Elena Menéndez, “Miss Prosperity”. Arte que inspira

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Elena Menéndez en la exposición colectiva Miscelánea del Valey
Elena Menéndez en la exposición colectiva "Miscelánea" del Valey / Foto cedida por Elena Menéndez
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Hasta el día 27 de enero la artista multidisciplinar Elena Menéndez expone su obra pictórica en la Fundación ÁlvarGonzález en Gijón. Bajo el título Derrota óptima se muestran pinturas que pretenden provocar un cambio grande o pequeño en todo aquel que se acerque a verlas.

Elena Menéndez y Miss Prosperity son la misma persona. Una mujer empoderada que, a través de la pintura, ha conseguido dar salida a un rico mundo interior en el que reina la transformación constante.
Reconoce que le gustaría que su trabajo fuese una fuente de inspiración al cambio. Que cada persona que visita una de sus exposiciones salga, en cierta manera, diferente. No hace falta un cambio trascendental. Vale una actitud, una sonrisa, un giro en su forma de pensar, una intención de convertirse y convertir su alrededor en un lugar mejor.

-¿Cómo entiendes o cómo explicarías tu arte?
-En mi trabajo estoy muy interesada por la interacción entre disciplinas, los espacios liminares, especialmente entre la pintura y la música. El cuerpo, lo sensorial, la experiencia…
Entiendo mi arte como algo que inspira a las personas a, como decía Gandhi, “ser el cambio que quieres ver en el mundo”. Habla de cuestiones sociales, conceptuales y también de la sensibilidad. Para mí, las palabras muchas veces se quedan cortas y el arte o la pintura, me permiten expresar otras cosas más profundas que tienen que ver con la sensibilidad o la emocionalidad. A través del pigmento, de la mancha y del color. También a través de la imagen y de la palabra escrita. Esto también me lo permite la música que, aunque es un lenguaje que no domino, está muy presente en mi obra y en mi proceso creativo. Prácticamente en todos, aparecen fragmentos de letras de canciones que escucho mientras pinto. Para mí la música es una fuente de inspiración de la que bebo constantemente. Me ayuda a canalizar o expresar toda esa emocionalidad que tengo dentro.

Instalación de la exposición de Elena Menéndez "Miss Prosperity" en la Galería Cinabrio
Instalación en la Galería Cinabrio / Foto: Mariana Pérez Panizo

“El proyecto, de 2020 piezas, hace alusión a ese momento del 2020 donde todas nuestras certezas se quebraron. Es una alegoría que se puede llevar a cualquier momento de nuestra vida, la cuestión es ¿qué hacemos ante esa situación? Podemos quedarnos en la crisis o reinventarnos”

-¿En qué se basa la exposición actual “Derrota óptima”?
-En la exposición “Derrota óptima”, que se puede visitar en la fundación AlvarGonzález hasta el viernes 27 de este mes, se pueden ver más de un centenar de piezas realizadas en técnica mixta sobre lienzo en tamaño de 20x20cm. La obra, forma parte de un proyecto de 2020 piezas seriadas, se trata de un proyecto vital que aún no está concluido y quizás nunca lo esté.
En esta propuesta expositiva, juego con la polisemia de la palabra derrota, de cómo lo que puede parecer “un fracaso”, se puede convertir en el mejor de nuestros rumbos. En términos marítimos, la derrota es el camino más óptimo, y hago una alegoría a cómo, a veces el camino más corto no es el más rápido. Nunca sabemos dónde está nuestro aprendizaje y el momento de mayor propulsión.
La muestra, que recoge gran parte de la obra de la exposición anterior “Recalculando Ruta”, se presenta en forma de instalación, con una red de pesca suspendida desde el techo en una esquina de la sala y cuadros colgando de ella, y se completa con el sonido creado por el músico David Aira.

-Hablas de un proyecto de 2020 piezas… ¿puedes contarnos un poco más?
-Esta serie, hace alusión a ese momento del 2020 donde todas nuestras certezas se quebraron. Es una alegoría que se puede llevar a cualquier momento de nuestra vida, la cuestión es ¿qué hacemos ante esa situación? Podemos quedarnos en la crisis o reinventarnos.
Mi idea es que esas piezas vayan componiendo nuevos discursos en diferentes exposiciones, de tal manera que unas historias se vayan hilvanando con otras, de forma secuencias o cíclica.

