mundo?
-Sí, pero para las vacaciones los dejaría en casa. Es muy importante saber con quién afrontas este tipo de retos. Nosotros tenemos la suerte de que nos llevamos súper bien, tenemos muy claro cuáles son los objetivos y estamos todos en la misma línea, pero es cierto que hay muchos equipos que con este tipo de retos o en competición, han terminado rompiendo hasta la amistad. Nosotros en esta ocasión hubo un par de momentos que nos dimos cuenta de que peligraba nuestra integridad física si seguíamos, sabíamos que íbamos a perder el reto en non stop, pero teníamos claro que no íbamos a poner en riesgo nuestra vida porque esto no deja de ser algo que hacemos porque nos gusta. Te fastidia, pero tienes que parar. No siempre tienes que ganar. Convives un montón de horas y acabas conociéndote muy bien pero siempre hay momentos en los que estás al límite y tienes que tener mucho tacto en cómo dices las cosas, porque en los momentos delicados de cansancio, fatiga, hambre o sed florece el carácter, te sale el gen egoísta y eso es muy malo. Nosotros ahí nunca hemos tenido ningún problema ni creo que lo vayamos a tener. Tienes que darle prioridad a los demás y tener muy claro que esto es un trabajo en conjunto y que manda el más débil. Estas son las cosas que vas aprendiendo en este tipo de aventuras.

Desayunando en el Tito Parra y Julián Morcillo desayunando en el Refugio del Urriellu antes de partir a escalar el Urriellu
Desayunando en el Refugio del Urriellu antes de partir a escalar el Urriellu / Foto: Tito Parra

-El todo por el todo a cualquier precio ¿no vale?
-Prácticamente nos hemos criado en la montaña. Venimos de la escalada, de deportes de montaña, son muchos años de experiencia y sabemos lo que es, conocemos el medio. No vale todo, tienes que tener muy claro que la vida está por encima de cualquier cosa y si no puedes, pues no pasa nada. Si hay que volver el año que viene, se vuelve, y si se tiene que hacer en diez horas más, se hace. No puedes poner en riesgo tu vida por algo que haces por gusto.

-¿Qué has encontrado en las cumbres?
-Es una sensación de libertad indescriptible. Todas son distintas, pero en este caso, hemos encontrado mucha paz. Cada vez que llegamos a una nos dábamos un abrazo y nos quedábamos un rato contemplando el sitio, porque cada una fue a una hora, con una luz diferente y vistas espectaculares. Me quedo con la paz y la felicidad que encuentras ahí arriba. Es imposible encontrar eso en cualquier otro sitio.

“No vale todo, tienes que tener muy claro que la vida está por encima de cualquier cosa y si no puedes, pues no pasa nada”

-¿Esta aventura es una conquista o es algo más?
-Yo diría que es más. Son experiencias que te aportan mucho en la vida, por ejemplo la amistad que fraguas con tu compañero y que hace que sea como un hermano. Se gana mucho más allá de que hagas o no el reto. Sí, es más que una conquista y a mí me aporta mucho, me quedo con ganas de hacer más.

-¿Has encontrado una parte de ti mismo que de otra manera no podrías haber encontrado?
-Siempre. Desde niño me ha gustado la montaña, en ella he practicado y sigo haciéndolo con un montón de deportes. La he vivido desde siempre y es donde realmente me siento a gusto. La vida me ha ido llevando por un camino muy variado, he tenido muchos trabajos, pero siempre tuve muy claro que lo más importante es tener tiempo libre para poder disfrutarlo en la naturaleza. Ahora, después de unos cuantos años, siento que he conseguido lo que buscaba. Teniendo tiempo libre puedo disfrutar de lo que más me gusta que es el deporte de montaña corriendo, escalando, esquiando… Esto para mí es más importante que tener dinero u otras cosas.

