Liliana Cabo, nutricionista. La importancia de una buena alimentación

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Liliana Cabo, nutricionista
Liliana Cabo / Fotos cedidas por L. Cabo
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Liliana Cabo estudió Farmacia y Nutrición. Tras seis años de trabajo incansable está a punto de terminar un proyecto de investigación titulado “Seguimiento dietético y nutricional de la mujer oncológica”, realizado en colaboración con el Hospital Universitario Central de Asturias, el Centro Médico y el Departamento de Ciencias Farmacéuticas y de la Salud de la Universidad CEU San Pablo de Madrid.

En un principio quería hacer fisioterapia. Aunque la nota de la selectividad era buena, cuando hizo la preinscripción en Salamanca no entró en la primera convocatoria. Como también le gustaba mucho Químicas, se matriculó en Farmacia con la idea de cambiarse después. Lo que descubrió estudiando esta carrera le gustó, así que la acabó y se fue a trabajar a Barcelona. Como le puede su espíritu inquieto, los fines de semana viajaba con una amiga a Pamplona donde comenzó a hacer unos cursos de nutrición, y le apasionó. Viendo sus aptitudes un profesor la animó a que estudiara la carrera de nutrición y no pudo decir que no. Volvió a hacer las maletas esta vez rumbo Madrid donde, tras sacar el grado, hizo un postgrado sobre una especie de revisión sistemática sobre la influencia que tenían los ácidos grasos Omega 3 sobre el cáncer. Recibió varios premios, y a través de dos otorgados por la Comunidad de Madrid, se puso en contacto con ella la Universidad animándola a hacer una tesis doctoral sobre el tema. Otra vez dijo que sí, pero esta vez con una condición: quería hacerlo en Asturias.

-¿Qué te encontraste al llegar a Asturias?
-Fue un camino totalmente tortuoso. Llegué con muchas ganas de hacer algo. Yo quería estudiar la incidencia que tenía el estado nutricional en el paciente con cáncer, pero necesitaba pacientes oncológicos así que lo tenía que hacer en un centro hospitalario. Empecé con el hospital de Riaño y recuerdo que la gerente que estaba en aquel momento me miró con una cara de extrañeza total y todo lo que le contaba le parecía muy raro. Me fui al hospital de Mieres y aquello fue peor todavía porque allí me dijeron que participar en un estudio tenía que estar remunerado. También fui a Cabueñes y allí parecía que todo iba muy fluido, pero de pronto me rechazan porque mis estudios no los había realizado en Asturias. Era un poco incomprensible porque ¿cómo iba a hacer Farmacia o Nutrición en Asturias si aquí no existía esa especialidad? Hice una alegación por escrito, pero no valió para nada.

“Yo quería estudiar la incidencia que tenía el estado nutricional en el paciente con cáncer, pero necesitaba pacientes oncológicos así que lo tenía que hacer en un centro hospitalario”

Al final, recalé en el Centro Médico donde me encontré con dos oncólogos majísimos que me abrieron las puertas. Pero yo necesitaba muchos pacientes para el estudio y allí había pocos. Ellos me animaron a que fuese al HUCA, cosa que yo ya había descartado viendo la respuesta los anteriores hospitales. Llegué y me acuerdo que era un gerente que llevaba un mes en el puesto y yo ya fui a pecho descubierto. Le presenté un Power Point y le dije que me habían rechazado en otros hospitales, que lo que yo quería hacer no generaba ningún gasto, que solo eran entrevistas y mediciones a los pacientes, pero que entendía que me rechazase. De hecho, ya había pensado en hacer otro estudio en relación con la minería y la influencia que tenía la falta de luz. Cuál fue mi sorpresa cuando aquel gerente me dijo que le parecía súper interesante. No le di un beso porque me contuve… Ahí se me abrieron todas las puertas del HUCA, estuve trabajando con el equipo de cirugía de manera maravillosa y las enfermeras me ayudaron mucho.

