La expedición La España Azul recorre la costa asturiana

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Expedición La España Azul en Ribadesella
Expedición La España Azul en Ribadesella / Foto: Smartbox
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Durante un mes La España Azul, la primera expedición a vela con carácter científico que está recorriendo las costas españolas, estará de travesía por el litoral asturiano para analizar nuestro ecosistema marino y hacer un mapeo de los residuos plásticos que acaban en el mar.

Al mando de la expedición se encuentra el aventurero, naturalista y divulgador Nacho Dean, primera persona en la historia en dar la vuelta al mundo caminado (33.000 kilómetros), en solitario y sin asistencia. Fue también el primero en unir a nado los cinco continentes (2.500 kilómetros). La estrella polar que siempre ha guiado sus pasos ha sido y es documentar el cambio climático y el estado de los mares del planeta. Este nuevo proyecto, también pionero, recorrerá 8.000 kilómetros de costa española para realizar un estudio que cuenta con la colaboración de la Universidad de Cádiz y el CSIC. Después se publicará un informe que será el primer mapa sobre el estado de las basuras marinas de nuestras costas.

Nacho Dean, aventurero, naturalista y divulgador
Nacho Dean / Foto: Smartbox

-¿Cómo se te ocurrió embarcarte en esta nueva aventura?
-Me atrajo el compromiso con la sostenibilidad, con la sociedad y con el medio ambiente, algo que ha marcado cada uno de los retos que he hecho en mi vida. El mar es un gran desconocido, me interesó la idea de poder documentar nuestros ecosistemas marinos y ver qué había allí abajo para poner el foco sobre la contaminación marina.
Cuando di la vuelta al mundo caminando, fui documentando el cambio climático a través de cada una de las zonas que recorrí. Cuando uní los cinco continentes a nado, lo hice para lanzar un mensaje sobre la necesidad de conservar nuestros océanos. Ahora nos hemos liado la manta a la cabeza y hemos puesto en marcha La España Azul. Mi pasión es hacer expediciones, es lo que más me gusta en la vida, pero más allá de este sueño personal creo que merece la pena dejar una semilla, trabajar por un mundo mejor. Y en este sentido creo que a los que nos gusta la aventura, el deporte, la naturaleza tenemos la responsabilidad, la obligación moral, de trabajar por algo tan bonito y necesario como es el medio ambiente.

Clasificando la basura recogida
Clasificando la basura recogida / Foto: Nacho Dean

-Vais a estar un mes navegando por la costa asturiana, ¿qué vais a hacer en este tiempo?
-La expedición se apoya en dos pilares fundamentales, una parte científica y otra divulgativa. Por un lado, analizaremos los fondos marinos de la región prestando especial atención a la contaminación de los plásticos; para ello elegimos tres localizaciones en todas las comunidades: la desembocadura de un río, en este caso es El Sella en Ribadesella; una zona prístina como es el caso de la Reserva Parcial de Barayo y una ciudad costera, Gijón. En cada uno de estos sitios y siguiendo los mismos protocolos que en otros lugares tomamos muestras a tres niveles: zona somera, media y profunda. En paralelo hacemos labores de divulgación, organizamos limpiezas y muestreo científico en las playas para determinar lo que hay y luego categorizamos los objetos encontrados, los trasladamos a un estadillo para conocer los que más aparecen e intentar a partir de ahí ir a la raíz del problema. En paralelo damos charlas en colegios, instituciones, nos reunimos con organizaciones locales e investigadores que trabajan en esta línea, concedemos entrevistas… Queremos hacer ciencia ciudadana, que la gente conozca lo que estamos haciendo y porqué.

-Este proyecto posiblemente no sea tan grandioso como otros que has realizado, pero sí tiene un objetivo muy ambicioso…
-Sí, no es tanto el reto deportivo, la hazaña o gesta, tiene objetivos más profundos. Es una expedición muy compleja en lo referente a la logística por el tema de la embarcación, los amarres, el combustible, la tripulación, la meteorología. A ello hay que sumarle el compromiso científico: es una iniciativa pionera, la primera expedición científica que navega a vela por todo el litoral español para explorar, para documentar especialmente las basuras marinas y ver el estado de nuestros ecosistemas. También incorpora la parte de divulgación, educación y concienciación sobre la importancia de cuidar nuestros mares y océanos.
Creemos que la ciencia tiene sentido cuando se comparte. Como ves es un proyecto con muchas patas y hay que atenderlas a todas. Está liderado por una persona, pero hay un grupo detrás que apoya para que todo pueda salir adelante.

