El Trasterín de Tonín, un viaje virtual a la Asturias de nuestros abuelos

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Manuel Antonio Álvarez González “Tonín” / Fotos: El Trasterín de Tonín
Manuel Antonio Álvarez González “Tonín” / Fotos: El Trasterín de Tonín
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Tonín y María José llevan años recopilando enseres antiguos, cotidianos en los hogares asturianos de antaño, pero que hoy día están en desuso. Y ahora, con la iniciativa El Trasterín de Tonín, no solo almacenan un valioso legado si no que lo dan a conocer en su canal de YouTube a través de un Museo Etnográfico Virtual.

Manuel Antonio Álvarez González, popularmente conocido como “Tonín” reside en Oviedo, aunque a este allerano natural de Nembra es posible encontrarlo en cualquier mercado que ofrezca alguna antigüedad de interés. Y no necesariamente en territorio asturiano. En realidad, su interés por adquirir todo tipo de útiles, herramientas o dispositivos añejos despertó cuando se casó con María José Sánchez Fernández. “Mi mujer, que es de Cuérigo, ya era aficionada a coleccionar cosas, así que ahora llevamos cuarenta años haciéndolo, tenemos alrededor de unas 1000 piezas”, explica el protagonista de El Trasterín de Tonín, que confiesa que esta iniciativa ya se ha convertido en un “vicio”.

Cada semana, Tonín se sienta frente a la cámara para explicar y mostrarnos objetos tan variados como interesantes. Lo mismo cuenta cómo fueron evolucionando los teléfonos hasta llegar a los primeros móviles, que cómo funciona un gramófono de trompeta o se hila en rueca.

https://fusionasturias.com/otras-secciones/iniciativas/el-trasterin-de-tonin-un-viaje-virtual-a-la-asturias-de-nuestros-abuelos.htm El Trasterín de Tonín, un viaje virtual a la Asturias de nuestros abuelosAmbos recuerdan de su infancia usos y sistemas tradicionales que ya ni siquiera conocen las nuevas generaciones. Pero esto ahora tiene fácil solución, porque además de adquirir y almacenar diferentes piezas, el matrimonio ha puesto en marcha un proyecto audiovisual en YouTube con la ayuda de uno de sus hijos. Y cada semana, Tonín se sienta frente a la cámara para explicar y mostrarnos objetos tan variados como interesantes. Lo mismo cuenta cómo fueron evolucionando los teléfonos hasta llegar a los primeros móviles, que cómo funciona un gramófono de trompeta o se hila en rueca.

https://fusionasturias.com/otras-secciones/iniciativas/el-trasterin-de-tonin-un-viaje-virtual-a-la-asturias-de-nuestros-abuelos.htm El Trasterín de Tonín, un viaje virtual a la Asturias de nuestros abuelosEn realidad, su sueño inicial es el de poder contar con un lugar adecuado donde montar una exposición con todas las piezas y que esta pueda ser visitada por el público, algo que se hizo realidad durante dos meses en Cuérigo en el año 2020. “Alquilamos el local en los meses de agosto y septiembre y montamos la exposición con todo lo que teníamos repartido por varios sitios -explica el allerano-. Pasaron alrededor de quinientas personas y la respuesta fue muy positiva; hasta nos hicieron un reportaje en La Nueva España. A la concejala de cultura del concejo de Aller le pareció interesante y nos dijo en varias ocasiones que solicitáramos un local en el Ayuntamiento para poder mantener la exposición. Y eso fue lo que hicimos, pero al cabo de seis meses, la respuesta no fue afirmativa”.
El consistorio ovetense tampoco ha contribuido a aportar una solución, así que por el momento Tonín continúa con esta iniciativa dando a conocer este patrimonio a través de YouTube. “Fue mi hijo mayor Héctor, que es informático, quien me lo planteó. Yo escribo las historias, grabo los vídeos y él los sube. Inicialmente pensábamos hacer sobre unos cuarenta vídeos y ya tengo grabados más de sesenta”.

