Ana Acevedo, agricultora finalista en el Programa TalentA. “El nuestro es un sector clave, hay que darle el lugar que se merece, que no lo tenemos”

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Ana Acevedo, agricultora y propietaria de Fabas La Estela
Ana Acevedo / Foto: Fabas La Estela
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La joven productora de faba asturiana ha obtenido el segundo premio entre 55 candidaturas en la primera edición del Programa TalentA. Lo consiguió con un innovador sistema de conservación de la faba fresca, un producto muy demandado por la hostelería, pero con una vida útil muy pequeña. El Programa es una iniciativa de FADEMUR y Corteva Agriscience cuyo objetivo es empoderar a mujeres rurales con proyectos agrarios o agroalimentarios.

Faba Fresh, así han denominado la joven de Villayón y su marido Sergio Suárez al sistema de envasado que han impulsado con la ayuda inestimable del Centro Tecnológico Asincar y que ha sido recientemente premiado.

Ana es ya la segunda generación de una familia de agricultores que tiene en Coaña la mayor producción de fabas y verdinas de la región. La galardonada recibió con alegría la noticia del premio y aprovechó la ocasión para reivindicar el papel de un sector, el primario, que se siente poco valorado.

-El premio fue concedido al proyecto Flor Galana. ¿En qué consiste?
-Flor Galana es una segunda marca que creamos hace un par de años y con la que principalmente comercializamos la faba con embutidos, es decir, los preparados que se utilizan para la fabada. Somos una empresa familiar que lleva muchos años produciendo fabas bajo el nombre de La Estela y debido tanto a cuestiones fiscales como organizativas nos interesaba tener una segunda marca y pensamos en Flor Galana, un símbolo celta que simboliza la fertilidad de la tierra y que está presente en muchos hórreos de Asturias. Flor Galana es parte y es indivisible de La Estela, porque al final es todo nuestro proyecto en conjunto. No hay diferencias de calidad entre las fabas de ambas marcas, solo que está última está más enfocada a este producto para no competir entre ellas.

Flor Galana es la segunda marca que creó Fabas La Estela y principalmente comercializan la faba con los embutidos necesarios para hacer la fabada / Fotos: Fabas La Estela
Flor Galana es una segunda marca de Fabas La Estela. Principalmente comercializa la faba con los embutidos necesarios para hacer la fabada / Fotos: Fabas La Estela

-¿Por qué elegisteis el campo de la faba verde para participar en el programa?
-El año pasado, mi marido y yo, decidimos involucrarnos en un proyecto de I+D+i con el Centro Tecnológico Asincar porque había un problema no resuelto en el sector de lo que se conoce como la faba verde, aunque debería llamarse alubia porque no está amparada por la IGP. Es un producto muy demandado, sobre todo por la hostelería, pero tiene una campaña muy corta porque la vida útil es de apenas unas horas a temperatura ambiente y solo un par de días refrigerado. La forma de conservarlo más allá es mediante la congelación.

Dado que alargar la vida del producto en fresco tampoco daría mucho más que una semana, decidimos que habría que enfocarlo al sistema de congelado y así poder ofrecerlo los 365 días del año. Se trataba de hacer lo que ya veníamos haciendo de una forma menos sofisticada, pero ahora con una tecnología de envasado específica, que nos garantizase la conservación de todas las características organolépticas a lo largo de todo el año.

“Nunca imaginé que trabajaría en el campo… fue la vida la que me llevó aquí y estoy muy satisfecha, no me arrepiento para nada”

-El detonante para conseguir el premio TalentA fue el proyecto de I+D+i. ¿Cómo fue el proceso?
-Trabajar con Asincar es sencillo, ellos te lo ponen todo muy fácil. En el momento en que decidí hacerlo solo tuve que preparar las muestras de producto y ellos se encargaron de realizar las distintas pruebas en base a materiales, sistema de envasado, procesos de congelación y ultracongelación, etc. Una vez que tienen varias decenas de variables se hacen las catas y cuál fue nuestra sorpresa al comprobar que hay una grandísima diferencia cuando el producto se congela con vacío a que se haga sin él. Ya es un producto súper valorado en condiciones normales, congelado en una bolsa convencional, así que cuando llegue al hostelero con este nuevo sistema de envasado que conserva mucho mejor sus características organolépticas, la demanda va a ser todavía mayor.

