Blanca Fdez. Quintana, escritora. “La religión no pudo con la mitología”

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Blanca Fdez. Quintana, escritora
Blanca Fdez. Quintana / Foto cedida por B. Fdez. Quintana
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Blanca Fdez. Quintana rompió moldes con Trovadoresca, el título premiado que la convirtió en la más joven novelista de la llingua asturiana. Y ahora, No que cinca los seres de lleenda, una historia basada en la mitología asturiana, le ha dado el I Premio Enriqueta González Rubín de narrativa joven.

La escritora asturiana es natural de Bimenes, aunque ahora vive a caballo entre Oviedo, donde tiene su residencia, y Tineo, el concejo donde imparte clases en asturiano en el instituto. Su compromiso con la llingua se hace más que evidente en esta joven autora que ya cuenta con dos publicaciones. La primera, una novela de realismo mágico L’home les caparines que bebe de orígenes celtas y grecolatinos, mientras que Trovadoresca, la segunda, apunta a una fantasía urbana en la que abundan brujas y supersticiones. El que será su tercer libro, el premiado No que cinca los seres de lleenda, también ahonda en el género de fantasía, aunque en este caso los seres de leyenda a los que hace referencia la autora son conocidos personajes de la mitología asturiana.

-¿Cómo nació ‘No que cinca los seres de lleenda’?
-Llevaba bastante tiempo queriendo hacer algo en base a la mitología asturiana. La primera vez que intenté escribir No que cinca los seres de lleenda tenía 17 o 18 años, ya entonces quería hacer algo de mitología que no fuera lo típico que te cuentan en el cole. En Primaria y Secundaria siempre nos decían que la xana siempre era muy buena, que el cuélebre no siempre era un dragón, que el nuberu controlaba las tormentas o que el trasgu te descolocaba las cosas de casa, pero en ningún momento nos explicaban que la mitología había nacido para explicar lo que no se sabía explicar y con el objetivo de meter miedo a los críos. A partir de ahí, con esa visión, fue como salió esta novela que inicialmente iba a ser un relato más sencillo sobre un crío que se tiene que ir a vivir a un pueblo y al que su abuelo siempre le contaba historias de leyendas y mitología.

“En Primaria y Secundaria siempre nos decían que la xana siempre era muy buena, que el cuélebre no siempre era un dragón, (…), pero en ningún momento nos explicaban que la mitología había nacido para explicar lo que no se sabía explicar y con el objetivo de meter miedo a los críos”

-¿Y en qué se transformó el relato inicial? ¿qué nos vamos a encontrar cuando se publique la novela?
-Al final el crío del que hablaba antes dejó escrito un manuscrito donde va contando leyendas y la historia familiar sobre el tiempo que pasó en Entrialgo. De esta manera, las leyendas llegan a su hijo o hija Ale, el o la protagonista, porque realmente no se llega a identificar el género. Como Ale está débil, el texto que escribió su padre, que ahora está desaparecido, se lo va leyendo su tía abuela que es quien tiene su custodia. En él le dice que todas las leyendas son verdad y que si nadie las cuenta van a acabar perdiéndose. Y de esta forma se van solapando los capítulos del manuscrito con los del libro que están ambientados en la época de los años 80 o 90, en un entorno minero en el que se refleja la suciedad de ese trabajo y cómo cuando salían de la mina los hombres iban a emborracharse al bar. También se menciona cómo los maestros de aquella época zurraban a los niños a diestro y siniestro, como le ocurrió al padre de Ale una y otra vez. Pero de momento, no se sabe con qué editorial se publicará, ni tampoco cuando saldrá.

-¿El libro cuenta historias basadas en personajes mitológicos asturianos?
-Sí, el padre de Ale le cuenta en el manuscrito las tres que considera más importantes porque no le da tiempo a contárselas todas. En la primera habla de cómo un vecino del pueblo encontró a una persona inconsciente en medio de un prado, cómo la llevó a su casa, le cambió la ropa y le dio de cenar. Cuando el paisano, que parecía que había caído del cielo, despertó al día siguiente le dijo al vecino que por su hospitalidad lo iba a bendecir a él y a su familia durante toda la vida, que nunca les iba a faltar una buena cosecha. El hombre, que llevaba un palo de madera, cuando volvió al prado donde apareció invocó una nube y se marchó volando, y al despegar se le cayó el sombrero. Cuando el vecino va al pueblo y cuenta lo que pasó le dicen que posiblemente lo que vio era un nuberu. Cuando el padre de Ale preguntó a quién le había pasado esto, el abuelo no quiso responderle, pero un día el chaval va al bar y entre la decoración del local hay un sombrero colgado y piensa que puede tener relación con esto.
La segunda historia sigue una misma línea, pero en este caso con un cuélebre, y la tercera está relacionada con las xanas.

