Carlos Franganillo: “Se ha creado una especie de torbellino donde se confunde el periodismo con lo que no lo es”

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Carlos Franganillo, periodista de RTVE
Carlos Franganillo / Foto: RTVE
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Desde 2018 es el encargado de contarnos cada noche las noticias más importantes de la jornada en el Telediario de Televisión Española. Le encanta el reporterismo, contar historias, estar en contacto con la noticia y hablar con la gente, si es posible, fuera del plató; tocar la realidad, observar constantemente para luego juntar todas las piezas y contárselo al espectador. Carlos Franganillo transmite veracidad. Por ello, los informativos de este periodista asturiano no solo han recibido el aplauso de la audiencia sino también el reconocimiento de sus compañeros de profesión.

-Antes de decidirte por el periodismo rondaba en tu cabeza ser arqueólogo o policía. ¿Qué fue lo que te hizo decantarte por esta profesión?
-Son ideas de niño (risas). Cuando en “La Oreja Verde” de La Nueva España iban por los colegios preguntando ¿qué quieres ser de mayor?… uno decía esas cosas.
Respecto al periodismo, desde pequeño me llamó la atención. Siempre estuve atento a los periódicos, a la información. Luego de mayor, cuando fui a la universidad, mi primer interés fue el cine y el lenguaje audiovisual y después de terminar me llamó la atención el periodismo, carreras muy conectadas. En las prácticas que hacía en los veranos en TeleAsturias me pidieron que me hiciera cargo de noticias internacionales, me interesó mucho y vi que tenía talento para ello. Eso me hizo decantarme por el periodismo.

-Has recibido muchos reconocimientos a tu labor, el último el Premio José Manuel Porquet concedido por tus compañeros de profesión que premiaron “tu estilo innovador, honesto, valiente y con ambición para llegar a todos los públicos”. ¿Qué piensa uno cuando recibe un reconocimiento de este tipo?
-Todos estos reconocimientos son muy agradables, pero tienen un punto de injusticia porque al final el que está delante de la cámara igual que se lleva los palos del conjunto también recoge los laureles. Lo que se premia ahí tiene un porcentaje de contribución personal pero también de equipo por eso me da un poco de pudor cuando voy a recoger estos premios. Detrás de un informativo hay muchas ideas, mucho esfuerzo, muchas semanas de trabajo en equipo. Es una orquesta donde yo soy el encargado -entre otros muchos elementos que están en pantalla- de ejecutar ese trabajo.

“En las prácticas que hacía en los veranos en TeleAsturias me pidieron que me hiciera cargo de noticias internacionales, me interesó mucho y vi que tenía talento para ello. Eso me hizo decantarme por el periodismo”

-Han dicho de vosotros que “hacéis un periodismo sin estridencias, prestando la necesaria importancia al contexto de los hechos y ofreciendo todas las caras y vertientes de una noticia…”. ¿Qué importancia tiene el contextualizar los hechos? ¿Te preocupa contar bien una historia?
-El contexto creo que lo aporta todo. Es lo que te da dimensión de las cosas y te hace conectar unas con otras. Te permite entender la importancia de un dato o un titular. Sin el contexto es muy fácil manipular y juzgar a partir de una anécdota. Creo que precisamente el contexto es lo que ahora mismo puede aportar el periodismo. En el Telediario contamos con una hora para recorrer la actualidad y echar el freno de vez en cuando para fijarnos en los detalles de manera más pausada, para contextualizar y mostrar diferentes vertientes, eso creo puede ayudar mucho al espectador. En este momento de gran consumo informativo, mucho basado en titulares y en esas técnicas de clickbait que llaman ahora y otros trucos para atraer lectores, creo que es muy importante buscar espacios más reposados para desde ahí mirarlo todo.
Me preocupa contar bien las historias, aunque en un formato de Telediario no siempre hay tiempo para detenerse en lo importante.

