Santiago Jiménez y Spider-Man: un pediatra, varias misiones

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Santiago Jiménez Treviño, el pediatra Spider-Man del HUCA
Fotos cedidas por Santiago Jiménez
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Santiago Jiménez Treviño es pediatra especialista en Gastroenterología infantil en el HUCA (Hospital Universitario Central de Asturias). Hasta aquí, todo normal. Tiene sus consultas, sus guardias, los servicios de urgencia… pero, cuando todo esto acaba, Santiago se transforma en Spider-Man y entonces ¡todo cambia!

Habla de cada niño llamándolo por su nombre. Te cuenta sus historias y su voz transmite perfectamente la alegría o la tristeza de cada uno de ellos. Santiago no es un médico convencional. Enamorado de Spider-Man y de Star Wars, pertenece a la Legión 501 y, en sus ratos libres, se disfraza de este súper héroe y visita a los niños ingresados o a los que están recibiendo tratamiento en el hospital de día.

Cloe pasa de Santiago porque para ella es “ese médico que le da la vara y le pone el tratamiento”, pero está doblada con Spider-Man. Le encanta que la vaya a ver y jueguen a las cartas o que, simplemente, charlen un rato. Andrea descubrió la identidad secreta de Santiago, pero, aun así, le encantaba que la visitase disfrazado porque es una enamorada de Marvel y tenían conversaciones interminables sobre comics o pelis. Alberto le confesó a su madre que el día que la Legión 501 entró en su habitación, aunque estaba muy malito con los efectos de la quimio, fue el mejor de su vida. Las historias son innumerables y todas ellas tienen un denominador común: la empatía. Santiago reconoce que recibe más de lo que da y que, aunque se lleve disgustos porque no siempre las cosas salen bien, pesa más lo positivo que lo negativo.

Santiago Jiménez Treviño, el pediatra Spider-Man del HUCA

-¿Qué fue lo que te hizo ponerte por primera vez el traje de Spider-Man?
-Todo esto empieza realmente porque mi hermano, que también es médico, entró en la Legión 501. Es una asociación de fans de Star Wars que nos dedicamos a caracterizarnos como los personajes de la saga, normalmente, con un trasfondo benéfico. Las misiones que llevamos a cabo son, por ejemplo, marchas en favor de alguna asociación, otras veces venimos al hospital a visitar a los niños, hicimos el calendario con los niños del Síndrome de Down… Cuando lo vi a él me di cuenta de que molaba mucho porque, ya no es que casi te lo creas tú sin necesidad de ser un niño, sino que ves cómo reaccionan ellos y eso fue lo que me hizo meterme en esto. De primeras, como estos trajes son muy caros, y también llevo coleccionando cómics de Spider-Man desde los trece años, decidí comenzar con un disfraz de este personaje que tenía un precio más razonable. Aunque el primer traje estaba bien, era muy sencillo y, con el paso del tiempo, ya me fui haciendo con otros más cañeros que son como los que ves en los cómics o las películas. Cuando visitas a un niño y ves que se lo cree, te das cuenta de la ilusión que les genera. Ves que le viene bien y que, efectivamente, le aporta algo. Ahí es cuando empiezas a engancharte.

 

-¿Quién tiene más poder de curación, el pediatra o Spider-Man?
-Hay que compatibilizarlo todo. Al final te acabas haciendo amigo de ellos. Cuando están en la edad en la que creen, que es entre los cuatro y los nueve años, procuro no desvelar mi identidad secreta para que no se pierda la magia. Con los más mayores, como ahora Marvel está muy de moda, también les gusta que les visite, pero ellos ya son conscientes de que soy alguien disfrazado. En cuanto tengo un hueco libre me voy a pasar un rato con ellos, charlamos, jugamos a las cartas o hacemos cualquier cosa que les haga salirse de la dinámica de estar ingresado. Como les digo siempre a los residentes, no hace falta ir disfrazado, simplemente es implicarse un poco más de lo normal. Estos niños que están semanas hospitalizados, el sacarles de la rutina normal, que hablen con alguien que no sea su madre o su padre, ya les aporta un poco de desconexión. Soy una persona bastante empática y me doy cuenta de cuándo a un niño le estoy aportando algo o no, así que suelo seleccionar. Con los que veo que les da igual o no les gusta Spider-Man, no insisto más.

