Cándida Martínez. “El niño que pierde la imaginación se convierte en adulto antes de tiempo”

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Cándida Martínez Montequín junto a la portada de su cuento ¿Quién se come la manzana?
Cándida Martínez Montequín junto a la portada de su cuento / Foto cedida por Cándida Martínez
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Una niña y una hormiga discuten por una manzana y cuando todo se complica aparece la mejor de las soluciones. ¿Quién se come la manzana?, el último cuento de esta escritora ilustra, acompañado de unas bellas imágenes, lo que significa compartir y trabajar en equipo.

Cándida Martínez Montequín es natural de Colloto, y aunque la vida le ha llevado a viajar por diferentes lugares y trabajar lejos de casa su corazón sigue siendo asturiano. Como azafata de atención a pasajeros, en un vuelo de Bilbao a Asturias creó su primer personaje: el león Pepo. Este felino tan especial, aficionado a la lectura y a contar historias presenta ahora el nuevo trabajo de la escritora.

-¿Cómo nació en ti el interés por la literatura infantil?
-Tuve una etapa en la que viví en Ibiza, y aquellos inviernos allí me despertaron el interés por la creación literaria. Empecé con el género de la poesía, pero coincidió que se acercaba el cumpleaños de uno de mis sobrinos que tenía entonces cinco años, y quise escribirle un cuento. Y de aquel cuento surgió Pepo, un león con orejas de gato y patas de pato. Más adelante pedí una ilustración del cuento a una imprenta y así nació como personaje. A partir de ahí me centré en acabar la historia y en reunir las imágenes necesarias para publicarla; como no encontré respuesta en editoriales finalmente lo autoedité. Hice varias presentaciones en ferias del libro como LibrOviedo y en bibliotecas, la respuesta fue muy buena.

Cándida Martínez con el león Pepo
Cándida Martínez con el león Pepo / Foto cedida por Cándida Martínez

-¿Tu maternidad ha sido un acicate para esta aventura literaria?
-En el momento de nacer mi hija Sara tuve un parón, pero ahora tiene cinco años y a la vez que va creciendo me da ideas y yo me sumerjo de lleno con ella en el mundo infantil. De hecho, ¿Quién se come la manzana? surgió en la guardería, porque con motivo del Día del Libro necesitaban participación de los padres para hacer cuentacuentos. Sara tenía 3 años, le costaba compartir sus juguetes y yo veía la problemática de la posesión, de ahí surgió el cuento, aunque luego lo cambié para también incluir el tema del trabajo en equipo. A las educadoras les gustó mucho, hicimos con los padres un taller de títeres sobre él, desarrollamos el cuento con teatrillo y acabamos plantando un manzano en el patio. A partir de ahí me decidí a enviarlo a editoriales.

-¿El objetivo de este nuevo trabajo es transmitir valores?
-Sí, además justamente nos coincide en una época difícil, porque tanto en la guardería como en el colegio hemos enseñado a los niños a compartir, a respetar las emociones del otro y tener actividades para trabajar en equipo y ahora, a raíz del Covid 19, hay niños que están confundidos porque no pueden compartir las cosas. Tenían ese aprendizaje y ahora con la pandemia hay una distorsión, pero tenemos que seguir reforzando esa idea aunque momentáneamente no se puedan seguir compartiendo cosas o espacios, y aclarar la confusión que puedan tener los niños.

“Hemos enseñado a los niños a compartir y a trabajar en equipo pero ahora, a raíz del Covid, hay niños que están confundidos porque no pueden hacerlo”

-Un mensaje necesita ilustraciones adecuadas para calar en los lectores ¿Cómo llegaste a los dibujos de Rocío Koizumi?
-La editorial Babidi-bú tiene muchos ilustradores colaboradores, alrededor de 400, y yo fui uno a uno viendo sus trabajos para ver cuál podía encajar en la historia de ¿Quién se come la manzana? Coincidí con varios que me gustaban, pero cuando Rocío me envío el primer boceto, además de gustarme su línea, me resultó familiar. Ella es diseñadora textil y en Colloto hay una tienda que vende su ropa y la reconocí. Justo en ese momento ella quería abrir un nuevo campo con la ilustración de un cuento y ha sido una gozada trabajar con ella.
En el cuento tan importante es el texto como lo son las ilustraciones, que suponen un 50%, y en este caso están gustando muchísimo.

-Resulta novedosa la inclusión de una receta de cocina en un cuento infantil ¿cómo se te ocurrió?
-A Sara y a mí nos gusta liarnos en la cocina, ella hace mezclas, experimenta, es algo que le gusta. Así que cuando pensé en hacer algo original me acordé de la cocina, porque esto permite a los niños ir creando. También es un guiño a comer fruta y continúa la línea de la manzana que es la protagonista de toda la historia.