Ana Acevedo, en el centro, con el 2º premio del Programa TalentA
Ana Acevedo, en el centro, con el 2º premio del Programa TalentA

-¿Qué supuso ser finalista entre proyectos de toda España?
-Quedé la segunda y lo primero fue una sorpresa muy grande porque no me lo esperaba para nada. Lo segundo, una satisfacción enorme porque el que reconozcan tu trabajo siempre es grato y además te lleva a reflexionar que de algún modo estás haciendo bien las cosas. Como tercera cosa, la publicidad conseguida, muy importante para empresas tan pequeñas como la nuestra. La repercusión en medios ha sido increíble a pesar de que el acto de entrega ha quedado a medias porque viajamos a Sevilla donde se hizo la entrega, pero no pudimos ir a Bruselas para presentarlo en la Comisión Europea debido al coronavirus.

-¿En qué consistían los premios?
-Excepto en la dotación económica que solo era para la primera premiada, en lo restante es igual para las tres: campaña de difusión en medios y una formación a través de la lanzadera Ruraltivity de FADEMUR que de momento está pospuesta. Será una formación a medida. Cada una determinamos cuales consideramos que son nuestras necesidades y a partir de ahí nos irán formando. Yo he pedido distintas cosas, pero en una misma línea, y es referente a temas de marketing, ventas, comunicación, redes sociales…

-Cuando eras pequeña… (la pregunta se interrumpe ante la insistente llamada de uno de sus hijos pequeños reclamando atención) ¿te planteabas en alguna ocasión dedicarte a esto?
-Perdona, le he pedido a mi madre que se encargue de los niños mientras hablamos que al estar tanto tiempo en casa están alterados. A las mujeres del campo, digan lo que digan, nos siguen tocando las tareas habituales de casa, el teletrabajo y encima la escuela, es una locura pero resistiremos. Pero volviendo a la pregunta, yo nací en Arbón, un pueblo de Villayón que está a quince kilómetros de Coaña, en donde tenemos la mayor parte de las fincas. Y nunca imaginé que trabajaría en el campo, ni con catorce ni con veinte años. De hecho, me formé en un sector que no tiene absolutamente nada que ver, pero fue la vida la que me llevó aquí y estoy muy satisfecha, no me arrepiento para nada. Hoy me siento realizada y mucho más feliz, estoy contenta de haberlo hecho.

“En Asturias no se producen suficientes kilos de fabas como para cubrir la demanda interna de la región. Por lo cual se importa de Sudamérica, a un precio ínfimo, Una legumbre que es similar al ojo aunque en el plato no es lo mismo”

-¿Qué características tienen vuestras fabas?
-La faba asturiana en general se caracteriza por su gran mantecosidad y por tener una piel muy fina. A mayores, en todo el occidente el suelo es muy rico en pizarra y por tanto es un suelo más ácido que favorece precisamente que la piel sea más fina. La composición del suelo y cómo lo trabajes es lo que condiciona las buenas características, nosotros lo manejamos con el mayor mimo posible.

-¿Cuál es vuestro principal mercado?
-Principalmente la hostelería, porque ellos tienen que presentar un producto con calidad en el plato. Aun así toda la hostelería de Asturias consume diez veces más de lo que produce la IGP, así que en realidad el porcentaje de hostelería que nos consume es pequeño. También tengo que decir que surto a tiendas que venden bien y mucho, que valoran el producto, y a una cadena de distribución que lo paga por lo que vale.

Fabas La Estela
A la izda., detalle de la plantación de fabas. A la dcha., plantas de verdinas recién recolectadas / Fotos: Fabas La Estela

-¿En qué momento del proceso de producción os encontráis?
-Ahora estamos en época de abonados y arados, toca lo que llamamos ‘cocer la tierra’ que es que la tierra esté suelta, que no esté apelmazada para que podamos sembrar. A últimos de abril empezamos a sembrar, aunque lo óptimo sería hacerlo a mediados de mayo, pero cuando siembras veinte hectáreas no puedes hacerlo en todas a la vez. Y todo esto dependiendo del tiempo climatológico, porque si hace frío es absurdo sembrar puesto que no van a nacer.

