Juan Carlos Illera, biólogo e investigador. “Tenemos a muchas especies de aves en un nivel de conservación bastante mejorable”

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Juan Carlos Illera tomando muestras de una de las aves capturadas
Juan Carlos tomando muestras de una de las aves capturadas / Foto: Juan Carlos Illera
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Muchas de las aves que observamos en nuestros cielos corren el riesgo de desaparecer debido a la acción humana. Para poder protegerlas es fundamental estudiarlas y conocerlas. Juan Carlos Illera, profesor en la Universidad de Oviedo, ha participado en un macroestudio europeo que ha obtenido la mayor base de datos genéticos obtenidos hasta la fecha. La investigación aborda la colonización, diversificación y extinción de aves insulares en el mundo.

Illera imparte clases en materias como evaluación ambiental, ecología y climatología o gestión de especies amenazadas. Enamorado confeso de las aves, es un gran conocedor de la Macaronesia (una región compuesta por los archipiélagos de Azores, Madeira, Salvajes, Canarias y Cabo Verde), ámbito geográfico en el que ha desarrollado la mayor parte de sus estudios.

-¿A qué problemas se enfrentan las aves en España?
-Los factores son los mismos en todas partes, todos antrópicos, es decir originados o modificados por la actividad humana, que determinan el descenso de poblaciones y la extinción de especies. Están reflejados con el aforismo de “los cuatro jinetes del apocalipsis”. El primero, la alteración y destrucción de hábitats a nivel mundial y en nuestro país. El segundo, la introducción de especies que, aunque es verdad que esto ha ocurrido siempre, la realidad es que con la globalización los humanos hemos facilitado el trasiego de especies de unos lugares a otros. El tercer factor es la sobrepesca o sobrecaza que en ocasiones ha llevado a la extinción de muchas especies. El cuarto sería la extinción de taxones que son clave en el ecosistema. A veces una especie controla a depredadores y a competidores y permite que otro elenco de especies puedan coexistir. Si nosotros quitamos a esta especie clave y los más ventajosos dominan el ecosistema, se reduce el número de especies de manera significativa.

«Los factores que determinan el descenso de poblaciones y la extinción de especies son los mismos en todas partes, son todos factores antrópicos»

-¿Cómo puede una especie introducida alterar un ecosistema?
-En muchas ocasiones estas especies que llegan son generalistas y compiten de manera ventajosa con las nativas que han evolucionado sin esta competencia feroz. Esto ha afectado a sus poblaciones llevándolas en muchas ocasiones al borde de la extinción o a la extinción. Y esto puede ser tanto por competencia directa o indirecta como por la introducción de depredadores y parásitos.

En las islas de Hawái pasó con la malaria que afecta a las aves, un parásito del mismo género, pero distinto al que infecta a las personas. Cuando por determinadas circunstancias llega a las islas causa una mortalidad tremenda y una disminución en la mayor parte de las especies nativas. Hasta diez especies se extinguieron a causa de la llegada de la malaria aviar con sus correspondientes vectores que antes tampoco existían, en este caso un mosquito, que es el vector que transmite el protozoo que causa la enfermedad.
Además, como este parásito vive bajo determinadas condiciones climáticas, básicamente en zonas bajas con alta temperatura, la siguiente consecuencia de la llegada de este parásito es que obligó a las poblaciones de aves supervivientes a tener que desplazarse a cotas más elevadas de la isla de Hawái para poder sobrevivir.

Atardecer en Hawai
Atardecer en Hawai

-¿La acción climática sería otro factor a tener en cuenta?
-Se puede interpretar dentro de los aforismos anteriores porque no deja de ser que al final estamos destruyendo hábitats a través del cambio climático. Se puede ver de este modo, y si no, sería otro jinete.