-¿Qué recuerdas de tu etapa infantil, cómo eras de pequeña?
-He sido una niña con mucha imaginación. Tenía ocho años cuando descubrí el inglés en el cole y ahí se abrió un universo distinto que me enganchó. Siempre me ha gustado leer, los idiomas, los juegos de palabras…

¿Quien se come la manzana? es un cuento para niños de la escritoria asturiana Cándida Martínez

“Ha sido una gozada trabajar con la ilustradora Rocío Koizumi. En el cuento tan importante es el texto como lo son las ilustraciones, que suponen un 50%, y en este caso están gustando muchísimo”

-Algún título que haya marcado tu infancia.
-Rotundamente, si viajara en el tiempo me hubiera gustado conocer a Gloria Fuertes. Tengo una amiga que vivió con ella varios veranos y a mí me daban mucha envidia las anécdotas que me contaba. Para mí ha sido un referente.

-Tu profesión como azafata de atención al público te permite conectar con muchas personas y mundos diferentes. ¿Te ayuda en la construcción de historias?
-Sí, además desde hace unos años estoy cocinando también una novela para adultos. Lo voy haciendo a ratos y el trabajo me permite nutrirme, porque un aeropuerto es un micro universo donde ves todo tipo de personas, nacionalidades y situaciones, sin duda me aporta materiales.

-¿Qué diferencias encuentras entre escribir para niños o hacerlo para adultos?
-Yo creo que hay bastantes diferencias. La fundamental es que la literatura para niños es más visual y más concentrada mientras que en la de adultos se desgranan muchos más detalles y acciones.
Particularmente, la novela la estoy llevando al terreno del thriller y tengo que ir mandando píldoras de información para que el propio lector se vaya metiendo en la historia y encaje con los personajes. En este caso hay que ir desgranando poco a poco la historia. Resulta mucho más laboriosa, aunque es verdad que la infantil tampoco es sencilla.

“La sencillez nos permite disfrutar de la vida, y tanto en literatura como en otros ámbitos no se necesitan grandes cosas”

-No es sencilla, sin embargo, la sencillez y la fantasía son constantes de los cuentos infantiles. ¿Deberíamos recuperarlos también para los adultos?
-Sí, y además en todos los niveles. Esa sencillez nos permite disfrutar de la vida, y tanto en literatura como en otros ámbitos no se necesitan grandes cosas. Estoy de acuerdo contigo en la necesidad de sencillez, y también de naturalidad. Y a la vez que haya píldoras de imaginación porque puede tratarse de una historia cotidiana en la que se vea reflejado el lector, pero tiene que ser original.

-¿Con un aderezo de magia?
-A mí me encanta la magia y a los peques también. Cuando hice la presentación del león Pepo trabajé con varios magos porque pienso que todos los libros tienen que tener magia, tanto los de niños como los de adultos. Un referente en la literatura para los mayores es Salman Rushdie, el pionero del realismo mágico.

“No estamos respetando el aprendizaje natural de los más pequeños, hay que dejarles ser niños”

-A veces vemos en la televisión niños que parecen adultos en miniatura, y a menudo se espera de ellos una respuesta que no es acorde a su edad. ¿Les estamos robando la infancia?
-Sí, y es una pena. Lo veo en muchos casos, por ejemplo, hay centros educativos que tienen como lema de promoción que los niños leen a los 4 o 5 años; a mí este mensaje me pone los pelos de punta porque ya les estamos exigiendo unos resultados. Soy de las que creen en la evolución de cada niño según su propio ritmo. Les estamos pidiendo que lean a una edad determinada con lo bonito que es que cada uno vaya aprendiendo poco a poco, jugando con las letras, haciendo rimas… así ellos mismos van identificándose con los sonidos, las palabras y luego con las historias.

A los adultos se les olvida que tienen que ser niños y les pasamos demasiada responsabilidad. No estamos respetando su aprendizaje natural, hay que dejarles ser niños. A ellos les gusta jugar, experimentar y mezclar cosas. ¿Por qué en el cuento de Caperucita no puede aparecer un hada? El adulto pierde la imaginación y el niño que pierde la imaginación se convierte en adulto antes de tiempo.

-Como decía otra escritora infantil ¿los cuentos son como dulces con minerales y vitaminas?
-Sí, y además tienen mucha miga. Son parte del aprendizaje que reciben los pequeños y a mí me llegan comentarios de niños que tienen que leerlos todas las noches. Es una satisfacción poder transmitir esos valores, pero sobre todo que disfruten con la lectura.

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