Joyas de magaya. Patricia Escobar, fundadora de Mondo Manzana

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Patricia Escobar, fundadora de Mondo Manzana, junto a los pendientes de la colección
Patricia Escobar junto a los pendientes de la colección "Música pa tornar páxaros", creados para Mapi Quintana con motivo del Festival de Lorient 2022 / Fotos: Mondo Manzana
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Su alma emprendedora le ha llevado por diferentes derroteros, pero al darle un nuevo uso a la magaya en Mondo Manzana la artesana Patricia Escobar ha encontrado lo que llevaba tiempo buscando: aquello que le hace feliz.

Lo dicen los expertos en materia laboral: trabaja en aquello que realmente te guste, te irá bien y serás bueno en ello. Y esto es lo que también opina la gijonesa afincada en Arroes, que con el abundante residuo del sector sidrero ha creado todo un universo de color y belleza. Sus joyas orgánicas demuestran que se puede trabajar unido a la tierra con resultados de lo más satisfactorios.

Desde hace pocos meses, Patricia tiene establecimiento abierto al público en el núcleo de Villaviciosa. La empresa es sostenible, está instalada en una zona rural y es cien por cien familiar: “Estoy yo sola -explica la artesana- pero mi marido me ayuda en todo lo que puede, e incluso mi hija echa una mano cuando estamos apurados”.

-¿Cómo se te ocurrió crear diferentes accesorios con el residuo de la sidra, la magaya?
-Vivo en Arroes, Villaviciosa, desde hace 16 años. Aquí vivimos rodeados de manzanas, casi todas las casas tienen pomaradas y algunos de mis amigos y vecinos hacen sidra. Como esto es un valle, cuando hay año de manzanas los suelos son como alfombras llenas de ellas por todos lados, y un día que iba paseando con mi hija Alba, que entonces tenía 10 años, me decía fijándose en las manzanas: “mamá, aunque sea orgánico esto genera mucho CO₂”. La de ella es una generación que ya viene muy concienciada y en esa época yo hacía talleres de reciclaje creativo para guajes en los que empezábamos a hablar de Nasuraleza y reflexionamos sobre todo esto. Cogimos la magaya que teníamos y empezamos a jugar con ella haciendo manualidades, y fue cuando pensé si podría conseguir un material que se pudiera manipular. La idea surgió así y empezamos a investigar.

“Al principio costó dar con la dureza adecuada del material y además teníamos el problema de que, como era algo orgánico, pasados unos meses salía moho en las piezas”

-¿Os llevó mucho tiempo dar con la fórmula adecuada?
-No queríamos que llevara ni químicos ni hornos, tardamos un año en conseguirlo, luego vino la pandemia y tuvimos más tiempo para seguir investigando. Al principio costó dar con la dureza adecuada del material y además teníamos el problema de que, como era algo orgánico, pasados unos meses salía moho en las piezas. Pero seguimos investigando hasta que al final lo conseguimos. El proceso fue muy guapo porque era todo en plan probar, jugando y mirando y, de hecho, tengo piezas y piezas de aquella época. Hasta en la forma de pensar cómo lo hacíamos fue algo artesano, porque fue casi sin planteárnoslo.

-Y fuiste la primera en lanzarte al ruedo con este uso para la magaya.
-Claro, no había nadie antes que pudiera enseñarme. No es una técnica que puedes aprender, como por ejemplo trabajar con el barro. Esto no se le parece porque la masa es completamente diferente.
Cuando ya vimos que tenía la dureza necesaria empecé a hacer cosas más complicadas y luego seguí mejorando. Ahora hago pieces y veo cuáles son adecuadas según la época del año y para las fechas de turisteo. Los diseños gustan mucho, la gente no solo los compra porque están hechos con magaya, hay clientes que incluso hacen colección de las piezas.

“Aunque parezca muy romántico y suene a libro de autoayuda, la diferencia para el éxito es que tienes que emprender en algo que de verdad te guste hacer, sea lo que sea”

Muestra de la magaya de la sidra
Proceso de elaboración de la masa con la magaya de la sidra

-¿Crees que en el mundo empresarial todo se puede conseguir si no te arrugas y tienes las ideas claras?
-Sí, lo creo firmemente, aunque lo creía mucho más, lo que pasa es que en otra época emprendí en base a lo que había estudiado y creo que también es muy importante aprender de los errores que cometes. A mí me sirven muchísimo para ahora. Aunque parezca muy romántico y suene a libro de autoayuda, la diferencia para el éxito es que tienes que emprender en algo que de verdad te guste hacer, sea lo que sea. Antes de Mondo Manzana me dedicaba a la cosmética natural, había estudiado Estética y realmente lo hice porque quería ponerme a trabajar. Llegué a tener cinco salones de belleza, pero a mí eso no me gustaba, yo no pintaba nada allí. Aunque vayas creciendo, en realidad en la vida no prosperas, no eres feliz y no sabes por qué.

-¿La crisis de 2008 fue el detonante para un cambio?
-Sí, las cosas empezaron a ir muy mal, en solo dos meses ya veíamos que la cosa bajaba y bajaba, además de las rentas de cinco locales tenía que pagar varios sueldos. Un día, vino una clienta que trabajaba en una multinacional de recursos humanos y hablando de estas cosas aplicó una fórmula que yo no conocía y me dijo: “para el esfuerzo de vida que te está generando todo esto tú tienes que cobrar mínimo un sueldo de…”. Me quedé atónita con el resultado porque yo llevaba toda la vida trabajando para estar al día. Decidí cerrar los cinco locales, lo decidí muy rápido. Luego me llamaron de una firma de cosmética natural para ser formadora nacional y estuve una temporada, pero luego vi la falta de coherencia en la vida que tenemos todos. El que tú estés diciendo cosas, hablando de valores y que luego lo que te apremie sea de verdad el dinero. Así que al final me quedé en casa, pasándolas canutas porque quedamos bastante tocados.