“Cuando visitas a un niño y ves que se lo cree, te das cuenta de la ilusión que les genera. Ves que le viene bien y que, efectivamente, le aporta algo. Ahí es cuando empiezas a engancharte”

-Después de una guardia de 24 horas, te vistes de Spider-Man y visitas a los niños. ¿El compromiso va más allá de la parte médica?
-Efectivamente. Sales tarde de trabajar, te vistes y vas. Hubo una niña que se llamaba Eva que estaba en trasplante y en esas habitaciones no se puede entrar de manera normal. Se necesitan medidas de aislamiento, pero yo sí podía hacerlo. Así que todos los días me cambiaba, entraba en la habitación y echábamos una partida a la Nintendo, charlábamos o jugábamos a las cartas. Sabía que a ella le gustaba así que, al final, te implicas tanto para lo bueno como para lo malo.
Hace un par de años, en mi cumpleaños, Eva publicó en su Instagram que me agradecía muchas cosas y que, a veces, echaba de menos estar en el hospital por verme y que recordaba lo bien que se lo pasaba jugando o charlando conmigo. Esta es la parte positiva, la negativa es cuando no salen adelante; sufres si de repente hay malas noticias como una recidiva o si se ponen malos. Son pacientes que yo de mano, probablemente, ni atendería ni sería su médico y, de repente, soy amigo de él y de la familia. Te llevas muchas hostias.

-Y eso, ¿cómo se gestiona?
-No sé si a veces es un poco de masoquismo. Sé que las cosas pueden ir mal y que me voy a llevar el disgusto, pero me parece más lo positivo que le aporto al niño que lo negativo que yo me llevo a casa si las cosas se tuercen. Concretamente ha habido algunos que han sido un disgusto muy grande. De estar llorando muchos días y fastidiado semanas, pero insisto en que lo bueno supera a lo malo. Pienso en esas familias que están súper agradecidas y ya no necesito más.

“Estos niños que están semanas hospitalizados, el sacarles de la rutina normal, que hablen con alguien que no sea su madre o su padre, ya les aporta un poco de desconexión”

-¿Dirías que hay un Santiago Jiménez pediatra y un Santiago Jiménez Spider-Man?
-La verdad es que no. Digamos que utilizo mi identidad secreta. Me gusta mucho ocultarme detrás de la máscara porque hago un poco más el tonto. Separo las identidades con los niños que no saben quién soy para evitar que lo descubran. En el día a día, he fusionado los dos papeles, y al final, creo que Spider-Man me ha ayudado mucho también como pediatra y como persona. Me ha aportado un montón y muchas veces parece que es un sacrificio y para nada. Si no me aportara algo, probablemente no lo haría. Me gusta saber que estoy ayudando a ese niño y además me divierto mucho disfrazándome o hablando con ellos, aunque no tenga el traje puesto. Soy súper feliz en mi trabajo y gran parte de ello es porque puedo hacer esto. Hace quince años no lo hacía y era feliz, pero no tanto como ahora. Me completa mucho. Es una forma más de ayudar y de implicarme.

-¿En qué persona te ha convertido?
-No sé si me he vuelto mejor persona o si he madurado, pero la realidad es que, en la consulta diaria, he notado un cambio en los últimos diez o quince años hacia ser cada vez más empático con los pacientes y las familias. Intento que todo el mundo salga de la consulta contento y a lo mejor yo no le puedo dar una solución, pero por lo menos le explico las cosas bien y se marchan diciendo que les atendió un buen médico. No lo digo con ninguna chulería, pero con la gente que contacta conmigo, tanto en urgencias como en una guardia en las que a veces estás un poco más cansado, trato de ser lo más amable y simpático posible. Hay que ponerse en la piel de la otra persona y muchas veces los turnos largos, las guardias o el exceso de trabajo hacen que no lo hagas. El que está enfrente viene porque tiene un problema que le preocupa y, a veces, los médicos no sabemos verlo y pensamos que es una exageración o que está preocupado por una tontería. Yo trato de evitar eso y lo estoy consiguiendo. Lógicamente los años también ayudan y no es lo mismo cuando sales de la residencia que cuando ya tienes cierta madurez y experiencia.