“El nuberu, aparte de que me parece un ser mitológico muy interesante, es el que más se puede parecer a un mago”

-¿Por qué elegiste el cuélebre, la xana y el nuberu entre tantos seres mitológicos?
-En base al hilo argumental de la historia era los que mejor me encajaban. La Santa Compaña ya sale en mi primer libro (L’home les caparines), no quería repetir. Dudé con el trasgu y el busgosu, que puede dar mucho pie porque decían que violaban a las mujeres en los bosques, pero como originalmente concebí la novela para gente muy joven no quería tocar ese tema. El nuberu, aparte de que me parece un ser mitológico muy interesante, es el que más se puede parecer a un mago y me encajaba con hacer una historia en base a la hospitalidad, algo que siempre estudié en la filología clásica con la cultura griega. El cuélebre y la xana fueron deliberadamente escogidos. El primero siempre aparece guardando a doncellas sobre las que pesaba una maldición, pero a nadie se le ocurrió que podría haber otra posibilidad y es que, si estas mujeres están malditas, ellas mismas podrían ser en realidad el cuélebre. Y la xana porque la historia original que había pensado iba en la línea de las xanas que engañaban a los hombres y que cuando tenían un niño, lo intercambiaban con el de una mortal para que lo criaran como uno de ellas.

-En el manuscrito, el padre de Ale asegura que conoce muchas más historias que todavía no pudo contar, ¿podría haber una segunda parte?
-Quedan abiertas puertas porque podrían volver a Entrialgo a seguir investigando el tema, pero es verdad que el final queda bastante cerrado. En la novela, en cierto punto sale un diálogo en el que se dice que lo que pasa en Entrialgo no tiene que ser exclusivo de allí, que los seres humanos llevan siglos conviviendo con la magia y las supersticiones, que puede haber pueblos bendecidos o malditos y que puede haber fantasmas viviendo entre nosotros y no lo sabemos.
Lo que sí tengo es otra historia que vuelve a ser sobre un cuélebre, pero de momento lo tengo parado, algún día la acabaré. No descarto seguir con la mitología.

“Como explica Berto Peña en un documental, la Iglesia, en casi doscientos años, no consiguió que la gente dejara de creer en la mitología; en realidad esto ocurre cuando llega la televisión y la ciencia”

-¿Qué cara de la mitología muestras en este trabajo?
-Es una mitología muy humanizada, muy fuera de esos seres míticos que son A o son B, es decir, muy malos o muy buenos. Y van por ahí los tiros. La historia está muy unida al pueblo de Entrialgo, a la zona de la Chalana y a los sitios que menciona la canción; en el libro incluso aparece “El chalaneru”.

-¿Hay todo un filón literario en el imaginario asturiano?
-Está completamente desaprovechado. Yo no quise hacer mitología infantil, sí caí hacia el lado de la fantasía, pero si coges las recopilaciones de Berto Peña o la del canal Historia sobre mitología asturiana, ves que dan para muchas historias de terror. Hay seres, como el busgosu y la güestia, que son más oscuros, incluso el trasgu se podría interpretar como una posesión; con ellos perfectamente podrías tirar hacia una historia de este tipo. Stephen King coge leyendas y las transforma, y nosotros tenemos un montón de material, pero no lo hacemos.
Realmente la mitología empezó a flojear hace poco, en los años 50 y 60. Como explica Berto Peña en un documental, la Iglesia en casi doscientos años no consiguió que la gente dejara de creer; en realidad esto ocurre cuando llega la televisión y la ciencia. El encontrar explicaciones científicas a lo que hacían los seres mitológicos es lo que hace que empiece a perderse, pero la religión no pudo con ella.

“La cuarentena afectó positivamente ya que mucha gente que no encontraba el momento para escribir, lo tuvo. Espero que a través de concursos y editoriales vayan saliendo más autores jóvenes”

Blanca Fdez. Quintana
Foto cedida por B. Fdez. Quintana

-¿El género de terror es un nicho a explotar?
-Sí, además en la literatura en asturiano hay muy poco escrito y si hablamos de terror asociado a temas sobrenaturales, ya ni te cuento. Y es algo raro porque este tipo de literatura suele funcionar bastante bien, funciona en otras lenguas y aquí casi no hay.
Este año fui jurado en el concurso de Radagast, y la novela ganadora, La Vieya, encaja en el género de terror y tiene algo de mitología asturiana, aunque se inclina más hacia la celta.