“La vida me ha ido llevando por un camino muy variado, he tenido muchos trabajos, pero siempre tuve muy claro que lo más importante es tener tiempo libre para poder disfrutarlo en la naturaleza. Ahora, después de unos cuantos años, siento que he conseguido lo que buscaba”

-¿Eres feliz?
-Súper, ahora más que nunca. Valoro mucho lo que tengo porque estoy en el trabajo que me gusta y que me da tiempo libre para poder hacer deporte, que ahora mismo es mi vida. Desde el año pasado estoy con María, mi pareja, que trabaja en el refugio del Urriellu. Estoy súper enamorado, viviendo una experiencia muy bonita y encima acompañado con lo cual, más no se puede pedir. Ella es más o menos del mismo palo que yo, corre un poco menos, pero todo se andará. Para mí es importante que, si vas a vivir en pareja, tener la misma línea, no digo que se tome la vida como yo porque esto es de locos y este deporte requiere muchas horas de entrenamiento, pero sí que tiene que entenderlo un poco y comprenderlo. Y si aún encima lo disfrutas y lo puedes compartir…

-¿Qué es lo que te hace volver a las montañas, a los retos, a las cumbres?
-Yo creo que ya está metido en la sangre. Vivo en El Paso que es un pueblecito rodeado de monte, voy a comprar y estoy todo el rato mirando el pico que hay cerca. Lo he subido cuarenta veces, pero no puedo dejar de hacerlo. Eso ya lo tengo en los genes. Si te gusta la naturaleza, el deporte y vives en un sitio donde puedes disfrutarlo ¿qué más puedes necesitar? No sé otras personas, pero a mí me pasa esto. Lo necesito cada día. Llevo ya algunos años compitiendo, pero es porque me hace mantenerme en forma. Busco un par de carreras al año que me obligan a trabajar día a día y que son como un examen, pero lo que realmente me gusta es estar en el monte. Todo lo demás me da igual. También te digo que si me apunto a una carrera quiero ganarla, ahí sí me sale la vena competitiva. Me satisfacen mucho más este tipo de retos que una carrera en sí.

Tito Parra y Julián Morcillo en la cumbre Torre del Friero, la tercera del reto
Cumbre Torre del Friero, la tercera del reto / Foto: Tito Parra

-¿Qué encuentras?
-Compartir una experiencia con un amigo o con varios compañeros es mucho más gratificante que ganar una carrera. Comentábamos Julián y yo que a pesar de no haber conseguido el reto en el tiempo que queríamos, la experiencia ha sido de las más bestias que hemos tenido los dos, ha sido brutal. La satisfacción es tremenda y no solamente la nuestra sino por ver cómo se han implicado muchas personas, el trabajo que hay detrás, la parte de María que ha aguantado los entrenamientos… Todo esto me aporta mucho porque es algo que he compartido y que no he vivido solo.

-¿El reto es con la ruta, con la montaña, contigo mismo…?
-Es todo porque se desarrolla donde yo he elegido y ese sitio es la montaña. Esto es lo bueno. ¿Qué más puedo pedir? En estas aventuras eres tú quien trabaja, quien escoge el recorrido, la gente con la que vas… También adquieres más conocimiento porque una carrera es un recorrido que te han balizado, solo tienes que limitarte a correr y encima no te puedes parar a contemplar. Aquí decides tú y esto es lo más gratificante.

“Tienes que darle prioridad a los demás y tener muy claro que esto es un trabajo en conjunto y que manda el más débil”

-Al final ¿te quedas con el camino, con la meta o con ambas cosas?
-Me quedo con el camino. La meta es la guinda, pero detrás hay muchas horas de esfuerzo, días de trabajo que estás cansado y no irías a entrenar, pero vas igual; experiencias en las que tratas de compenetrarte con tu pareja. Al final, no es algo solo tuyo porque los demás también están apostando por ello. Esto es en lo que tienes que pensar, porque nunca eres tú solo frente a las cosas. Todo forma parte del camino y siempre le digo a la gente que, si la meta la consigues, genial, pero sino, también está todo bien.