-Hoy todo tiende a pasarse por el filtro del espectáculo y la información no se libra. Pero cuando se denuncia, muchas veces se justifica diciendo que una buena parte del público lo quiere así. ¿Qué crees que le interesa a la gente de la calle?
-Es difícil saberlo porque al final todos somos gente de la calle y víctimas de los nuevos lenguajes y modos de comunicación que han traído muchas cosas positivas, pero también han cambiado mucho la manera de interactuar. Estamos expuestos a muchos más impactos de lo que estábamos hace veinte años. Mantener la atención en las cosas y no solo a nivel de informativos sino en la lectura, en el estudio, se ha convertido en todo un desafío. Saber lo que interesa a la gente es muy complicado porque todos estamos dentro de esta vorágine. El gran mérito está en atraer y retener la atención de espectador para intentar llevarle a lo que el periodista o medio de comunicación considera importante de acuerdo con unos criterios profesionales. Hoy en día el periodismo de televisión no solo compite con otras cadenas sino también con Twitter, Facebook, Instagram… que también distraen al espectador.

Carlos Franganillo, periodista de RTVE
Foto: RTVE

-Hace unas semanas sacaste el Telediario al metaverso para hacer una entrevista a través de tu propio avatar… ¿Crees que morirá la televisión por culpa del metaverso como algunos vaticinan? ¿Que habrá que adaptarse o morir?
-Creo que la televisión generadora de contenidos vive una edad dorada y goza de buena salud. No hay más que ver la cantidad de plataformas, series, películas y documentales que se generan. Hay un gran consumo de televisión, no sé si a raíz de la pandemia o por otras circunstancias, y la capacidad de la industria para generar contenidos es enorme, así que tiene vida para rato. Otra cosa distinta es la televisión tradicional y los ajustes que tenga que hacer, que también es difícil saber cuáles son. De momento las grandes cadenas están disparando en todas las direcciones, experimentando nuevos formatos, volcándose con YouTube y otros canales, pero nadie ha encontrado aún esa varita mágica. Y quizá no la haya. A lo mejor el futuro de cualquier medio, no solo escrito sino audiovisual, sea estar presente en muchos formatos y centrarse en la generación de contenidos. El mundo de antes no volverá y el nuevo aún no ha amanecido.

-Fuiste un poco el responsable de que el Telediario saliera a la calle. ¿Qué te aporta el contacto con la gente y qué aporta a un informativo?
-Fue una apuesta de la dirección de informativos a la que me presté encantado porque va mucho con mi perfil de reportero. Aunque a nivel de audiencia no supone un gran cambio sí aporta prestigio y calidad informativa. Tiene una característica importante y es que puede sumergir al espectador en una realidad en la que queremos poner el acento: los incendios, la situación de los hospitales durante la pandemia, las inundaciones… Durante un momento cuentas esa realidad, llevas al espectador a un escenario muy concreto y le invitas a que te acompañe. Es una experiencia periodística inmersiva, rigurosa. No es sacar el Telediario a la calle porque sí para contar cualquier tipo de historia, sino que seleccionas temas de especial relevancia y sumerges al espectador en esa realidad. Creo que al final la televisión es eso.

“El contexto creo que lo aporta todo, es lo que te da la dimensión de las cosas y te hace conectar unas con otras. Sin un contexto es muy fácil manipular y juzgar a partir de una anécdota”

-Y en ello se ve que te mueves como pez en el agua…
-En un directo en la calle, además de contar lo que pasa y mostrarlo al espectador, estás expuesto a todo lo que ocurre alrededor y eso te obliga a estar muy alerta y por supuesto, también a improvisar. Y ahí al que le gusta hacerlo, como es mi caso, se le nota mucho. Además, en esas situaciones siempre estás más excitado, más involucrado con todo lo que estás contando y eso también lo transmites. A ello hay que añadir que has estado todo el día trabajando en ese escenario y puedes aportar un montón de matices que si estuviera en el plató no podría dar.