-Dado que no se percibe un cambio a nivel global ¿qué futuro les espera a nuestras aves?
-Es una buena pregunta. Dentro de lo que me toca siempre intento hacer una labor de divulgación para concienciar a la gente de la necesidad de controlar de alguna manera estas acciones antrópicas y no ser egoístas. No podemos pensar que somos los únicos en el planeta, lo compartimos con otras especies a las que debemos respetar. No solo nos lo debemos a nosotros mismos también a las generaciones venideras, para que nuestros hijos y nietos puedan disfrutar de estas especies que ahora tenemos en el planeta.

Hay muchas sociedades que trabajan en este campo, como la Sociedad Española de Ornitología que intenta parar la degradación de hábitats y extinción de especies. En algunos casos se consigue y en otros no es tan sencillo y llegamos tarde.
A nivel particular me gusta ser optimista, aunque sé que es una situación bastante compleja y puedo garantizar que mucha gente no es capaz de asimilar y visualizar el problema. En estos casos nos queda la legislación para que se cumpla, el problema es que no somos capaces de desarrollarla ni hacerla cumplir.

Urogallo
El urogallo es una de las especies en peligro crítico

-¿Qué aves de los cielos de España corren peligro de desaparecer?
-En España tenemos un catálogo de especies amenazadas, que se determinan en función de su estado de conservación. Hay diferentes categorías, la más gravosa es Especie en peligro crítico y aquí se encuentra, por ejemplo, el urogallo cantábrico, del que quedan muy pocos individuos. Luego tenemos en peligro de extinción y seguido las vulnerables, después tenemos otras categorías más laxas.

Por desgracia tenemos un buen número de aves en cada una de estas categorías. Por poner algún ejemplo, en peligro de extinción tenemos a rapaces como el alimoche y el quebrantahuesos. Vulnerables tenemos a especies como la tarabilla canaria o el pinzón azul de Tenerife, que ahora mismo no están abocadas a desaparecer pero que si no se hace algo podría pasar a una categoría más delicada. Tenemos a muchas especies en un nivel de conservación bastante mejorable.

-¿La situación de la avifauna puede ser indicativa de cómo se encuentran otras especies?
-Sí, algunas más porque representan a muchas otras y otras no tanto, pero sí nos pueden dar la señal de alarma de algo que está pasando en el ecosistema. Es lo que llamamos ‘especies paraguas o especies sombrilla’.

“No podemos pensar que somos los únicos en el planeta, lo compartimos con otras especies a las que debemos respetar”

-Imagino que habrá una gran dificultad a la hora de tomar medidas.
-¡Qué va!, se pueden tomar muchísimas, pero la cuestión es que haya voluntad para hacerlo. Tenemos una legislación bastante restringida, la cuestión es que se cumpla.
En las prácticas de evaluación ambiental que imparto en la Universidad muestro a mis alumnos las estrategias que siguen las empresas privadas cuando quieren sacar adelante un proyecto y que en muchas ocasiones tienen la complicidad de las administraciones públicas. No hay que irse a la selva amazónica para denunciar problemas de conservación y malas praxis en la gestión del medio natural, en Europa tenemos muchos casos y los tenemos muy cerca.

-Póngame un ejemplo.
-Hasta hace poco tiempo era una práctica habitual el trocear los proyectos desarrollísticos para hacerlos más compatibles con la legislación, esto ahora está más controlado. Un caso muy sangrante fue el que sucedió en la Comunidad de Madrid con la duplicación de una carretera regional que atravesaba una Zona de Especial Protección para las Aves, y por tanto exigía un estudio de impacto ambiental. Cuando se hizo este estudio el resultado fue desfavorable, y ¿qué hicieron las empresas con el beneplácito de la Administración? Si la vía era de cincuenta kilómetros trocearon el proyecto en otros tramos más pequeños con lo cual el impacto de cada uno era menor y así la fueron haciendo.

Hay estudios de impacto ambiental desfavorables que no se tienen en cuenta o simplemente con ciertas medidas correctoras o compensatorias el proyecto sale adelante. Asociaciones como la SEO o colectivos ecologistas son los que consiguen parar algunas iniciativas que son urbanísticamente desastrosas. Dan la voz de alarma y si aparece en los medios de comunicación generan una cierta alarma, entonces los políticos se echan a temblar y así se paran algunos proyectos, pero solo algunos. Se pierden muchas otras batallas.