“He notado un cambio en los últimos diez o quince años hacia ser cada vez más empático con los pacientes y las familias. Intento que todo el mundo salga de la consulta contento y a lo mejor yo no le puedo dar una solución, pero por lo menos le explico las cosas bien”

-¿Reivindicas la empatía como una de las mejores medicinas?
-Sí. Creo que es fundamental. Evidentemente no lo es todo porque tampoco te vale de nada que tu pediatra sea súper simpático si no te soluciona las cosas y al revés. Si eres el puto amo de la pediatría, pero eres un borde, tampoco estás haciendo una medicina adecuada porque no estás dando un trato correcto a nivel de lo que te exige la profesión y los pacientes. Para solucionar esto está, por un lado, la empatía y por otro el estudio, saber cada vez más y estar al día.

-Lo que tú das, ¿es lo que después recibes por parte de tus pacientes?
-Claro. La realidad es que, a nivel personal, si tú eres una persona amable, cordial y sonríes a la gente, lo que te encuentras enfrente suele ser mejor. Si eres un tío borde que está mirando para el ordenador, ni miras al paciente, no tratas de conectar con él y te dedicas a ser un escritor de recetas o de informes, pues probablemente no darás un buen servicio y, cuando llegues a casa, tampoco notarás ningún tipo de satisfacción por tu trabajo. Si tratas de hacerlo lo mejor posible y de ser mejor en el trato, por el otro lado también recibes lo mismo y te marchas de la consulta mucho más satisfecho.

“Sé que las cosas pueden ir mal y que me voy a llevar el disgusto, pero me parece más lo positivo que le aporto al niño que lo negativo que yo me llevo a casa si las cosas se tuercen”

Santiago Jiménez Treviño, el pediatra Spider-Man del HUCA-¿Dirías que eres un médico convencional?
-No, para nada. Por un lado, está el tema de los disfraces, pero, respecto a la parte de la consulta del día a día tampoco lo soy. Creo que hay muchos compañeros que no hacen las cosas bien respecto a la cuestión de la empatía y de preocuparse un poco más por el paciente. Pero, por suerte, también hay muchos como yo y la medicina está cambiando. Hace veinte años los médicos eran una especie de semi-dioses que estaban por encima del bien y del mal. Fíjate que tuve un profesor en la carrera que decía que los médicos éramos superiores a los demás. A mí, ya de estudiante, aquello me parecía llamativo. Ahora mismo hay una corriente de gente que piensa más en mi línea y se va abandonando la figura del médico que te decía con superioridad “yo sé qué tienes, esto es lo que hay y, si no estás de acuerdo, adiós”. A veces no todo es blanco o negro. Hay que intentar adaptarse a muchas cosas del paciente, buscar un trato más humano, implicarse y esto sí que es una tendencia.

-Cada enfermedad tiene su protocolo de acción, pero las realidades de cada familia ¿aportan un ingrediente que hace que cada caso sea diferente?
-¡Ese es el problema! En determinadas enfermedades, sobre todo si son crónicas, complejas y el pronóstico es más importante, cada niño es un mundo. Decía mi maestro Eduardo Ramos que a su vez le decía su maestro que, en algunos casos, no hay enfermedades sino enfermos. En algunas patologías a Pepito le viene bien este medicamento y el protocolo dice que se le ponga, pero a él le sienta mal, o en este caso no lo puede tomar porque su familia se olvida de dárselo. Muchas veces, hay que adaptar la medicina a las circunstancias sociales y eso es complicado. Los protocolos son fundamentales porque están basados en la evidencia científica, pero no siempre los puedes seguir paso a paso. Hay que tener la cabeza preparada para adaptarlos a la realidad de tu paciente.