-¿Por qué te has inclinado por el género de fantasía?
-Al principio, de pequeña, odiaba leer y lo que me gustaba era el cómic americano y japonés, también veía mucho Studio Ghibli, un estudio japonés de animación. En las películas de Chihiro había mucho realismo mágico y también sitios super verdes. Luego, cuando me aficioné a leer, caí por el género de fantasía con autores como Ursula K. Le Guin y sus libros de Terramar y con las profecías de las brujas de Maite Carranza. También me gustaban Carlos Ruiz Zafón o Michael Ende con La historia interminable y las historias de terror como Drácula.
Tengo cosas escritas de terror y estoy en proceso de seguir haciéndolo, pero primero empecé por lo fantástico porque fue lo que siempre me gustó. Cuando llegué a Secundaria vi que había muy pocas novelas fantásticas en asturiano. Me acuerdo de Fontenebrosa y de las Aventuras de Xicu y Ventolín, de Vicente García Oliva, pero fuera de eso no encontraba mucho más. Por eso, cuando empecé a escribir en asturiano y me planteé hacer novela, pensé en el género fantástico.

“El género de fantasía está mal menospreciado, conseguir premios con él es importante”

-Llama la atención ver a una escritora tan joven como tú en estas lides.
-Sí, esto me sirve para que me pongan ochenta ojos encima y me caigan críticas, algunas merecidas y otras inmerecidas, la verdad. En la literatura asturiana falta mucho por hacer, y ya al margen de la edad, hay muy pocas narradoras con novela, deben de ser un 10 o 15% de toda la producción, es muy triste.
Ahora mismo hay muy pocos autores jóvenes en asturiano. A veces lees comentarios de gente que dice que con menos de treinta años no se puede escribir una novela, a lo mejor estas cosas influyen, y echan para atrás. También hay que contar con momentos en los que resulta difícil escribir. Yo empecé colaborando con Formientu con dieciséis años, pero luego tuve un parón de escribir de cuatro o cinco años en los que estaba estudiando la carrera y apenas tenía tiempo libre. Ni siquiera hacía relatos, así que mucho menos pensar en escribir una novela. En este sentido, la cuarentena afectó positivamente ya que mucha gente que no encontraba el momento para escribir lo tuvo. Yo espero que a través de concursos y editoriales vayan saliendo más autores jóvenes porque no veo que tan pocas personas puedan ser un relevo generacional.

-¿Qué concursos o certámenes premian el talento juvenil?
-Está el Asturias Joven de Novela con premio en asturiano y en castellano, pero tengo la sensación de que es un premio que pasa bastante desapercibido y no tiene mucha participación, yo creo que es por desconocimiento porque es muy interesante.
Y ahora sacaron el Enriqueta Rubín limitado a escritores de hasta treinta años. La verdad es que hacía mucha falta porque hasta ahora apenas había posibilidades y acababas compitiendo con gente que lleva veinte o treinta años escribiendo. Antes de esto, la opción era el Xosefa Xovellanos de novela o el María Xosefa Canellada de literatura infantil y juvenil.

Trovadoresca y L'home les caparines, libros de la escritora asturiana Blanca Fernández Quintana

-Con la novela Trovadoresca ganaste un premio Radagast y ahora con No que cinca los seres de lleenda el Enriqueta Rubín. ¿Qué supone ir consiguiendo este tipo de reconocimientos?
-Cuando L’home les caparines era todavía un relato también había ganado un premio, entonces tenía solo diecisiete años. Dada la falta del género de fantasía en asturiano (es un género mal menospreciado), conseguir premios con él es importante, y más viendo el desajuste de mujeres que hay en la literatura asturiana. Y si a esto sumas ser una persona joven, todavía es más estímulo.
Con lo que escribo muchas veces tengo pánico y no esperaba ganar el Enriqueta Rubín, y muchos menos con un tema de mitología asturiana, ya que siempre me habían advertido que huyera de él. Me presenté porque era la primera vez que se convocaba este certamen, quería participar para contribuir a que hubiera futuras ediciones, así que cuando me llamaron me quedé a cuadros.

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