-¿La cumbre es el final de algo o el inicio?
-Siempre es el inicio. Esto no se va a acabar nunca, siempre vendrán retos nuevos. De hecho, tenemos ahí cosas pendientes que en el pasado no pudimos terminar por diversas circunstancias, pero la cabeza está siempre maquinando. Además, cada vez vas abriendo un poco más y planteándote cosas más difíciles en todos los aspectos, es como ir buscando el límite. Cuando empecé en el mundillo de las carreras, la primera que hice, que fue una media maratón, al acabar dije que no repetía. Al final, con los años hemos ido ganando un poco de experiencia y afrontamos carreras más largas. Con los retos pasa igual, vas haciendo y te das cuenta de que cada vez puedes aumentar un poco más el nivel, hasta que te das cuenta de que lo que estás haciendo es una barbaridad. Estamos hablando de unas cifras de kilómetros y unos desniveles que son brutales, lo que pasa es que ya es como si no nos diésemos cuenta. Siempre hay que buscar algo más difícil por eso te digo que no sé si estamos en nuestro punto de cordura. Muchas veces lo dudo, pero como la gente con la que me muevo van al mismo palo, pienso que es normal. El reto que tengo en octubre son 220 kilómetros con veinte mil y pico de desnivel y lo queremos hacer en menos de treinta horas. No son cosas fáciles, pero vamos a por él. Nos tocará castigarnos de lo lindo y ver si se cumple. No sé dónde acabará esto, a lo mejor dentro de diez años o el año que viene cuelgo las zapatillas.

Tito Parra señala la pared de Peña Santa. Están de camino desde el Refugio de Vegarredonda hacia la pared que van a escalar
Tito señala la pared de Peña Santa. Están de camino desde el Refugio de Vegarredonda hacia la pared que van a escalar / Foto: Tito Parra

“¡La vida en sí ya es una aventura! Si solo la dejas pasar no tiene ningún sentido”

-Permíteme que lo dude…
-Te voy a contar una anécdota: he corrido el Mont Blanc tres veces. El primer año dije que no volvía. En el avión iba con los pies hinchados, en chanclas, los tobillos no se nos veían porque tenían la misma anchura que los gemelos, las uñas caídas… La gente nos miraba como diciendo “de dónde vendrán estos”. Volví dos años más. Es cierto que dices no vuelvo, pero a los dos días te olvidas y ya estás pensando en el siguiente reto o en la siguiente carrera. No sé, es digno de estudio porque además siempre va a ser peor que lo anterior…

-¿Merece la pena una vida sin retos o sin aventuras?
-No, para nada. A todo hay que ponerle pasión si no ¿qué sentido tiene? ¡La vida en sí ya es una aventura! Si solo la dejas pasar no tiene ningún sentido.

“Para mí lo salvaje no es la montaña, lo es una ciudad (…). Llego al monte, a la naturaleza y ahí es donde estoy tranquilo. Es mi espacio”

Tito Parra preparando la mochila para partir hacia la pared del Urriellu
Preparando la mochila para partir hacia la pared del Urriellu / Foto: Tito Parra

-¿Te sientes más vivo en la montaña que en tu vida cotidiana?
-Sí, siempre. Mucho más. Es que en la montaña me siento yo mismo, soy YO. También me gusta entrenar solo, paso muchas horas en la montaña precisamente por eso, porque no pienso en nada, dejo la mente en blanco y contemplo. Otras veces me siento y pienso, medito. Soy muy de entrenar, llegar a una cumbre, pararme, sentarme y observar. Y mira que son horas a diario, pero son mis momentos, en los que estoy a gusto conmigo mismo, en los que consigo un equilibrio perfecto y ahí encuentro muchas respuestas para luego aplicar en mi día a día, en la civilización y en la sociedad en la que vivimos. Para mí lo salvaje no es la montaña, lo es una ciudad. He trabajado muchos años en Madrid, en brigadas aerotransportadas, vivía en la Sierra que es donde me crie, pero trabajaba en el centro y cada vez que iba para mí era la jungla. Llego al monte, a la naturaleza y ahí es donde estoy tranquilo. Es mi espacio.