-Realizaste varios reportajes sobre Ucrania cuando estuviste de corresponsal en Moscú. ¿No tienes la sensación de que muchas veces, cuando se habla de esta guerra, se tiende a simplificar mucho y se dejan al margen muchas cosas importantes para entender lo que pasa allí?
-Sí, claro que la tengo. A veces hay matices que en un momento de guerra se pierden. Pasa en general en los conflictos y sobre todo cuando te toca estar en un bando o en otro. El periodista puede ser víctima de la propaganda en muchas ocasiones. Un corresponsal que se desplace ahora a la zona de conflicto, aunque sea occidental, va a tener serias dificultades para informar porque no va a poder pasar a la parte controlada por Rusia y ver lo que está pasando allí. Va a llegar a ciertos lugares o puntos de vista, pero va a tener otros vetados. En este contexto lo importante es exponer los hechos de la manera más cruda posible para tratar de despejar el discurso de cualquier tipo de propaganda.

Franganillo en la frontera de Polonia-Ucrania entrevistando a ciudadanos que huyen del país
Franganillo en la frontera de Polonia-Ucrania entrevistando a ciudadanos que huyen del país / Foto: RTVE

-Una curiosidad, ¿cómo gestionas tus emociones cuando has vivido situaciones difíciles como corresponsal?
-Nunca he estado expuesto a situaciones de gran impacto. Recuerdo que durante los tiroteos y las matanzas en Kiev si hubo momentos duros, pero ahí tienes la cabeza muy fría, sabes que estás trabajando, tienes una misión: cubrir lo que está pasando para después concentrarlo en una crónica o en unos directos y no te permites nada más. Esa mentalidad te ayuda a vivir todo con cierta distancia, aunque solo estés a un par de metros de lo que está ocurriendo.

-¿Qué ha ocurrido para que el periodismo no tenga niveles más elevados de confianza en los estudios sociológicos? Hace poco hemos vivido espectáculos lamentables…
-Como te decía estamos inmersos en una revolución tecnológica y recibimos muchos estímulos e información, a veces intoxicación pura y dura. Se ha creado una especie de torbellino donde se confunde el periodismo con lo que no lo es. Y creo además que hay muchos agentes interesados en que esto sea así, me refiero a elementos políticos, que han tratado de remover esas aguas y crear figuras disfrazadas de periodismo.
Hay una saturación informativa no ya por los medios de comunicación habituales sino también a través del Whatsapp, Facebook, Instagram. La dieta informativa no se limita solo a la radio, al periódico que compras en el kiosco por la mañana, o a los telediarios, sino que durante todo el día el ciudadano está expuesto a estímulos informativos o pseudoinformativos que le van saturando y confundiendo. A veces creo que se critica en exceso el periodismo, con todos los abusos o errores que puedan cometer, pero pienso que también hay muchos actores disfrazados en medio que están tratando de embarrar el terreno y confundir. Es un escenario atractivo para determinados elementos interesados en desacreditar al periodismo. Es como un arquitecto que hace mal un edificio y se derrumba, eso no puede manchar a toda la profesión. Creo que hay partidos políticos que están interesados en desacreditar a la profesión y crear una especie de guerra de trincheras donde cada uno puede creer lo que quiera o arrimarse a un medio de manera militante. Esa es mi opinión.

“Creo que hay partidos políticos que están interesados en desacreditar al periodismo y crear una especie de guerra de trincheras donde cada uno puede creer lo que quiera o arrimarse a un medio de manera militante”

Carlos Franganillo recoge el Premio Ondas (2019)
Carlos Franganillo recoge el Premio Ondas (2019) / Foto: Premios Ondas

-Tal y como está hoy la profesión, ¿no te consideras un privilegiado por disponer de medios y equipos de calidad para hacer tu trabajo?
-Por supuesto. Creo que TVE en este sentido sigue marcando la diferencia. Las cadenas privadas pueden tener más audiencia y la tienen, pero TVE, para el profesional del periodismo, y quiero pensar que también para el espectador, ofrece productos de gran calidad, muy informativos, y desapegados de esa presión de la audiencia y la publicidad. Creo que es el gran valor en el que tiene que crecer TVE, en reafirmar esa vertiente educativa, informativa, mirando hacia una sociedad muy plural y variada. Es la gran fortaleza que tenemos y para mí como trabajador es un privilegio estar en una casa donde se nos dan muchas oportunidades, donde podemos hacer productos con los medios adecuados y pensando en el aporte periodístico.