Entre las últimas adquisiciones que el matrimonio ha conseguido se encuentra un medidor de boinas y sombreros que permite determinar la talla de los mismos, y una calculadora manual de las que hay que poner en marcha girando una especie de ruleta. “La compré hace unos días en la Feria de Antigüedades de Gijón, costó 120 euros, -explica Tonín- y voy a hacer un vídeo con ella, pero antes tenemos que saber cómo funciona. Estuvimos horas y horas con la calculadora hasta que conseguimos saber sumar, restar y multiplicar, pero todavía no conseguimos dividir”. Este es otro de los retos que El Trasterín de Tonín plantea a esta pareja entusiasta de la etnografía, que no solo dedica tiempo a buscar las piezas por toda Asturias y parte de España, sino que, cuando es necesario, investiga y estudia a fondo su utilización para poder contarlo posteriormente.

“Cuando me casé, mi mujer María José ya era aficionada a coleccionar cosas, así que ahora llevamos cuarenta años haciéndolo, tenemos alrededor de unas 1000 piezas”

A través del contexto de cada utensilio y su evolución Tonín y María José también dan a conocer la historia de Asturias y de su población. El allerano se haya ahora enfrascado en una nueva pieza que le han prestado: un taladro de 2 metros 34 cm. utilizado en la mina para hacer los agujeros en los que luego se introduce la dinamita. “En los años 40 o 50 empezaron a utilizarse los compresores en las minas y con ellos los martillos neumáticos, pero antes los agujeros se hacían a mano con este tipo de taladro y claro, la producción era mucho más pequeña. Al empezar a utilizar los compresores, si bien había más seguridad en la mina, también aumentó mucho la silicosis porque los sistemas nuevos soltaban mucho más polvo. Estoy estudiando cómo montar un vídeo con el sistema antiguo”.

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Como muchos otros niños del carbón la educación de Tonín salió adelante con las becas del Real Seguro. “Nadie habla de esto, pero fue muy importante porque la cantidad de chavales que hicimos la Formación Profesional con estas becas fue inmensa”

Precisamente, Tonín es hijo de mineros, criado en un hogar de siete hermanos en el cual la economía no era precisamente floreciente. De ahí, que como muchos otros niños del carbón su educación salió adelante con las becas ‘del Real Seguro’. “Nadie habla de esto, pero fue muy importante porque la cantidad de chavales que hicimos la Formación Profesional con estas becas fue inmensa. En las casas no había economía, y los frailes y curas cargaban a los escolares en los autobuses y llevaban a la gente para un sitio y para otro, nos desplazaban por el mundo. Nos pagaban viajes, ropa y alimentación. Las cosas han cambiado mucho, porque ahora queremos que nuestros hijos estudien y sean ingenieros, pero luego no hay trabajo para ellos en estos campos. Antes había trabajo para todo el mundo”.

Jubilado desde hace tres años, Tonín seguirá con este proyecto hasta que le siga ilusionando. Por el momento las piezas siguen almacenadas, guardadas algunas en Oviedo donde tienen un trastero grande, y otras, perfectamente empaquetadas en una casina en Cuérigo. Todas ellas cobran vida a través del Trasterín cada vez que una persona decide verlas en uno de sus vídeos, aunque sin lugar a dudas sería mucho mejor poder verlas expuestas. Quién sabe si todavía es posible que se cumpla el sueño de este matrimonio.

Tiempo de castañas

Ahora que se acerca la época del amagüestu, Tonín el de Nembra explica en uno de sus vídeos el sistema de recogida y conservación de castañas que conoció de niño y los nombres asociados a esta vivencia.

“Cuando era crío mis padres tenían un castañero, castañíu como decimos en Nembra, y en la seronda cuando caían las castañas sueltas las metíamos en una fardela y las llevábamos a secar al xardu, la parte superior de la cocina de leña donde curas los chorizos del Sanmartino, sobre una especie de estantería de varillas de madera que dejan pasan el humo y el calor y en cual pones las castañas.
Pero como de las castañas había que alimentarse todo el invierno, los aricios -como llamamos en mi pueblo a los erizos- cuando todavía no habían soltado las castañas los guardábamos en la corra, que es un círculo de piedra que se hacía pegado al castaño, con una altura de 1 metro para que los jabalíes y otros animales no entrasen en él. Los que no caían solos en la corra, los cogíamos con la morgaza, una herramienta de madera que impedía que te clavases los pinchos. Una vez en la corra, tapabas los aricios con ramas para protegerlos de los animales, y allí permanecían nevándoles por encima, madurando y soltando las castañas. Pasados un par de meses se sacaban y ya tenías castañas para otra temporada más. Este sistema tiene cientos de años y a nadie se le ocurría meter la mano en la corra de otro vecino, eso garantizado”.

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