Vanessa Riesgo: “Los dólmenes me dan la vida, tengo una gran conexión con el megalitismo”

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Vanessa Riesgo junto al dolmen Arca da Moura, en Galicia
Vanessa Riesgo junto al dolmen Arca da Moura, en Galicia / Fotos: @paesica
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El invierno, con su manto blanco, es la estación preferida para esta ilustradora gráfica con vocación de arqueóloga. Es la estación ideal para contar, al calor del fuego, leyendas y costumbres de la Asturias rural y conocer un poco más a esta vaqueira. Con Vanessa Riesgo nos adentramos en ciertos aspectos del acervo cultural asturiano y su imaginario popular.  

Encontré a Vanessa en Instagram (@paesica). Supe que trabajaba de diseñadora gráfica en una empresa de comunicación en Oviedo pero sin renunciar a vivir en el pueblo, en concreto en Peñaullán, Pravia. Me llamaron la atención sus fotografías de paisajes nevados y las alusiones a los mundos imaginarios que podemos encontrar en territorio asturiano. También su amor por las piedras megalíticas expresado en bellas ilustraciones y la forma de hablar de quien siente orgullo por vivir en el rural, recogiendo el legado de sus antecesores. Todo esto y otras cosas invitaban a una conversación.

-Como ilustradora y fotógrafa, ¿qué pretendes transmitir a través de tus redes sociales?
-Intento que todo lo que haga lleve el filtro con el que yo veo el mundo, y que para la gente que siempre está metida en la ciudad, y que por diferentes motivos no puede escapar al monte o al pueblo, esto sea un portal a ese mundo. Que durante dos segundos, lo que yo veo, les permita desconectar de una vida urbanita y estresada.

“Mi abuela me contaba que el dolmen gigante que hay en La Cobertoria lo había hecho una ‘mora’, que es un ser mitológico que está asociado siempre al megalitismo”

-¿Qué es lo que más te motiva de tu faceta creadora?
-Lo que dibujo es lo que soy y como soy yo. Para bien o para mal, me gustan demasiadas cosas y tengo que darles salida. Y ya no es por una cuestión monetaria, es que desde pequeña necesito crear y si no lo hago, me muero, me mustio, dependo emocionalmente de ello. Cuando estoy de bajón salgo a hacer fotografías y cuando estoy feliz me pongo a dibujar.

“Creo cosas relacionadas con los dólmenes porque me dan la vida, tengo una conexión enorme con el megalitismo aunque sigo sin saber por qué”

-Los dólmenes y túmulos son muchas veces protagonistas de tus ilustraciones. ¿Por qué?
-Creo cosas relacionadas con los dólmenes porque me dan la vida, tengo una conexión enorme con el megalitismo aunque sigo sin saber por qué. De niña crecí rodeada de piedras por todas partes, jugando al escondite dentro de un castro. Alrededor del pueblo de mis abuelos en Salas hay cuatro dólmenes y cuando salíamos con el ganado por los prados pasábamos a verlos; era cuando mi abuela me contaba que el dolmen lo había hecho una mora que vino con una piedra y la puso ahí.
Para mí es algo normal, y una forma de darle salida a todo esto y de rendirle culto es dibujando, fotografiando o también haciendo cosas con cerámica, como estoy haciendo esta temporada.

-¿Esto explica el que te guste hablar con las piedras?
-Sí, recargo energías y baterías así, es increíble. Si tengo un mal día, me voy a pasar la tarde junto a un dolmen, me llevo el termo y me tomo un café. Hay una conexión que no puedo explicar, sigo sin saber qué es después de treinta y pico años rodeándome de piedras. Hoy pasé toda la tarde en el Museo Arqueológico y fui la mujer más feliz.
Otra droga dura que tengo en la vida es ir de hórreo en hórreo buscando tallas. Tengo algunas ilustraciones en las que convive el megalitismo con símbolos de paneras y hórreos estilo Allande. Mi padre trabajó toda la vida de soldador pero es etnógrafo y un vaqueiro enamorado del suroccidente asturiano, de ahí vienen muchas cosas. Como era pescador de alta montaña, he pateado con él todo Allande, Cangas del Narcea, Ibias, Degaña… íbamos a sitios increíbles a los que a veces solo se podía llegar en tractor. Por eso, en mí hay dos partes, una arqueológica y otra etnográfica, estoy formada por cachitos pequeños de todo esto.