“La España Azul es una iniciativa pionera, la primera expedición científica que navega a vela por todo el litoral español para explorar, documentar las basuras marinas y ver el estado de nuestros ecosistemas”

-Estuviste varios años realizando labores de investigación y divulgación en el Cepesma, conoces nuestra costa. ¿Qué tiene de diferente respecto a la zona de Cantabria o País Vasco?
-La costa asturiana, además de tener más kilómetros que las comunidades mencionadas, tiene una plataforma bestial, de hecho, ahí el fondo del mar puede llegar a una profundidad superior a los dos mil metros, y eso no ocurre en ningún otro sitio. De hecho, aquí está uno de los mayores caladeros de calamares gigantes junto con Nueva Zelanda. En el Cepesma de Luarca está la mayor colección de calamares gigantes del mundo. La costa asturiana tiene unos maravillosos acantilados en la zona del occidente que se sigue conservando más salvaje, es menos turística que Cantabria o País Vasco. Espero que siga así durante mucho tiempo. Y luego playas impresionantes como la de Barayo, Frejulfe, toda esa zona hasta llegar a Ribadeo.

-¿Qué no vemos cuando miramos al mar?
-El mar es un gran desconocido. Lo vemos desde la línea de tierra en la que vivimos como esa gran masa de agua azul que nos rodea, pero en realidad es una sopa de vida. Ocupa el 70% de la superficie del planeta. Es el principal emisor de oxígeno a la atmósfera, el que más CO₂ captura; el pulmón del planeta no es el Amazonas como nos puede parecer sino los mares. Además, son una fuente de inspiración, en torno a él está el misterio, lo mitológico, despierta la necesidad de explorar sus maravillas, las profundidades abisales. Como decía Jacques Cousteau es un mundo que te atrapa, te retiene en su red de maravillas para siempre y ese es un proceso que he ido descubriendo poco a poco. Soy de mar, de Málaga, hijo de marino, mi padre ha navegado por todo el mundo y a veces he embarcado con él. La natación fue mi reencuentro con el mar.

“Para realizar el estudio hemos elegido tres localizaciones: la desembocadura del Sella en Ribadesella; la Reserva Parcial de Barayo y una ciudad costera, Gijón”

-Has nadado en aguas abiertas, ahora recorres el mar en velero… ¿nunca has tenido la tentación de adentrarte en sus profundidades?
-Me encanta el buceo, aunque no soy ningún experto. Me parece un auténtico mundo de fantasía. Como a simple vista no vemos lo que ocurre en el fondo es como si no existiera, pero cuando lo ves de cerca es algo apasionante. Dentro de la expedición, en algunos lugares realizamos prospecciones a profundidades -entre 15 y 30 metros- para extraer objetos del fondo del mar, gracias a la colaboración de la Federación de Deportes y Actividades Subacuáticas (FEDAS).

-¿Crees que de no centrar nuestros esfuerzos para proteger los mares nos enfrentaríamos a otra crisis mundial, -sumada a las que ya existen-?
-Estamos sometiendo a los océanos a un gran estrés y sobreexplotación y como estamos íntimamente relacionados con él pues eso tiene un impacto claro para nosotros. Se repite eso de ¡tenemos que salvar el planeta!, como si fuéramos los amos del mundo cuando somos una parte insignificante de la naturaleza. La Tierra seguirá girando con o sin nosotros, lo que tenemos que ver es el modelo económico, social y cultural que queremos adoptar para vivir en equilibrio con el medio ambiente. El modelo actual se basa en el crecimiento ilimitado cuando los recursos son finitos. ¿Cómo encontraremos ese equilibrio entre nuestro estilo de vida, nuestra actividad económica, una población mundial en crecimiento y unos recursos limitados? Esa es la gran crisis y el desafío que afrontamos como especie, aunque bien es cierto que todas las crisis van ligadas. El hombre no está por encima de todo esto, forma parte de la naturaleza que tiene sus propios mecanismos de regulación. Ya veremos cómo nos afectará eso. De momento estamos asistiendo a un calentamiento global, hay migraciones climáticas, desertización en muchos lugares del planeta… todo eso es consecuencia de lo que estamos hablando.