-¿Te preocupan las audiencias?
-Hombre… a todo el mundo le gustaría tener más audiencia, pero sin perder la cabeza y no creo que se esté perdiendo por lo menos desde el punto de vista de los informativos. No pensamos en meter tal o cual elemento para subir la audiencia en un determinado minuto. También te digo que es un momento complicado para medir las audiencias. Existe ese convenio de medición acordado por todas las cadenas a través de esos audímetros, pero el mercado ha cambiado tanto que hay mucha audiencia que no se está contemplando y existe. Me refiero por ejemplo a Internet, las grandes plataformas de televisión donde uno puede llegar a casa y ver el Telediario dos horas más tarde, los teléfonos móviles o quien ve la televisión desde fuera de España… todo eso no entra en las mediciones, pero existe. No quiero decir que con esto fuéramos a ser líderes ni mucho menos pero ese millón y medio, o millón setecientos mil o dos millones, -depende de la época del año- que nos siguen cada noche, posiblemente sean muchos más. Y lo mismo le pasará a Antena3 o Telecinco.

“Las cadenas privadas pueden tener más audiencia y la tienen, pero TVE ofrece productos de gran calidad, muy informativos, y desapegados a esa presión de la audiencia y la publicidad”

-Aunque lo que más te gusta son los reportajes, has realizado muchas entrevistas. ¿Cuál o cuáles han tenido más impacto personal y por qué?
-Buff… tengo muy mala memoria para esas cosas y seguro que dentro de unas horas me voy a arrepentir de lo que haya dicho. Sí te diré que las entrevistas a políticos pocas veces me han producido satisfacción. El político moderno es una persona preparada para la comunicación, para no contestar, evadirse o colocar su mensaje. Es difícil encontrar a un político que se encuentre con la guardia baja o con cierta sinceridad. Son discursos muy programados y diseñados para el público donde pretenden tener al periodista como un intermediario. Si se encuentran en situaciones incómodas no tienen ningún problema en no contestar. La nueva comunicación permite que aunque el político se evada no asuma ningún coste por ello y ahí el periodista está en un problema. Muchas veces personajes anónimos pueden aportar muchísimas cosas y te pueden dar claves mucho más cercanas. El contacto con la gente de la calle siempre aporta más información que la que recibes en las redacciones, que es un discurso más oficial y por eso está muy bien el oxigenarse.

-¿Alguna vez te ha impuesto un entrevistado o te has sentido incómodo?
-Siempre abordas al entrevistado con muchísimo respeto y supongo que cuando eres más joven lo haces con mucha más tensión. Temes no estar a la altura o no tenerla suficientemente preparada. Si la entrevista es en directo, más si es a una figura política, siempre es una prueba de fuego: no hay manera de escabullirse, no es reposada, es más viva, más compleja, exige reacciones rápidas. Siempre vas con ese vértigo a no tener una contrapregunta adecuada, a que se te escape algún dato, o que te suelten uno que tu no controles y no sepas rebatir. No es un género en el que me sienta muy a gusto.

“Las entrevistas a políticos pocas veces me han producido satisfacción. El político moderno es una persona preparada para la comunicación, para no contestar, evadirse o colocar su mensaje”

-Has pasado por casi todos los perfiles periodísticos. ¿Cuál ha sido tu trabajo más potente, el que te ha proporcionado más experiencias?
-Cuando estuve en Ucrania en 2013-2014. Fueron muchos meses y viajes a la zona que me proporcionaron una gran experiencia profesional sin comparación. Es lo más intenso, lo más variado que he vivido sobre todo en un contexto de gran confusión, de mucha intoxicación, lo que me obligaba a estar especialmente atento. Cuando yo estuve te podías mover libremente por la zona, por uno y otro bando, ahora no. Estuvimos en muchos sitios interesantes y uno podía hacerse una idea bastante precisa de lo que estaba ocurriendo. Había mucha intoxicación hacia la población civil lo que te obligaba a moverte con pinzas. Para mí fue una escuela que me enseñó a guardar esa distancia tan necesaria y ponerlo todo en cuarentena.

