Caravia. Seis claves para un destino

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Arenal de Morís, Caravia
Arenal de Morís / Foto: Fusión Asturias
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Está en la zona más turística de la región (junto a Colunga, Ribadesella y Parres), pero no muchos conocen el nombre del tercer concejo más pequeño de Asturias. De esta manera, Caravia se mueve entre la discreción de su modesto tamaño y el tirón multitudinario de sus playas y paisajes.

Hay mucho que ver y que hacer en Caravia, con características propias y diferenciadoras, que vale la pena conocer.

1. Las playas

La costa del concejo tiene poco más de cuatro kilómetros, divididos básicamente en tres playas. El Arenal de Morís es una de las de más ocupación de la zona, junto a La Espasa (compartida con el concejo de Colunga). Ambas cuentan con acceso rodado, zona de aparcamientos y socorrista, entre otros servicios. El Arenal es una playa semiurbana en forma de concha, situada cerca de Prado, la capital del concejo. La Espasa está adaptada para silla de ruedas, y esa accesibilidad se suma a sus atractivos. Su arena fina y tostada es de tacto agradable, y ambas permiten deportes acuáticos. Entre ambas está La Beciella, playa a la que hay que acceder a pie (el camino en coche es complicado, y no hay espacio para aparcamiento), lo que hace que sea una playa un poco más íntima para los que prefieren menos aglomeraciones. Cuando baja la marea se crea una laguna natural en el centro que, en la práctica, es una piscina perfecta para los niños.

2. El surf

Las características de la costa de Caravia la hacen idónea para la práctica de deportes que aúnan viento y agua. En el concejo existen dos escuelas de surf, y es habitual ver a gente practicando modalidades como el windsurf o el kite surf, además de la vela en alguna de sus variantes. Ricardo Fernández Palomeque, cinco veces Campeón de España en la modalidad de longboard y profesor en la zona, habla maravillas de estas playas: «La Espasa es adecuada para iniciarse, porque el oleaje durante todo el año es muy constante, especialmente en verano. El Arenal de Morís también tiene muy buenas condiciones; ambas son de arena, lo que facilita mucho las cosas, y tienen todos los servicios». Las otras playas tienen más piedra, lo que no impide la práctica de este deporte para los más expertos, pero son menos recomendables para los aprendices.
El ambiente surfero en la zona es innegable, especialmente en verano. El pasado julio se celebró en La Espasa el Motorbeach Festival 2014, que agrupó a los deportistas en un campeonato de Single Fin y Logger, junto a amantes de las motos customizadas y los classic surf cars, además de una convención de shapers-fabricantes de tablas y una intensa agenda de conciertos.

3. La Sierra del Sueve

No hay en toda Europa paisaje similar a éste: la Sierra del Sueve es la más alta y cercana a la costa de todo el continente, lo que ofrece unos paisajes de marcado contraste. En sólo cuatro kilómetros se pasa del nivel del mar a los 1.159 metros del Picu Pienzu. Y detrás, a un paso, los Picos de Europa. De ahí que los turistas se vuelvan locos, cámara en mano, guardando instantáneas que combinan el azul del Cantábrico con el verde de las laderas montañosas: es una estampa familiar para los lugareños, pero atípica para todos los demás. Pero no debería uno quedarse con la imagen, sino adentrarse en ella: ver pastar a los asturcones, raza de caballo de la que se tienen referencias de 2.000 años atrás, y que se ha conservado y recuperado gracias al esfuerzo de los criadores. Y también se pueden avistar gamos, corzos, zorros o tejones, que campan a sus anchas en los espesos bosques autóctonos.
La Sierra del Sueve está considerada Paisaje Protegido, y es un espacio ideal para realizar actividades de baja montaña, con una interesante oferta de excursiones guiadas. Eso sí: cuidado con la niebla, un fenómeno habitual por la cercanía al mar.

4. El Mirador del Fitu

Es como un platillo volante en medio de la montaña. Un mirador suspendido en el aire, sujeto sólo por una escalera de hormigón, que ofrece unas impresionantes vistas que incluyen la Sierra del Sueve, el Parque Natural de Ponga y el Parque Nacional de los Picos de Europa. Eso del lado terrestre, porque hacia el mar se pueden ver las costas de Ribadesella, Caravia, Colunga y Villaviciosa. Una vista de unos cien kilómetros de costa que se reparte entre acantilados y arenales y que, en días claros, alcanza hasta Gijón.
El Fitu es una visita clásica en Asturias. Se inauguró en 1927, buscando un lugar elevado para conseguir las mejores vistas, que efectivamente se consiguen en una panorámica de 360º. El mirador está exactamente en el centro de la carretera que une Colunga con Arriondas, pero también se puede acceder desde Caravia haciendo senderismo. En la capital, Prado, nace una pista forestal que conduce al mirador a través de bosques; esta ruta puede ampliarse con el acceso al cercano Pico Pienzu. En la bajada es muy recomendable pasar por el Hayedo de la Biescona, bosque de hayas único en Europa por su proximidad al mar.

5. Las rutas

El Camino de Santiago en su versión más norteña -el Camino de la Costa- ha experimentado un importante auge en los últimos años, ya que los peregrinos parecen haber descubierto las bondades de este recorrido, que no ofrece grandes desniveles y sí temperaturas suaves y preciosos paisajes. La ruta, que coincide en varios puntos con el Camino Real, entra en Caravia por el Cantu La Figar, llega al Arenal de Morís y continúa hasta La Beciella y La Espasa, donde se adentra en el concejo vecino. Es un tramo corto pero intenso, que da la sensación de ir caminando en una «raya»: a un lado el mar, al otro la montaña.
Otras rutas de interés son la subida al Picu Castro (pequeño recorrido donde se pueden ver restos de castros y vestigios de la explotación minera en la zona) y la que lleva hasta el alto de La Forquita y el pueblo de Cerracín, con interesantes elementos de arquitectura tradicional. Sin olvidar, por supuesto, la archiconocida subida al Fitu y el cercano Pico Pienzu.

Oficina de Turismo en Prado, Caravia
Oficina de Turismo en Prado / Foto: Fusión Asturias

6. Los pueblos

El concejo se divide en dos parroquias: Caravia Alta y Caravia Baja. En la baja destacan las poblaciones de Duesos, Duyos y Carrales, donde hay un pequeño polígono empresarial, que se perfila como un activo fundamental en un concejo que en invierno ronda los quinientos habitantes. En la alta está Prado, la capital, donde se encuentran la mayoría de los servicios administrativos y comerciales. Aquí se ha emplazado, por ejemplo, la Oficina de Turismo, un gran hórreo restaurado donde proveen al visitante de toda la información para no perderse nada. Imprescindible la visita a la Iglesia de Santiago en Carrales, con una estela funeraria -la Estela de Duesos- expuesta en la parte exterior. También por todo el concejo hay casas y palacetes de tipología indiana -Villa Rosario, Villa Concha, la casa de los Hermanos Prieto…- y otras muestras de arquitectura civil como la finca de Las Mieres, también conocida como la Casona de González-Cutre, datada a finales del siglo XVI.
En septiembre se celebran las fiestas de Nuestra Señora de la Consolación, en Caravia Alta; en octubre le toca a Caravia Baja con las fiestas del Rosario. Ambas ofrecen un intenso calendario festivo, cultural y muy tradicional.

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