“Me interesa mucho la idea de cómo generar una experiencia sensorial completa y cómo interpelar en el espectador”

-¿Qué te gustaría transmitir a través de “Derrota óptima”?
-Me interesa mucho la idea de cómo generar una experiencia sensorial completa y cómo interpelar en el espectador. Que la obra expuesta pueda ser percibida más allá de lo cognitivo y pueda ser percibido con todos los sentidos. Me encantaría que hubiera un antes y un después de visitar la exposición, que quien venga a verla, pueda construir su propia historia a partir de lo que ha percibido.

-Titulas la exposición como “Derrota óptima” y haces referencia a “Sin llegar a nada”, ¿no se trata de una contradicción?
-Utilizo “Sin llegar a nada” como subtítulo de la exposición de Gijón. Es el título de una canción de “La librería del señor Koreander”, escrita por Suso Fernández, que sonó en la clausura de la exposición de León. Como te decía, para mí la música es una gran fuente de inspiración. También lo es el juego y crear nuevos sentidos o significados.
Partiendo de esa noción de hilvanar exposiciones y discursos, combino dos conceptos que, si bien técnicamente se contradicen, me sirven para plantear una metáfora: ante circunstancias adversas, cuando queremos dirigirnos a puerto, cómo detenernos un instante, y sumergirnos en él, puede ser la mejor de las opciones. Es interesante parar, detenernos un momento y conectar con los sentidos.
Además, me gusta el concepto de “no llegar a ningún lugar”. Esa actitud, que hace que nos detengamos en el presente cuando contemplamos un atardecer, o sentimos ese primer frío de invierno en la piel. Cada uno tenemos nuestros momentos que detienen el tiempo y hacen que las cosas se vuelvan reversibles. Nos hacen ver y sentir de otra manera.
Esto nos pasa también con las crisis (o la meteorología adversa) que hacen que te replantees cuestiones vitales. Para mí la cuestión es cómo poder llegar a esto desde lo sensible, sin necesitar ese golpe.

“Para el espectador es un viaje que va desde fuera hacia adentro, pero mi objetivo es que ese desde dentro provoque un hacia fuera distinto”

Canción “Sin llegar a nada” de Suso Fernández (La librería del Señor Koreander), subtítulo de la exposición “Recalculando Ruta”.

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-La exposición, ¿es un espacio en el que se dan cita todos los elementos que para ti son vitales en tu obra?
-Para mí es fundamental el encuentro y la interacción con el espectador. Por la finalidad con la que creo, hablo de “arte que inspira”, mi trabajo cobra sentido ahí, en el espacio expositivo.
Además, también estoy interesada en la interacción entre las diferentes disciplinas artísticas y en el trabajo colaborativo, en cómo unos lenguajes artísticos se combinan con otros, generando nuevos significados y creando una experiencia más completa, mucho más rica. Y eso, en cierto modo, también es posible gracias a “la exposición”.
En León, por ejemplo, invitaba a las personas a sumergirse en “las aguas profundas”, las del fondo marino, o las de las propias emociones. Y la exposición me servía como recurso para invitar al espectador a realizar ese viaje, a una experiencia sensorial: la disposición de la obra en la sala, la instalación pictórica y sonora… todo ello evocaba un ambiente en el que podías “sumergirte”. Esto se puede ver muy bien en el vídeo de la exposición realizado por el fotógrafo Pelayo Campa.

-¿Las exposiciones para ti son un viaje de dentro hacia fuera y para el espectador es al revés?
-Yo también bebo de lo de fuera, no es una reacción directa. Filtro las experiencias que estoy viviendo, qué me está afectando a nivel de lo que pasa tanto en el mundo como en mi entorno y cómo habitamos las cosas en lo pequeño, en lo cotidiano o en lo íntimo. Como decía Rafa, mi tutor del semillero de empresas de Valnalón, “nos somos islas”. Después hay una fermentación y una eclosión y luego sí que va de dentro hacia fuera. Pero primero me he tenido que empapar y mezclarlo con mi historia interior. Me lo imagino como un reloj de arena: entra y sale. Luego, para el espectador, sí que es un viaje que va desde fuera hacia adentro, pero mi objetivo es que ese desde dentro provoque un hacia fuera distinto. Si consigo esa impronta en ti como espectador, tu forma de ser va a ser distinta y por tanto tu forma de hacer también lo va a ser. Sé que estoy hablando de un ápice de comportamiento, pero la suma de todos ellos provoca un cambio en el mundo. Por ahí va la cosa de este doble juego. Primero yo he realizado un ejercicio de transmutación y después el espectador viene, se acerca a mi trabajo, le genera una impronta y, si esto realmente sucede, va a tener un algo distinto en su vida, que no tiene porqué ser grandilocuente, puede ser una sonrisa, un comentario o una necesidad de crear… pero le va a generar un cambio, una ampliación de su experiencia y, posiblemente, una transformación hacia una vida mejor.