“El ser humano cuando ve algo que no entiende crea una historia alrededor que es mitológica o sobrenatural”

-Si lo vemos desde el punto de vista de la mitología, ¿puede decirse que existen portales a otros mundos en Asturias?
-El ser humano, cuando ve algo que no entiende, crea una historia alrededor que es mitológica o sobrenatural, esto lo vemos mucho en lo referente al neolítico, en el megalitismo, en los dólmenes y túmulos. Hay que pensar que antaño había una sociedad rural que era analfabeta total, y aunque ya existieran los bachilleres, en los pueblos solo cuatro tenían cierto poder y podían estudiar. La gente no sabía cómo explicar que apareciesen unas piedras gigantes que salen de la tierra y que tienen una tapa por encima, que es lo que se ve en un dolmen. Mi abuela me contaba que el dolmen gigante que hay en La Cobertoria, el dolmen de la Campa de San Juan, lo había hecho una mora, que es un ser mitológico que está asociado siempre al megalitismo, aquí y en Galicia, donde se las llama Mouras. Las mouras siempre son mujeres con una fuerza sobrehumana que cargan piedras, y las llevan de un lado a otro, y hay muchos túmulos y dólmenes que se relacionan con ellas.
La gente del lugar, cuando no sabe darle sentido a lo que observa, crea una mitología, una serie de seres y leyendas alrededor de lo que no se puede explicar.

-¿Algunas historias son interesadas?, como la de seres mitológicos que asustan a los niños…
-Claro, a nosotros siempre nos hablaban del hombre del saco, pero es que en el siglo XV o XVI los niños no podían salir fuera de casa de noche porque se los podía comer un lobo, podían caerse o despeñarse. Ahora hay luz en todos los pueblos pero antes iban con candiles y ¿cómo conseguían que ese niño tuviera miedo a la oscuridad y no saliese?, pues creando seres asociados a esa oscuridad que den miedo. E igual que con el hombre del saco pasa lo mismo con la guaxa, una bruja que tiene un diente más largo y que si te muerde, te chupa la sangre.
La mayoría de los seres son creados a partir de hechos o momentos, como el Nuberu, que era para cuando había tormentas. También recuerdo que de niños, cuando tronaba, nos decían que los ángeles estaban jugando a los bolos y esto, aunque cristiana, también es mitología.

Vanessa Riesgo: "La nieve lo cambia todo, el paisaje, el significado de las cosas, que van mucho más lentas y debes amoldarte a lo que tienes"
«La nieve lo cambia todo, el paisaje, el significado de las cosas, que van mucho más lentas y debes amoldarte a lo que tienes»

-A través de las imágenes que subes a la red se puede deducir que el invierno, y en particular la nieve, es algo que te conecta y aporta algo diferente. ¿Sabrías explicar qué es?
-La nieve lo limpia todo, cuando nieva y todo se cubre con un manto blanco, aparece un lienzo en blanco. También da un poco de miedo porque es algo inhóspito y te hace ser consciente del poder de la naturaleza y de lo estúpido que puede ser el humano por intentar doblegarla, algo que va a ser imposible. Tú estás todo el año trabajando, cosechando, plantando, pero llega una época en la que no puedes hacer nada: estás de brazos cruzados, dependes de la naturaleza, de las horas de sol, de la oscuridad y también de la nieve y el frío. Por más que quieras no puedes luchar contra la naturaleza, puedes apañarte, pero ella va a ganar siempre. Esto al ser humano le baja los humos, y es algo que me gusta.
Hay zonas de Asturias en las que cuando nieva fuerte se va la luz, y hay ocasiones en las que se quedan sin agua porque todo se congela con el frío, pero es que es lo que toca vivir, no puedes con ello. La nieve lo cambia todo, el paisaje, el significado de las cosas, que van mucho más lentas y debes amoldarte a lo que tienes. Cuando murió la abuela de mis abuelos, que eran de Perlunes (Somiedo), el cuerpo de mi abuela estuvo cuatro meses congelado en una cuneta de un camino porque fue tan grande la nevada que no pudieron bajar con la caja.