“Asturias, además de tener más kilómetros de costa que Cantabria o País Vasco, tiene una plataforma bestial, superior a los dos mil metros de profundidad, y eso no ocurre en ningún otro sitio”

-¿Cómo es el día a día a bordo de este velero? ¿Qué actividades realizáis?
-Todas las actividades que se realizan al aire libre están condicionadas por la meteorología. Para navegar lo primero que hacemos es consultar el parte meteorológico, ver si entra algún frente, borrasca, olas… si se puede navegar o no. Una vez que partes sabes que entras en otro ritmo, el que te impone el mar, eso hace que sea difícil llegar a tierra por cuestiones de agenda a una hora determinada: no puedes ir más deprisa de lo que las condiciones te permiten.
A veces salimos a las tres o cuatro de la mañana, navegamos hasta la localización, recogemos las muestras y regresamos a puerto. Para realizar esa labor disponemos de un targón que es una barra transversal que sale del mástil y desde ahí realizamos lances con una red manta con la que vamos tomando muestras a nivel superficial y una multisonda portátil con la que analizamos otros parámetros. Las muestras recogidas se pasan por un tamiz a unos frascos que se guardan con una serie de códigos y etiquetas para que técnicos del laboratorio de Basuras Marinas de la Universidad de Cádiz los analicen. Cuando tenemos terminada una comunidad metemos todas las muestras en una caja y se envían a la Universidad.
Mientras realizamos el trabajo a bordo la verdad es que nos lo pasamos bien entre nosotros, somos un equipo donde cada uno desempeña una labor. Lo mismo hacemos guardias, que aguantamos un chaparrón cuando llueve, o el oleaje. La vida en un barco, dejando a un lado la visión romántica que podamos tener, es dura. Un velero como este que se ve muy bonito, también se mueve mucho y es normal que uno se maree. Ahora bien, también recibes muchos regalos como los del otro día cuando estuvimos frente a la Reserva Parcial de Barayo y varios bancos de delfines comunes nos estuvieron acompañando, nadando a nuestro lado, saltando frente a la proa del barco… fue algo maravilloso. Es como si nos recordaran que no estamos solos en esto y nos dieran fuerza y apoyo a nuestra misión.

Expedición La España Azul
Foto: Smartbox

-¿Quiénes formáis parte de la tripulación?
-Es un barco de 15 metros de eslora. A bordo vamos una tripulación de entre cuatro y seis personas para poder hacer las labores cómodamente. Hay entre uno y dos patrones, hay un científico, yo tomo las muestras y hay dos personas más que se encargan de las velas y otras tareas.

-Cuando iniciaste la aventura de dar la vuelta al mundo caminando, lo hiciste sin ningún tipo de apoyo, sin patrocinadores. En esta ocasión, sí los tienes. ¿Qué ha cambiado en este tiempo?
-En cada una de las aventuras en las que me he embarcado he demostrado fiabilidad, seriedad, confianza. Para una marca asociar su imagen a proyectos con valores y una cierta garantía de éxito es algo importante. Llevo muchos años de trabajo en el mundo de la aventura, metiéndome en experiencias muy complejas, que exigían mucho trabajo previo, entrenamiento, planificación y he conseguido sacarlos todos adelante. Empecé solo y ahora cada vez somos más gente en el equipo, hay patrocinios y eso es algo alentador. Smartbox es el patrocinador principal, una iniciativa privada que ha dado un importante paso para apoyar un proyecto de esta envergadura.