-¿Existe la objetividad a la hora de contar una noticia o crees que uno solo puede alcanzar la honestidad?
-Evidentemente nadie tiene una visión global de las cosas al cien por cien, pero el periodista tiene que intentar aportar esa honestidad, pero no desnuda sino con cierto bagaje. Que una persona muy honesta vaya a cubrir algo no aporta gran cosa si no tiene unos conocimientos previos de lo que va a ver para poder interpretar las cosas. Esa combinación es la más adecuada porque si no solo vas a poder ofrecer una pequeña fracción de la realidad que es a la que tiene acceso.

Carlos Franganillo desde Orihuela (Alicante) retransmitiendo durante la gota fría
Franganillo desde Orihuela (Alicante) retransmitiendo durante la gota fría / Foto: RTVE

-Eres una persona activa en redes sociales, ¿alguna vez te han perjudicado tus opiniones personales?
-La verdad es que me he distanciado mucho en los últimos tiempos. Emito muy pocos tuits y los que publico son meramente informativos. He bloqueado y silenciado a muchísimas personas y he encontrado un entorno mucho más saludable porque creo que a veces está muy viciado. Twitter creo que tiene un riesgo importante para un periodista, primero alimentar el ego, y luego acabar convirtiendo Twitter en un ring entre periodistas y políticos que es algo muy común. Esa especie de trinchera entre periodismo y política no me interesa y creo que no beneficia al periodismo. Aunque intentes guardar distancias es fácil que se prodiguen los insultos, las amenazas, que, aunque sea gente anónima o bots organizados pueden acabar haciendo mella o al menos pueden condicionar, aunque sea mínimamente, tu visión de las cosas o tu trabajo. Pienso que es un riesgo que el periodista no debería de correr.
Leo a gente que publica cosas interesantes, información que a mí me puede resultar útil, y con el tiempo he conseguido domar la herramienta, diseñarla a mi gusto y sacar la parte buena. Creo que he salido ganando con esta decisión.

“El cambio climático es el gran reto de nuestro tiempo y no tengo ni idea de cómo se puede abordar de manera realista. Es posible poner algunos parches, pero no veo la capacidad de revertirlo de manera drástica”

-Algunos países como Alemania o EEUU, dicen a sus ciudadanos que estén preparados. ¿Para qué?
-El caso de EEUU lo desconozco, no sé si hay una alarma de este tipo. En los países del Este de Europa puedo entender que por su historia y la situación actual que están viviendo, estén en alerta. Los países que han dependido o han estado sometidos a Moscú durante décadas entiendo que tengan temor ante lo que pueda hacer Rusia porque históricamente lo han sufrido con muchos muertos y mucha represión. Y por otro lado -y a lo mejor me puedo equivocar- espero que no lleguemos a una confrontación Rusia-OTAN, pero nada es imposible en esta vida y creo que quienes están más próximos a las fronteras rusas se quieran preparar. Es cierto también que a los de Europa occidental a veces este tipo de discurso nos puede parecer muy alarmista pero la guerra es una realidad, lo estamos viendo en Ucrania y quien hasta hace 30 años ha padecido a la Unión Soviética entiendo que tengan temor a que Moscú pueda interferir en sus países.
Esas alertas que pueden tener algo de apocalíptico o de marcial las hemos olvidado, pero es un elemento presente que puede volver y que la población sea consciente de ello no me parece mal siempre y cuando esa alarma tenga cierta justificación. El siglo XX en esa parte de Europa ha sido horrible, ha estado sacudida por alemanes, rusos, y nosotros como país que hemos vivido una guerra civil tenemos una perspectiva muy alejada de lo que ha sido una guerra mundial. Para muchos países europeos esta ha sido la historia de su siglo XX, ha habido hambrunas, asesinatos en masas, un holocausto… nosotros hemos sido ajenos a eso y desde España nos cuesta entender ese miedo a Rusia, Alemania y a otras grandes potencias.
En Europa, más concretamente en la parte occidental, hemos vivido en Disneylandia y se nos ha olvidado -por desgracia- que hay elementos tácticos en la vida y en las relaciones entre países que no han desaparecido. Me refiero a la guerra, el hambre y las penurias. Ojalá, no vuelvan, pero tampoco estamos ‘vacunados’ y no podemos pensar que eso no va a regresar. Sería una idea bastante estúpida.