“Yo siempre digo que lo que creamos es joyería orgánica, no me gusta llamarle bisutería ya que no usamos plástico ni los metales típicos con los que se hace la bisutería”

-Hasta que un buen día creaste Mondo Manzana. ¿Cómo definirías esta iniciativa?
-Cuando quisimos sacar la licencia de artesanos estábamos como chiflados porque no sabíamos en qué categoría ponernos, no había ninguna acorde. Yo siempre digo que es joyería orgánica, no me gusta llamarle bisutería ya que no usamos plástico ni los metales típicos con los que se hace la bisutería. Y como no es nada que exista, me gusta llamarles joyas, porque para mí la materia que usamos y cómo queda después realmente es una joya. Hacer la masa es lo que más cuesta, hay unos días al año en los que estamos entafarraos haciéndola, luego la dejamos secar en el desván durante muchos meses. Y si alguna pieza se estropea, siempre le busco un uso, porque con lo que cuesta hacerla aquí no se pierde ni un trozo.

Joyas de Mondo Manzana. A la izda., colección de joyas hechas para vender en el museo de Tito Bustillo; dcha. sup., pajarita; dcha. inf., pendientes inspirados en las galletas "Les Chapones", de Migaya Artesano
A la izda., colección de joyas hechas para el museo de Tito Bustillo; dcha. sup., pajarita; dcha. inf., pendientes inspirados en las galletas «Les Chapones», de Migaya Artesano

-¿Cómo ha ido progresando vuestro proyecto?
-Primero hacíamos todo en casa, pero como se quedaba pequeña en Semana Santa fuimos al local de la Asociación de Vecinos de Arroes. Estuvimos allí tres meses y comprobé que, aunque ya vendíamos por Internet, la gente venía a verme y a comprar. Fue cuando decidimos animarnos a coger un local en la Villa, e hicimos bien porque, aunque en estos meses todo se frena, calculo que para el verano estaremos mejor.

-¿Qué tal la respuesta de la gente?
-Fue un acierto, bajó la venta por Internet pero es porque tenía muchos clientes fijos que ahora vienen a verme. Los turistas quedan flipados con que sea un material orgánico. A los extranjeros les encanta esa movida y a los asturianos que sea magaya y que sea sostenible.
Cuando ves las piezas pueden parecer cerámica y puedes pensar que son pesadas, pero cuando la persona las toca, le da la risa porque son súper ligeras. Puedes hacer pendientes y colgantes muy grandes que no pesan nada.

“Nuestra pajarita lleva 1 kilo de magaya pero, al final, la pieza acaba pesando entre 23 o 24 gramos”

-En vuestro caso ¿importa tanto lo que se hace como con qué se hace?
-Claro, de hecho fue por lo que empezó toda la historia. Lo que pasa es que la magaya no se ve como un residuo porque siempre se utilizó para muchas cosas. Los paisanos se la dan de comer al ganado, pero tampoco pueden comer mucha; varios ganaderos me contaron que las vacas se emborracharon al comer demasiado. Y hay gente que echa magaya al suelo, pero, como es muy ácida, tampoco puedes usar mucha cantidad. Ahora se están haciendo un montón de cosas con ella.

-Pulseras, collares, pendientes, pajaritas, incluso piezas de ajedrez… ¿qué más cosas podrías hacer con la magaya?
-Con la masa se podría hacer cualquier cosa, incluso hasta muebles, pero eso no nos lo planteamos porque no se podrían hacer de la manera tan rústica y manual como lo hacemos nosotros.
En cuestión de adornos tengo muchas cosas hechas, incluso lámparas, pero me interesan más las cosas pequeñas; es un proceso que lleva mucho trabajo y hay que cobrarlo. Esto no es como hacer churros y prefiero vender lo que puedo abarcar y hacer.
Para hacerse una idea, la pajarita nuestra lleva 1 kilo de magaya pero, al final, la pieza acaba pesando entre 23 o 24 gramos.

“Los turistas quedan flipados con que sea un material orgánico. A los extranjeros les encanta esa movida, y a los asturianos que sea magaya y que sea sostenible”

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-Confiesas que tu cabeza no para, ¿qué proyectos ves mirando hacia el futuro?

-Siempre veo muchas cosas, pero esta temporada enciendes la televisión y asusta, la gente está acojonada. Respecto al futuro me gustaría seguir con la tienda, por supuesto, y también tengo que abrir puntos de venta, lo que pasa es que no soy nada vendedora. Si vienes a mi tienda te cuento lo que sea, pero lo de entrar por la puerta a los sitios a vender mi producto lo llevo fatal. Quiero tener más puntos de venta para tener una estabilidad y que luego la cabeza pueda seguir con el resto de cosas que tengo en mente.

-¿Satisfecha con que tus creaciones viajasen hasta el Festival de Lorient?
-Contentísima. Esto ocurrió porque un día oí hablar a la cantante Mapi Quintana en Instagram. Fue una mujer que me gustó, luego hablé con ella y comprobé que es una dulzura. A partir de ahí ya empezamos a hablar, y cuando supo que iba a participar en el Festival me encargó algo para ese momento e hicimos unas piezas preciosas. Son de la colección “Música pa tornar páxaros”, una colección que gustó mucho, de hecho estoy esperando a que se sequen piezas para poder hacer más porque se agotó todo.

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