“El mar te coloca en tu sitio si es que no lo estabas ya. Te hace humilde. En el mar eres pequeño y te quita de un plumazo cualquier ego u orgullo”

-Toda aventura conlleva una aventura interior, ¿cómo está siendo esta para ti?
-Pues por un lado me ayudó a reencontrarme con el niño que llevo dentro. Cada vez que lanzamos la red manta al mar descubro cosas y ello lo hago desde la mirada de un niño que se deja sorprender, que no se cansa de aprender. Estoy ansioso por recoger esa manta y ver qué lleva dentro: algas, medusas, huevas de peces, plásticos… No llegamos a imaginar la vida, la riqueza que hay en el océano.
Por otro lado, el mar te coloca mucho en tu sitio si es que no lo estabas ya. Te hace humilde. En el mar eres pequeño, te quita de un plumazo cualquier ego u orgullo. En un barco, si las cosas vienen mal dadas, no tienes a dónde marchar, no te puedes tirar por la borda, te has de enfrentar a lo que viene. Te obliga a trabajar en equipo y si no sabes navegar te pones en un ladito, no das guerra y dejas a los que saben que hagan lo que tengan que hacer.
Tengo dos hijas y me gustaría llevármelas en el barco y que el mar formara parte de su educación. Quiero educarlas en el amor y el respeto a la naturaleza porque creo que es una gran maestra que nos da muchas lecciones…

-De la misma manera que te educaron tus padres a ti…
-Sí, la naturaleza, el mar, siempre han formado parte de mi educación. Luego, cuando fui creciendo me fui dando cuenta de que es donde en realidad me siento más feliz. Creo que mi personalidad y forma de ser se deben en gran parte a la educación que me dieron mis padres, bueno eso y a todas mis vivencias personales. De todas las actividades que realizo donde me encuentro más cómodo es navegando, caminando, nadando, subiendo montañas… hago expediciones porque me hacen sentir vivo y cuido el planeta porque me hace estar vivo y todo eso quiero comunicarlo, contagiarlo a jóvenes y mayores.

“De todas las actividades que realizo donde me encuentro más cómodo es navegando, caminando, nadando, subiendo montañas… hago expediciones porque me hacen sentir vivo y cuido el planeta porque me hace estar vivo”

-“Mi miedo más feroz sería ver la vida pasar sin contar conmigo”, has dicho. ¿Cómo te gustaría ser recordado?
-La vida es un regalo que no te hacen dos veces. No concibo pasar por el mundo sin pena ni gloria, sin ser fiel a mí mismo, sin escuchar tus pasiones, tus sueños, sin preocuparte por los demás. ¿Cómo me gustaría que me recordaran? Como un valiente que luchó por lo que creía, una buena persona con valores.

-Quién le iba a decir a aquel chaval que partió hace años con un carrito a recorrer el mundo que hoy iba a estar aquí liderando un proyecto como este y diciendo lo que acabas de decir…
-Ya te digo… El sueño de aquel chico que un día lo dejó todo para dar la vuelta al mundo caminando fue su apuesta vital. Fue un viaje del que no sabía si iba a volver, y no solo regresó si no que se embarcó en otra aventura, luego en otra y ahora estamos aquí con un velero espectacular surcando las costas españolas. Quién sabe qué más cosas vendrán en el futuro…

“Hay que superarse, reinventarse, es la esencia del ser humano: ser explorador de la vida”

-Lo que tiene el soñar a lo grande es que el siguiente sueño parece que tiene que superar al anterior…
-Ese es un compromiso, una responsabilidad que asumes. Hay que superarse, reinventarse, es la esencia del ser humano: ser explorador de la vida. Me gusta probar distintas disciplinas, todo aquello que me suponga un reto. No era nadador, no nací en un barco, todo lo tuve que aprender y eso siempre es un aliciente. También te digo que valoro mucho las cosas del día a día, el calor de los tuyos, lo pequeño. Sueño a lo grande, pero valoro y disfruto el día a día con todo lo que me ofrece.

-¿Ya tiene forma en tu cabeza el próximo reto?
-Pues sí. Me gustaría mucho dar la vuelta al mundo en un barco-escuela de vela. Sería una expedición científica y divulgativa, a la que se invitaría a estudiantes de universidad, gente de empresa que estuviera interesada… bueno, pero esto sería dentro de unos años.

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