“Asociaciones como la SEO o colectivos ecologistas son los que consiguen parar algunas iniciativas que son urbanísticamente desastrosas, (…) pero se pierden muchas batallas”

-¿Cómo está Asturias respecto a nivel de conservación?
-No difiere mucho de lo que ocurre en el resto de España. Aunque tengamos una red de espacios protegidos hay situaciones que a uno les sorprenden, como por ejemplo, la autorización para hacer carreras de montaña por espacios naturales protegidos. Y además en lugares con niveles de protección altísimos, pero como hay presiones sociales los políticos miran para otro lado.

-A pesar de que el grupo de los pájaros siempre estuvo denostado con expresiones como “cabeza de chorlito”, “estar a pájaros”, etc., en los últimos años se ha observado un mayor grado de inteligencia en muchos de ellos.
-En esto hay variación, hay determinados grupos que han avanzado más en el desarrollo cognitivo y responden mejor ante situaciones novedosas. Por ejemplo, el grupo de los córvidos es un grupo muy listo, son capaces de responder ante cosas nuevas de formas adecuadas.
Algunos grupos han desarrollado la capacidad de usar herramientas para conseguir alimento, otros aprenden mucho de la experiencia previa y de la capacidad de socialización que tienen muchas especies de aves.

Herrerillo común
Herrerillo común

-A menudo se habla del papel fundamental que juegan las abejas en la cadena trófica, pero ¿qué parte interpretan las aves?
-Es fundamental para nuestro propio beneficio. Desde el consumo de miles de millones de insectos que para nosotros son plaga o son molestos, hasta la dispersión de frutos de especies muy diversas, la polinización de plantas o simplemente el propio disfrute de ir al campo y ver aves que te proporciona un componente más espiritual, un halo de tranquilidad, de esperanza, de sentirte bien contigo mismo. Todas estas características son las que nos proporcionan las aves y muchas otras especies animales. Y es lo que desde distintas sociedades y colectivos intentamos transmitir a la sociedad para que desde las fases tempranas de la educación se adquiera un poso de compresión de la necesidad de protección de otras especies.

-Quien es pajarero lo es de por vida. ¿Cómo se aprende a amar a las aves?
-Esto es una respuesta muy personal pero la única manera es salir al campo y darte cuenta de su presencia o que alguien te conduzca hacia los beneficios que te da solo el visualizarlas.
Yo disfruto muchísimo con ellas. Por motivos profesionales muchas veces tengo que capturarlas para coger muestras de sangre, que luego analizo en el laboratorio y anillarlas, pero luego las suelto. Sin embargo, cuando más disfruto viéndolas es en el campo, observando cómo se alimentan, cantan, se pelean o cómo se comportan con otras especies. Tenemos la posibilidad de ver buenos documentales de naturaleza, pero la única forma es haber experimentado algo parecido en el campo, si no es difícil que te hagas una idea de la grandiosidad de lo que refleja ese documental.

Tarabilla Canaria
Tarabilla canaria, ave protagonista de la tesis de Juan Carlos Illera / Foto: Juan Carlos Illera

-En un momento de su vida declaró su “tarabilla-dependencia”. ¿Qué pasó?
-El primer ciclo de la carrera lo hice primero en Madrid y el segundo en Canarias. Allí los profesores, al final de la clase, te hablaban de los vertebrados endémicos que había en las islas, era un mundo fascinante. Hoy en día hay seis especies de aves endémicas, pero antes solo conocíamos cuatro, una de ellas la tarabilla canaria. Años después de terminar la carrera, me financié mi propia tesis sobre la tarabilla canaria, un pájaro exclusivo entonces de la isla de Fuerteventura. Me costó porque no tuve beca pero al final lo conseguí y me enamoré del grupo de las tarabillas, el género Saxicola al que pertenecen.