-Todos los días asistimos a situaciones catastróficas que suceden en todo el planeta… ¿Qué está ocurriendo?
-Es un momento muy complejo. Estamos en pleno desarrollo en la humanidad con continentes enteros que están empezando a elevar la curva de consumo de energía, como Asia o África y otros con las mayores emisiones de dióxido de carbono del mundo y sin poder detener su desarrollo. Estamos sufriendo los primeros cambios de este calentamiento global y sus efectos negativos son una urgencia para la humanidad y uno de los desafíos más serios a los que nos enfrentamos. Es el gran reto de nuestro tiempo y no tengo ni idea de cómo se puede abordar de manera realista. Es posible poner algunos parches, pero no veo la capacidad de revertirlo de manera drástica. Creo que es una nueva realidad a la que nos vamos a tener que ir adaptando. No veo muchas alternativas.

“En Europa hemos vivido en Disneylandia y se nos ha olvidado que hay elementos tácticos en la vida y en las relaciones entre países que no han desaparecido. Me refiero a la guerra, el hambre y las penurias. No podemos pensar que eso no va a regresar. Sería una idea bastante estúpida”

-¿Qué recuerdos guardas de tu etapa como periodista en Asturias? ¿Qué aprendiste en tu tierra?
-Aprendí muchísimo, siempre lo digo. El periodismo local, regional, es muy parecido al que hace un corresponsal. Es un trabajo muy variado que te obliga a cambiar constantemente de chip y te exige adaptación. No es un periodista especializado en el Congreso de los Diputados que tiene sus fuentes asentadas, dinámicas, horarios y contactos. Un periodista local un día cubre un Pleno del Ayuntamiento, otro día una exposición, un concierto, o un suceso. Eso te da una versatilidad muy grande que es la que debe tener un corresponsal para adaptarse a cualquier tipo de cobertura. Y eso lo aprendí haciendo periodismo local en Asturias, sin ninguna duda.

-Asturias… ¿sueñas con volver o ya estás asentado en Madrid?
-De momento estoy muy a gusto, pero qué duda cabe de que se vive mucho mejor ahí. Si pudiera… pero no hay nada perfecto en esta vida. También es verdad que la industria audiovisual y en el caso de TVE más aún, las grandes sedes están en Madrid, la política se hace en la capital de España y el gran centro de información hoy por hoy está allí. A nivel personal, por mi apego y mis orígenes, claro que me gustaría ir a vivir a Asturias algún día. De momento voy con toda la frecuencia de puedo.

“Cada día voy a trabajar como quien va a un juego que siempre es distinto y te pone a prueba”

-¿Cómo es el Carlos Franganillo que llega a casa y se rodea de los suyos.
-(Risas) Una persona muy normal. Con muy poco tiempo libre, ese es el gran hándicap de todo este asunto, que hay que ir dosificando la vida familiar y la profesional. Tengo un trabajo muy exigente que me obliga a viajar y emplear casi todas las horas del día en la televisión. Y el poco tiempo que tengo libre lo dedico a la familia, a los niños, a disfrutar con ellos. Es un trabajo muy intenso, así que fuera de eso mi vida es muy familiar y tranquila.

-¿Cuántas horas trabajas hasta que se emite el Telediario de la noche?
-Desde que te levantas ya estás pendiente de la información, con las tertulias de la radio y algún programa matinal. Pero es a partir de la 13:30 horas cuando empieza a moverse la maquinaria para el informativo de la noche. Es una reunión donde van pasando todos los jefes de área comentando los temas que están activos, los que pueden suceder durante la tarde…, con eso el editor y todo el equipo vamos elaborando el minutado, el guion provisional que a partir de las 17:00 horas empieza a cambiar y a adaptarse a lo que ha pasado en las últimas horas. Es algo muy vivo y divertido en el sentido de que no es previsible, siempre estás en guardia, atento a lo que va a pasar… y eso hace que cada tarde sea diferente.

-Se nota que disfrutas mucho de tu trabajo.
-Trabajar en lo que uno quiere, poder disfrutar de tu vocación, es motivo de alegría. Yo cada día voy a trabajar como quien va a un juego que siempre es distinto y te pone a prueba.

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