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-¿Se puede decir que lo que más te interesa de la gente que visita tus exposiciones es que sienta?

-En cierto modo sí. Enriquecer cada instante y que sea algo significativo, algo que transforme. Estamos saturados de estímulos, tenemos un montón de cosas que hacer todo el tiempo y somos el blanco de mil reclamos. Con toda la humildad, me gustaría que, quien venga a mi exposición y le dedique diez minutos, ese rato tenga una impronta en su vida. Que se detenga y entre en contacto. Me interesa mucho cómo llegar a hacer que mi obra signifique algo para alguien, crear arte que inspire.

-En todo el cambio social que se está viviendo, ¿qué papel dirías que juega el arte?
-Es un transformador. Va por delante de cualquier cambio. Es una propuesta de una sociedad diferente o mejor, ya no te hablo del arte sino de la creatividad. Sin esa parte, no tendríamos hacia dónde dirigirnos. Leonardo Da Vinci fue un visionario y Julio Verne también. Normalmente, las “locuras” que propone un artista, son los puntos de dirección hacia los que luego va la sociedad. Sin la imaginación, sin lo creativo, no tendríamos esas referencias. Luego hacen falta otras cosas como tener el foco, la dirección, la constancia, la persistencia, el hábito y planificar el viaje. Creo que el arte nos abre grietas a través de las que entra la luz. Nos propone nuevos lugares hacia los que mirar, nuevas posibilidades, una manera diferente de hacer las cosas. El arte no se resume solo a la obra que es algo simbólico, el arte nos enseña a canalizar cosas y a relacionarnos de otra manera. Es un posibilitador.

“Normalmente, las ‘locuras’ que propone un artista, son los puntos de dirección hacia los que luego va la sociedad. Sin la imaginación, sin lo creativo, no tendríamos esas referencias”

-¿Qué se siente cuando una lleva la intimidad de su estudio a la sala de exposiciones?
-Para mí no existe un sentido de propiedad, con esto no tengo una dificultad. Dejar ir un cuadro forma parte de su ciclo vital. La dificultad la vivo en el momento de mostrarlo. Hay un discurso tan íntimo que, al final, hay una desnudez del alma y siento mucha vulnerabilidad en ese momento. Para mí hay mucha más desnudez en estos cuadros que en enseñarte una pierna, por ejemplo. Sería muy distinto si lo que muestro fuera algo superficial o cognitivo y no me vinculase íntima o emocionalmente.
También el proceso de creación, para mí, es muy desgarrador. Tiene que morir algo para nacer otra cosa nueva y eso lo experimento cada vez que pinto un cuadro. Te estoy contando esto desde lo que te decía antes de ser el alambique que transmuta. Muere una forma de pensar o un concepto porque lo estoy fusionando con otra cosa para que sea algo diferente. Es un proceso potente que pasa dentro del estudio, dentro de mí, y, como algo que es nuevo, es delicado y frágil. Cuando lo llevo a la sala de exposiciones, sé que lo va a ver gente que me va a apoyar y lo va a ver otra gente que lo descubre por primera vez. Les puede gustar o no, puede producirles un rechazo y eso está bien, pero ahí hay mucha vulnerabilidad, está todo a flor de piel. Los días previos al montaje de la exposición y la inauguración son como un síndrome premenstrual, pero a lo bestia.

-Hay dos líneas conductoras a lo largo de tu obra: belleza y sensibilidad…
-Sí, en mi trabajo sí que hay esta intención de crear belleza incluso de la destrucción. Creo que los momentos que calificamos como más feos tienen un algo de belleza y todo esto, sin perder de vista el objetivo de transmutar y generar otras cosas, que es lo que yo quiero aportar al mundo.
Yo me di cuenta en un momento de mi vida que miraba hacia lo carencial, que ponía la atención en eso con la intención de transformar el mundo o de evidenciar ciertas cuestiones. Y vi que, haciendo eso, no había un cambio real. Podía afectar en un momento, o tocar la sensibilidad, pero no generaba una acción en quien lo veía. Al final, lo que me interesa es cómo podemos hacer un mundo mejor y para eso necesitamos un darnos cuenta y también acción. Y yo me planteé hacer eso con mi obra artística: hablar de lo sensible, de la vulnerabilidad, transmutar y generar belleza.