“A veces no todo es blanco o negro. Hay que intentar adaptarse a muchas cosas del paciente, buscar un trato más humano, implicarse y esto sí que es una tendencia”

-¿Siempre un paso por delante?
-A veces no puedes, pero siempre le digo a los residentes que cuando estás ejecutando el plan A, tienes que tener el B preparado en la recámara. Además, yo lo pongo en los informes porque luego, a los tres meses, cuando lo vuelva a ver, no me acuerdo de lo que había pensado. Cuanto más escribas mejor. De esa forma tú tienes claro lo que quieres hacer y también lo tiene la familia, el pediatra de Atención Primaria y todos los que entren en contacto con ese paciente.

-Se habla mucho de humanizar el hospital y la sanidad. Acciones como la tuya ¿lo hacen?
-Yo creo que sí. Hay muchas formas de humanizar y la primera es en la consulta del día a día. Muchas veces algún residente me dice que también quiere disfrazare y siempre le digo que no es necesario, que cada uno tenemos nuestra forma de hacer las cosas y que lo único que hace falta es que se implique un poco más o, simplemente, lo necesario. Empieza por escuchar al paciente, por no pensar que tú ya lo sabes todo y que lo que dice él es una burrada. Y, si lo es, rebáteselo de manera adecuada o repítele lo que le estás explicando hasta que lo entienda. Simplemente teniendo un trato cercano y empatizando con ellos, estás humanizando.
Hay muchas cosas que se pueden hacer para que la estancia, y en concreto en pediatría, sea mejor. Spider-Man es una parte igual que lo son los Payasos de Hospital o las profes del aula hospitalaria que son maravillosas y que, probablemente, sean el pilar fundamental de la humanización. La enfermera, la auxiliar, la limpiadora que trabajan en la planta de oncología pediátrica, son las primeras que están humanizando; si tú sientes que la enfermera que viene es una borde y tienes que estar tres semanas ingresado con pinchazos que duelen, analíticas, pruebas y otro montón de cosas, la estancia es un calvario. Pero si la enfermera te sonríe y después viene el payaso, aunque solo sean diez minutos, ya es un tiempo que te abstraes.

“Aunque soy un firme defensor de la sanidad pública, entiendo perfectamente que, si te lo puedes pagar, te acabes yendo a la privada. Pierdes la universalidad de la atención, pero ganas en salud”

Santiago Jiménez Treviño, el pediatra Spider-Man del HUCA-¿Te gusta el hospital en el que trabajas?
-Sí. Estoy muy contento aquí. Tiene muchas cosas mejorables, pero creo que se hacen las cosas bien, por lo menos en mi servicio. Soy fan del HUCA.

-¿Y la sanidad de la que formas parte?
-La sanidad tiene muchos problemas y creo que han empeorado mucho desde la pandemia. Problemas que ya estaban antes y que ahora salen a la luz como todo lo que está pasando con Atención Primaria. Un médico tiene que ver a cincuenta o sesenta pacientes al día y tiene cinco minutos para cada uno. ¿Cómo va a dar atención adecuada si prácticamente no le da tiempo ni a saludar? ¡Es imposible! Para hacer una medicina de calidad necesitas tiempo. Hay menos personal del que debería con lo cual, si tú tienes un problema con tu hijo y te dan cita para dentro de varios días, y aun encima puede que la consulta sea telefónica pues, lógicamente, acudes a urgencias que por lo menos sabes que lo va a ver alguien. Con lo cual, el servicio se colapsa. Yo lo entiendo perfectamente. Hay muchas especialidades que tienen una lista de espera enorme y no puede ser. No puede suceder que una persona esquiando se rompa el ligamento y le den cita para el traumatólogo dentro de tres o cuatro meses, luego tarde un año en hacerse la resonancia y otros tres meses para que el traumatólogo le vea los resultados. No soy gestor, pero te pones en el lado del paciente y ves claramente que esto no funciona bien. Aunque soy un firme defensor de la sanidad pública, entiendo perfectamente que, si te lo puedes pagar, te acabes yendo a la privada. Pierdes la universalidad de la atención, pero ganas en salud. Reconozco que para mí es un poco más fácil al estar en pediatría especializada de hospital porque, aunque tengo muchos pacientes, tengo tiempo para ellos. Trabajé en Atención Primaria y ahí tenía a cincuenta o sesenta pacientes en una mañana. Si tienes ese volumen es imposible que humanices nada. Sobrevives a poder verlos a todos en un tiempo aceptable.