“La nieve te hace ser consciente del poder de la naturaleza y de lo estúpido que puede ser el humano por intentar doblegarla”

-Una experiencia como esa parece recordarnos que también somos naturaleza, algo que no podemos olvidar.
-Y recuerda que no somos los protagonistas, solo somos parte de un entramado que hay enorme. Lo que tú hagas no es importante, lo importante es lo que haga ella. En un pueblo todo se para, no es como una ciudad, y personalmente me maravilla el silencio que trae la nieve. A no ser que vayas a sitios como Pajares, que se llena de gente, cuando sales a la montaña no escuchas nada, ni un pájaro, como mucho el crujir maravilloso de tus pisadas o algún trozo de nieve que cae de un árbol. Caminar por un bosque nevado donde solo estás tú es mágico, es una reconexión que para mí es necesaria.

-De alguna forma, ¿nos ayuda a conectar con una forma de vida más cercana al origen?
-Claro, porque al final, si nieva, te quedas en casa, enciendes la chimenea y esto genera que hables más con los que tienes al lado y que hagas cosas que antes no hacías. Mis bisabuelos aprovechaban para tallar o arreglar el calzado cuando nevaba. El ganado estaba estabulado y atendido, y ellos aprovechaban así el tiempo mientras ellas tejían o bordaban. Y de todo esto se crean los filandones, y esas noches largas al lado de la cocina de leña generan cuentos, leyendas e incluso cotilleos. Gracias a los temporales, a la nieve, tienes un tiempo que de otra forma no habría porque lo necesitarías para hacer otras cosas pero ya que se te da, aprovéchalo.

“Vivimos en una sociedad mega consumista donde todo es muy rápido y cuanto más, mejor, pero a veces, menos es más”

-Hablas en primera persona de una vida tejida de cosas sencillas, ¿la búsqueda de la felicidad pasa por no necesitar muchas otras cosas?
-Mi forma de ver la vida es esto, coger, preparar un termo de café e irme a caminar a la nieve. Vivimos en una sociedad mega consumista, donde es todo para ya, todo es muy rápido, y cuanto más, mejor, pero a veces, menos es más. Yo, al menos, no necesito más. Intento depender poco de ciertas cosas y tiendo a centrarme en lo básico y en lo sencillo, en cosas pequeñas, como irme a Somiedo con mi termo y desayunar a 1500 metros en medio de la nada, a mí eso me da la vida.
Mi vida es muy diferente a la de otras personas que viven en ciudad, y que si hicieran lo mismo, colapsarían. Esto tiene que ir acorde con la forma en que te hayan criado o acorde con tu forma de ver el mundo. Yo sigo haciendo cosas con las manos; mis abuelos hacían el queso Afuega’l Pitu y también veía a mi abuela y a mi madre hacer mermeladas, por eso cuando ahora las hago yo soy la mujer más feliz del mundo. Cada uno tiene que encontrar lo que le hace feliz.

-A veces en tus post haces referencia a seres de ficción… Personalmente ¿con qué te identificas más, con las brujas, magos, hadas, duendes o hobbits?
-Soy una loca de las series y los libros, especialmente del universo Tolkien. Me encantan los libros de Mundodisco, los mumings y crecí viendo El Señor de los Anillos; todo esto marca. Particularmente, me chiflan los hobbits, la forma de vida que tienen, el aspecto y los cuatro o cinco desayunos que toman si hace falta. Son comodones, les gusta leer y hacer manualidades. Hacen conservas, son grandes cocineros, tienen sus huertos y viven en valles, como yo en mi pueblo. No vivo en una cabaña bajo tierra, pero la mía es una casita chiquitita y llevo haciendo esa vida desde siempre.
Luego, en la saga de libros de Mundodisco hay una sección dedicada a las brujas y algunas de ellas pueden hablar con las abejas, pero es que en realidad esto es lo que hacen los abeyeros, los apiculturos asturianos que trabajan con ellas y las cuidan. Hay también una bruja que fabrica cerveza propia, algo que también me encanta hacer aunque no me salga bien, y otra que vive rodeada de túmulos neolíticos, que son la puerta que usa para entrar a otro mundo. Al final, vas asociando todo lo que es tu vida a personajes ficticios y te identificas con ellos.

“Me chiflan los hobbits, la forma de vida que tienen, el aspecto (…) Yo no vivo en una cabaña bajo tierra, pero la mía es una casita chiquitita y llevo haciendo esa vida desde siempre”

-Dado que te gusta tanto el invierno, ¿qué eventos o costumbres encontramos en Asturias en esta estación del año?
-En primer lugar, podemos hablar sobre la matanza, que permite no solo garantizar alimento durante el resto del año, sino que además es como una especie de acontecimiento social. Durante unos días se junta toda la familia, la que vive en la casa y la que llega de fuera, y se suman los vecinos que vienen a ayudarte, y que, al igual que tú, van de casa en casa ayudando. Ahora, debido al Covid esto es más difícil pero antes, en la zona de las brañas cercanas a Luarca, había familias que se quedaban una semana durmiendo en la casa donde se hacía la matanza.
Otra cuestión típica de esta estación es el Nataliegu y la quema del tronco de Navidad, que tuvo lugar en Nochebuena.