-¿Cómo os está repercutiendo el cambio climático?
-Hemos tenido años muy buenos y años muy malos, por ejemplo, el 2019 fue pésimo, de las campañas más malas que recuerdo por las lluvias de otoño. Sin embargo, hace dos o tres años tuvimos un tiempo buenísimo. Es evidente que hay un descontrol climático pero nosotros no observamos una tendencia clara porque un año llueve, otro hace calor… no hay un patrón que nos afecte, es una lotería.

Faba Verdina, producto de Fabas La Estela
Faba Verdina / Foto: Fabas La Estela

-Lo que no varía es la dificultad de un trabajo como este, muy sacrificado.
-Sí, es increíble. Por un lado, estás sujeto al tiempo, pero puedas o no trabajar sigues pagando religiosamente tus impuestos. El campo no está nada valorado, si cotizara las horas que yo trabajo al precio al que se las pago a mis obreros tendría que vender las fabas a 30 euros el kilo. Al final ¿qué pasa?, que tienes que adaptarte a un precio de mercado y lo que ocurre es que si una persona normal trabaja ocho horas tú trabajas doce para salir airosa a fin de mes. Es una de las cosas que dije en TalentA, me quejé mucho de la problemática del sector que es evidente y palpable: yo vendo con precios que están por debajo de los que había en el año 2000 pero los gastos no son los mismos. Los impuestos no son los mismos, el gasoil tampoco cuesta lo mismo y yo tuve que hacer una inversión brutal en naves y maquinaria. Al final, todo esto sale de echar horas y de realizar un esfuerzo tremendo, si no evidentemente el discurso falla.

-¿Qué medidas habría que adoptar para solucionar esta problemática?
-En el caso concreto de la faba -porque la casuística puede ser diferente en otros sectores- nosotros como colectivo trabajamos bajo la IGP denominación de origen. En Asturias no se producen suficientes kilos como para cubrir la demanda interna de la región, por lo cual se importa de Sudamérica, a un precio ínfimo, una legumbre que es similar al ojo aunque en el plato no es lo mismo. Cuando esa faba llega a un lineal de un supermercado el consumidor no tiene información suficiente para saber que eso no es faba sino una alubia importada y que no tiene la misma calidad.

Habrá quien lo compre a sabiendas, pero creo que es un porcentaje pequeño. Yo no puedo competir con una faba de 6 euros precio lineal, que al distribuidor le cuesta 2 o 3 euros, porque a mí me cuesta producirla casi 7 euros. La solución está en el correcto etiquetaje, en el que ha de figurar que no es faba sino alubia, más cuando ves que el lugar de origen sale en letra muy pequeña. Así es muy difícil competir.

“Si lo que comemos viene importado de otros sitios, y cuando llega la crisis no hay sector primario ¿quién nos va a alimentar? Igual que debemos poder autoabastecernos de mascarillas e hidrogel, también tenemos que ser autosuficientes en alimentación”

-Agricultores y ganaderos llevan tiempo en la calle reivindicando sus derechos y ahora llega esta pandemia y pone de relieve lo importante que es el sector primario.
-Hay que reflexionar y a ver si se sacan las conclusiones adecuadas. Remontándonos a un tiempo de bonanza, no en el actual que trajo el coronavirus, solo hace seis meses el sector estaba denunciando que no nos pagan lo suficiente, que estamos a pérdidas y que nos vemos obligados a cerrar las explotaciones y ponernos a trabajar en otras cosas.

Pero si lo que comemos viene importado de otros sitios, y cuando llega la crisis no hay sector primario ¿quién nos va a alimentar? Ahí está el problema, estás expuesto a lo que decidan luego otros países. Igual que debemos poder autoabastecernos de mascarillas e hidrogel, también tenemos que ser autosuficientes en alimentación. Es una reflexión que no se está haciendo y para que eso pueda ser las explotaciones tenemos que ser viables.

-¿El campo puede contribuir a solucionar otros problemas?
-Claro, es un sector que abarca tantas cosas… Las explotaciones agrícolas damos trabajo a mucha gente, por no meternos en el papel que jugamos en la conservación del medio ambiente, que eso sería otro factor. Y luego está la lucha contra la despoblación del medio rural. Se está dejando de lado completamente, pero hay que repensar y revalorar este sector en muchos aspectos o se verá abocado a desaparecer con lo que eso significaría.

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