“En determinadas enfermedades, sobre todo las más graves, el sistema público funciona increíble. Que no te quepa ninguna duda de que si tienes un cáncer, en la pública vas a estar mucho mejor”

-Aunque tiene un amplio margen de mejora, ¿existe una valoración del sistema que tenemos?
-En determinadas enfermedades, sobre todo las más graves, el sistema público funciona increíble. Que no te quepa ninguna duda de que, si tienes un cáncer, en la pública vas a estar mucho mejor. Las operaciones, la quimio, las consultas… Todo va a funcionar relativamente rápido. Como la 501 es una organización internacional, tengo amigos de otros países que están viviendo situaciones muy potentes. Conozco un chico alemán con cáncer de pulmón que estaba agobiado porque no sabía si se podría pagar la quimio. No solo te preocupas porque tienes un cáncer sino también porque no sabes si vas a poder pagar las facturas o si, a lo mejor, tienes que tomar una quimio más barata que no es la mejor. Esto es súper dramático y en este sentido no nos damos cuenta de lo que tenemos y de cómo funciona. Ahora bien, en la enfermedad que no es tan grave pero sí incapacitante, las esperas son desorbitadas.

-¿Qué vínculo tienes con la Asociación Deporte vs Cáncer Infantil?
-En verano hacemos un desfile en San Juan de la Arena para recaudar fondos para Deporte vs Cáncer Infantil, que es una asociación que fundaron los padres de un niño que se llamaba Manu. Él fue uno de los mayores disgustos de mi vida porque tenía mucha relación con él y con su familia. Era un niño con leucemia y estuvo muchos años malito; desde los dos hasta los diez que falleció. Por culpa mía, a Manu le empezó a gustar mucho Star Wars y eso se convirtió en su vía de escape. A nosotros nos llaman para los preestrenos de las películas y nos lo llevamos a Madrid con la Legión; cuando había desfiles venía y le encantaba estar entre bastidores. Empezamos a organizar este desfile en San Juan de la Arena y estaba el primero conmigo. Fíjate que en el último que él estuvo, ya no podía ni caminar y lo hizo a hombros de un voluntario, pero sus padres me dijeron que fue como una recarga de pilas para él. Murió una semana después.

“Llevo leyendo comics desde hace más de treinta años, me encanta el personaje y ahora resulta que, para muchos niños, soy Spider-Man. ¡Mola un montón!”

La Legión 501 en el HUCA-También organizas las visitas de la Legión 501 en el HUCA. Debéis poner el hospital patas arriba…
-Normalmente no, pero en una ocasión sí hubo mucho revuelo. Salió en prensa, vino Chewbacca que es muy llamativo porque mide dos metros y pico, Darth Vader … Ese día, entre otros, visitamos a un niño que se llama Alberto al que yo ya había ido a ver disfrazado de Spider-Man. Unas semanas después de la visita me llegaron las enfermeras de la planta con una carta que me había dejado su familia. Con la carta venía un dibujo del niño con todos los que habíamos entrado a la habitación disfrazados y la madre nos escribía para que nos diésemos cuenta de lo importantes que eran esas visitas para ellos. Ese día, Alberto había estado con la quimio a tope, vomitando y bastante mal, pero, por la noche, le dijo a su madre que había sido el mejor día de su vida. No hacía más que preguntarle dónde habría dejado aparcada Chewbacca su nave o qué tipo de calzado usaría con esos pies tan grandes. Estas cosas son las que te hacen seguir adelante con todo.

-¿Spider-Man mantiene viva tu parte de niño?
-Sí, claro. Yo creo que los frikis, en general, tenemos una parte de niño bastante desarrollada. Si te das cuenta todos estamos jugando con muñequitos, disfrazándonos y aunque busques un trasfondo solidario, al final, es algo que nos gusta. Date cuenta de que yo llevo leyendo comics desde hace más de treinta años, me encanta el personaje y ahora resulta que, para muchos niños, soy Spider-Man. ¡Mola un montón! Por supuesto que hay una parte de niño en todo ello. Además, tienes una máscara que hace que puedas desinhibirte y hacer “tonterías” que, a lo mejor, no podrías hacer sin disfrazarte.

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