-¿Qué es el Nataliegu y cómo se representa?
-El Nataliegu se parece al árbol de Navidad, es un árbol con forma triangular creado a base de madera o ramas y que se engalana con lazos, velas… y del que también se cuelga comida; normalmente, cosas dulces como las rosquillas que aguantan un tiempo. También se puede engalanar con laurel, ramas de tejo o ramas de acebo.
Y en las casas que tienen chimenea o cocina de leña, en Nochebuena, se quema un tronco de roble, que es el Tuero de Nadal, y que viene a ser como el tronco de Navidad típico de los países nórdicos. Al día siguiente, en Navidad, coges los restos que han quedado de quemar ese tronco, el trozo más grande se puede regalar o conservar para quemarlo al año siguiente y las cenizas las repartes, las vas colocando por casa. También se puede poner un trocito sin quemar encima de la puerta de la entrada para proteger tu hogar, la casa y la familia.

Representacion del Ramo de Nadal y el Nataliegu
En primer lugar, representacion del Ramo de Nadal y el Nataliegu

-¿Estamos hablando entonces de un ritual de protección?
-Sí, porque es muy importante que a la casa no le pase nada, y la casa incluye la cuadra, los animales y las cosechas. Lo que se busca con todo esto es generar luz que ahuyenta la oscuridad, y también celebrar el cambio de la noche más oscura al comienzo de la luz, celebrar que la luz empieza a aumentar y van a acabarse las noches oscuras. Esto también está relacionado con las mascaradas de invierno que tienen lugar el día después de Navidad o de Año Nuevo, dependiendo de cada zona.

-Costumbres tan ancestrales como las mascaradas ¿están abocadas a desaparecer o, por el contrario, se observa un interés por su conservación?
-No creo que vayan a desaparecer, incluso diría que podrían ir a más. Mascaradas míticas como el Guirria, los Sidros o los Reises de Ibias y del Valledor están muy instauradas, mientras que en otros lugares, como Lena con los Aguilandeiros, cada vez se representan más. En Villapañada, en Grado, llevan todavía pocos años, pero entre Navidad y Año Nuevo se representa la cacería de un oso, al igual que hacen en Cantabria. Ese oso que cazan es la representación antropomórfica del invierno. El oso sale de la caverna cuando hay luz, y ellos lo sacan y lo encadenan para que no siga existiendo la oscuridad.

“Las muñecas de maíz se hacen en septiembre u octubre, que es cuando se recoge el cereal, en el tiempo previo a que llegue la oscuridad, y se asocian a la conservación de las cosechas”

Muñecas de hojas de maíz
Muñecas confeccionadas con hojas de maíz

-En tu Instagram enseñas las muñecas que se hacían antiguamente con las hojas de maíz.
-Sí, a nosotros nos las hacía mi abuelo, para entretenernos y para que no anduviéramos pisando la cosecha, con las hojas del maíz y cuatro hilos encerados que sobraban de la matanza. Este tipo de muñecas se hacen en septiembre u octubre, que es cuando se recoge el cereal, en el tiempo previo a que llegue la oscuridad. Se asocian a la conservación de las cosechas y son como una especie de tributo, aunque aquí no tanto como en Irlanda y Gales, en donde están asociadas a ciertas celebraciones paganas como solsticios y equinoccios. Asturias, por ser Atlántica, tiene más en común con países como Francia, los países nórdicos o los germánicos, aunque una misma raíz evoluciona de forma diferente en cada país.

-¿Las muñecas representan el espíritu de la cosecha?
-Sí, son su representación y también se hacen con centeno, trigo o escanda, lo que pasa es que en esta zona hay más maíz. En mi casa, cualquier tipo de cosecha que se plantase en primavera se recogía antes de Ánimas, el día de Difuntos, porque en Ánimas muere todo, la tierra entra en latencia, los días son más cortos y es cuando la gente se recoge en casa. Las muñecas que están en las casas son las que guardan el espíritu de la cosecha.

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