“La cuestión es estar llena de amor propio, del que se emana. Por eso también Miss Prosperity habla del amor a una misma y esto es extensible a las personas”

Elena Menéndez, Miss Prosperity
Foto: Mariana Pérez Panizo

-Desde tu punto de vista, ¿cuál es el espíritu de una mujer empoderada?
-Pues no como una energía desde la soberbia, desde el “porque yo lo valgo”. Quizá es necesario transitar esa sensación en un momento, sobre todo cuando vienes de un lugar de baja autoestima o más carencial. Hasta que la balanza se equilibra hay una pendulación y está bien, no pasa nada. La cuestión es estar llena de amor propio, del que se emana. Por eso también Miss Prosperity habla del amor a una misma y esto es extensible a las personas: yo me quiero y eso hace que pueda quererte más a ti y a cualquier persona que me encuentre por el mundo. Desde ese punto de estar llena de mí, no estoy carencial, ni mendigando amor, no estoy desconfiada sino todo lo contrario: estoy expansiva, centrada en mis proyectos, abierta… se me abre un mundo de posibilidades.

-En tu web aseguras que “las mujeres pueden aportar su grano de arena para cambiar el mundo desde el único lugar que es posible generar cualquier cambio: una misma”. ¿Qué es lo que tú aportas a ese cambio?
-Yo diría que inspiración. El tratar de ser congruente con eso que digo, darme cuenta de cuando no lo estoy siendo y volver a ese camino porque todo esto es ensayo y error y ser congruente todo el tiempo, es bastante complicado, lo bonito es ir dándonos cuenta y volviendo a ese lugar de congruencia interna, alineadas con nuestros valores. Sí, creo que tiene que ver con ser y vivir mi propia verdad, encarnar eso que estoy diciendo y, por supuesto, desde la creación. Creo que puedo aportar inspiración para un mundo más libre, plural, más sensible, bello y amoroso.

“Diría que en cada una de nosotras están no solo mujeres, sino infinitos hombres, personas… Ya en la filosofía oriental se habla de los dos principitos “masculino y femenino” que conviven dentro de cada persona”

-¿Por qué Miss Prosperity es una mujer especial?
-Porque es consciente, vive en presencia. Porque está abierta a lo nuevo sin olvidar de dónde viene y está dispuesta a repensarse, a mirar las cosas con ojos nuevos, a tener en cuenta el input que viene de fuera a través de lo que le están diciendo o está viviendo. Es una mujer especial porque está aquí y ahora.

-¿Cuántas mujeres dirías que caben en una?
-Infinitas. No siempre son compatibles, pero ahí está la gracia. Hay veces que matas a unas, transformas a otras, llegas a acuerdos en la transmutación… Y diría que en cada una de nosotras están no sólo mujeres, sino infinitos hombres, personas… Ya en la filosofía oriental se habla de los dos principitos “masculino y femenino” que conviven dentro de cada persona, y me parece otra cuestión interesante para rescatar.
Sin duda, dentro de mí ya viven los hombres que han formado parte de mi linaje y que ya no están físicamente, todos ellos están ahí y los tengo muy presentes en el día a día. Esto me parece importante resaltarlo, porque hasta que no integremos esto dentro de nosotros no lo vamos a hacer en la sociedad. Quizás la dificultad está en cuántas etiquetas ponemos a lo que es femenino y lo que es masculino, y cuánto excluimos a unos u otros. Categorizamos y separamos, y yo hablo de todo lo contrario: de integrar.
El principio es equilibrar estas dos energías dentro de cada uno de nosotros y entender que cosas que se han atribuido a hombres o mujeres, no son patrimonio exclusivo de unos u otras. Hay mucho componente cultural que, si lo cuestionamos, podemos ver que todos podemos ser todo. Somos un engranaje y formamos parte de él.
Es que, al final, si observamos la naturaleza vemos que en una gota de agua está todo el océano y nosotras también somos parte de la naturaleza.

Video de la exposición “Recalculando Ruta”.

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