Los sueños ¿te cambian la vida?
-En mi caso sí. Hay que tener sueños y objetivos e intentar llevarlos a cabo. Los que he cumplido me han cambiado totalmente la vida. Siempre soñé con ser bombero, mi madre me decía que era muy peligroso, pero yo tenía muy claro que no, que eso era lo que quería. Nunca dejé de pensar en ello, siempre lo tuve ahí y al final lo conseguí y me ha cambiado la vida totalmente. Antes pensaba en que ojalá pudiese ir al Everest porque me apasionan las montañas altas, las paredes, y ahora sé que algún día terminaré haciéndolo. Mi vida me permite soñar y saber que muchos de esos sueños se van a poder cumplir. Ahora me está tirando mucho volver a mis raíces, a la escalada. Tengo ganas de escalar montañas y ahora mismo tengo un estado de forma que me abre un abanico de posibilidades porque me encuentro súper bien.


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Foto: Tito Parra

Resumen de la aventura

En un inicio el reto pretendía ser non-stop, pero tuvieron mala suerte con la meteorología y tomaron la decisión de hacer dos paradas obligadas de pocas horas para no correr riesgos innecesarios. No obstante, éstas dos paradas fueron marcadas siempre por las horas en las que debían afrontar zonas totalmente desconocidas para ellos. Dadas las horas, la mala meteorología y lo técnico del recorrido, fue la decisión correcta.
Otro dato sobre el reto es que el reloj se puso en marcha en el refugio de Urriellu a las 5:00 am, pero previamente la carrera la comenzaban en el collado de Pandébano sobre las 3:30 horas. Con lo cual esta subida la acometieron dos veces en el reto.
El sentido de la marcha del anillo con cumbres fue siempre anti horario, comenzando en el siguiente orden:

1º Refugio de Urriellu: 5:00 am.
1ª cumbre: Torrecerredo (2650 m). Llegada a la cumbre sobre las 6:45 am tras 1:45 horas de recorrido.
2º Refugio de Cabrones: 7:50 am.
3º Refugio Vega de Ario: 11:45 am.
4º Refugio Vegaredonda: 14:30 pm.
2ª Cumbre: Peña Santa (2596 m). Llegada a la cumbre a las 18:50 pm. Llevan 13:50 horas aproximadamente de recorrido.
5º Refugio Vegabaño: 23:05 pm (Refugio cerrado así que no pueden comer).
3ª Cumbre: Torre del Friero (2440 m). Llegada a la cumbre a las 8:28 am tras unas 28:28 horas aproximadamente de recorrido.
6º Refugio Collado Jermoso: 10:45 am. Paran a comer y a descansar 30 minutos.
4ª Cumbre: Torre del Llambrión (2647 m). 14:00 pm. Han transcurrido aproximadamente 34 horas del reto.
7º Refugio Cabaña Verónica. No tienen cobertura y no pudieron mandar el paso horario.
5ª Cumbre: Peña Vieja (2613 m). 16:33 pm. Llevan unas 36:30 horas aproximadamente de ruta. Hasta aquí la méteo es buena, incluso con bastante calor, pero a partir de aquí la temperatura cae en picado unos 20 grados, se mete la niebla y el cambio radical les trastoca todos los planes.
Paran en el hotel de Áliva para comer algo y deciden descansar hasta las 9:00 am para coger con luz el resto del recorrido.
6ª Cumbre: Morra de Lechugales (2441 m). 11:45 am. 56:15 horas aproximadamente de recorrido.
8º Refugio: Casetón de Ándara. Paso a las 13:20 pm.
9º Refugio La Terenosa. No tienen registro de paso.
10º Llegada de nuevo al refugio de Urriellu a las 16:20 pm tras unas 62 horas aproximadamente de recorrido. Aquí, una parada para comer y preparar todo el material de escalada para afrontar el último hito del anillo especial. Dadas las horas que son y teniendo en cuenta el tiempo que les llevará comer algo, preparar todo el material y la aproximación al pie de vía para escalar, son conscientes de que andar por terreno vertical con la fatiga que ya tienen no les conviene, por lo que deciden descansar y salir por la mañana temprano. A las 6:50 am toman rumbo a la pared.
7ª Cumbre y última: Picu Urriellu (2518 m). Cumbre a las 9:58 am.
Ya solo queda regresar al refugio de Urriellu donde paran el crono con un total de 79:33 horas.

El reto inicial eran 130 kilómetros y 13.500m+ aproximadamente, pero era sobre el papel.
Al final el total fueron: 150 kilómetros y 12.500m+/12.500-

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