LA CERTEZA DE UNA TEORÍA: la biogeografía de las islas

El biólogo es uno de los componentes del equipo multidisciplinar que ha conseguido demostrar lo que hasta ahora se conocía solo de forma teórica: la biogeografía de islas. Este postulado explica los factores que determinan la riqueza de las especies de comunidades naturales aisladas. El estudio centrado en el mundo de las aves se ha publicado recientemente en la revista “Nature” y ha sido posible gracias a un amplio trabajo de muestreo en más de cuarenta archipiélagos del todo el mundo.

-Han podido demostrar que la teoría de la biogeografía de islas era cierta.
-Sí, esta teoría se postuló en el siglo pasado, a finales de los años 60 de una manera teórica, pero nunca se había demostrado empíricamente en ningún grupo a nivel global y nosotros lo confirmamos. Lo demostramos con el grupo de las aves.

-Explíquenos las conclusiones principales
-Lo que los investigadores americanos postularon a mediados del siglo pasado fue un mecanismo para entender cuántas especies podemos encontrarnos en cada archipiélago, porque esto depende de muchos factores. Lo que plantearon matemáticamente era que, a un mismo tamaño de islas, las que están más cercanas al continente albergan más especies que las que están más lejanas.

Es fácil de entender si uno piensa que tiene saltar un precipicio y hay un vacío. Podrá ser más fácil para cualquier persona si la distancia entre una parte y otra del precipicio es de treinta centímetros, pero si la distancia aumenta la cosa se complica y solo podrán hacerlo personas con mejores aptitudes físicas. Esta analogía se puede traducir en las especies de los medios insulares. Volar es una actividad costosa energéticamente y las aves no pueden hacerlo indefinidamente, necesitan parar y alimentarse. Llegar a islas más lejanas es un evento que solo podrán desarrollar determinadas especies y muchas condicionadas a elementos estocásticos como fuertes vientos, huracanes, etc.

Islas Graciosa y Lanzarote
Imagen de las islas Graciosa y Lanzarote

-¿Influye también el tamaño de las islas?
-Sí, es otro de los factores, las más grandes albergarán más especies. Es fácil de entender si lo miramos en lo que es la población humana, en una isla pequeña como Graciosa hay mucha menos población que, por ejemplo, en La Palma.

Aquí hay otra circunstancia interesante planteada por los americanos, y es el proceso de extinción. Todos los taxones tienen un ciclo de vida, pero lo que se vio es que las especies que están en islas grandes tardarán más tiempo en extinguirse que otras que viven en islas más pequeñas. Esto es debido a que ante eventos catastróficos como pueden ser los huracanes las aves de islas pequeñas tendrán más dificultades para recuperarse, es más fácil que por habitar un número pequeño de estas especies se pierda un número importante de ellas.

“La teoría de la biogeografía de islas se ha utilizado para diseñar reservas y aunque se planteó para medios insulares ha tenido también mucha aplicación en los continentales”

Y lo mismo ocurre con la posición, cuanto más lejos estén las islas del continente, también lo tendrán más difícil para recuperarse de un evento estocástico. Las cercanas son más proclives a recibir inmigrantes de los medios continentales. Colonización y extinción es lo que explica el número de especies que encontramos en los medios insulares, y eso fue lo que pudo demostrarse empíricamente. Los americanos, en el siglo pasado, no tenían ni los datos ni las herramientas analíticas para hacerlo.

-¿Es importante este conocimiento para el establecimiento de zonas de protección especial?
-Sí, además esto en cierta medida también funciona para los medios continentales, por ejemplo en los bosques-isla. Cuando un bosque prístino se utiliza para sacar madera lo que se hace es parchear el bosque, convertirlo en un conjunto de manchas que no están conectadas aparentemente y la teoría de biogeografía de islas también funciona bien en estos casos. Desde un punto de vista de conservación esta teoría se ha utilizado para diseñar reservas y aunque se planteó para medios insulares ha tenido mucha aplicación también en los continentales.

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