-Y eso solo fueron los inicios…
-El trabajo ha sido duro porque fueron un total de seis años, cuatro de ellos de investigación. Para ello tenía que tener un grupo de unas cien pacientes, pero había que verlas justo en el momento del diagnóstico. A las personas diagnosticadas de cáncer de mama o de colon un lunes y que decían que querían participar en el estudio, los veía el miércoles y ahí estábamos casi hora y pico recopilando datos sobre lo que comían o no comían, si fumaban o no, si tomaban o no alcohol, mediciones de fuerza en brazos, grasa corporal en distintas partes del cuerpo, si tenían otras patologías, medicamentos que tomaban… Se les hacía un estudio muy completo y luego volvíamos a ver a la paciente a los seis meses y hacíamos otro control al cabo de un año. Era muy importante volver a todas y ver cómo iban. Después, toda la información de la alimentación hubo que pasarla a nivel nutricional, estudiar el calcio y el magnesio para ver si esas personas cumplían o no su requerimiento, qué efectos adversos padecían y cómo repercutían en ellas… Invertí otro año y pico en escribirlo, mandárselo a las directoras de tesis que lo corrigieron y me lo reenviaron de nuevo. He tenido la suerte de que me ha acogido grupo de bio estadística del Principado de Asturias y ellos me han hecho toda la parte fuerte de estadística.
Algo que tengo que agradecer enormemente es que, durante todo el periodo de seguimiento, solo hubo dos mujeres que no continuaron. No hay ningún estudio oncológico que tenga un seguimiento tan alto. Incluso había algunas que iban al HUCA desde Cangas del Narcea solo por esto. Al final, por agradecimiento, les hice una intervención nutricional para que supieran qué cosas tenían que cambiar y que tuvieran una pauta dietética. Lo hice al final porque si no condicionaba los resultados.

Liliana Cabo, nutricionista-¿Influyen de manera positiva los buenos hábitos?
-El estudio ha revelado cosas muy interesantes como que el ejercicio físico es súper importante incluso durante la quimio, que es el momento en que tienen mucha fatiga y les cuesta un montón hacer cosas. Yo les pedía que caminaran diez veces el pasillo de su casa y que se levantasen y se sentasen otras diez veces en una silla. Solo haciendo esto el resultado ya era significativo, tenían menos fatiga. También hay una mejoría importante cuando existe una ingesta de fruta. Las que comen mejor, cumplen las recomendaciones de prevención del cáncer, mantienen un normopeso, no fuman y las que se mueven, tienen mayor calidad de vida que las que no. Son cosas a tener en cuenta en el momento del diagnóstico, aparte, por supuesto, de la efectividad de los tratamientos. De hecho, hay algunos tipos de cáncer como el de colon, próstata y el de mama en los que se aprecia que, cambios en los hábitos después del diagnóstico, aumentan la supervivencia. Mi estudio viene a corroborar la importancia que tiene mantener un buen estado nutricional para que haya menos efectos adversos.

-¿Qué ha significado a nivel personal ese contacto estrecho con pacientes tan especiales como los de oncología?
-Los conocimientos que se adquieren son enormes, pero aparte de eso también aprendes mucho a nivel personal. El estar tanto tiempo con este tipo de pacientes me ha dado la oportunidad de valorar las cosas que tienes sin llegar a perderlas. Esto es muy bonito para tu propia vida porque te das cuenta de la cantidad de cosas que tienes y que no valoras. Los niños me decían que les reñía menos y yo creo que es porque te cambian las perspectivas. Estas personas te enseñan a darte cuenta de que te puede pasar cualquier cosa y de pronto lo puedes perder todo. Me prestaba hacer cosas tan sencillas como llegar a casa y abrazar a mis hijos. Ha sido muy chulo.

“El estar tanto tiempo con este tipo de pacientes me ha dado la oportunidad de valorar las cosas que tienes sin llegar a perderlas”

-Cada paciente diagnosticado de cáncer ¿necesita un tratamiento personalizado?
-Si a ti te diagnostican una diabetes no tiene el impacto que tiene un diagnóstico de cáncer. Cuando te ponen el tratamiento en el caso de la diabetes no te afecta tanto a nivel nutricional, pero en uno oncológico está primero la parte emocional, y luego lo que te produce la propia enfermedad. A esto se suma que el tratamiento que te van a poner sea quimio, radio u hormonal, va a tener efectos secundarios en tu estado nutricional. Tienes un montón de frentes por los que te van a atacar y esto no pasa con otros diagnósticos. Por eso digo que es un paciente especial con el que tengo que trabajar individualmente, porque cada caso es diferente. Puede ocurrir que una de estas personas diagnosticada tenga un peso correcto, la vuelvas a ver dentro de un año y siga manteniendo el mismo peso. Sin embargo, durante ese periodo y como consecuencia de su tratamiento, se ha producido una pérdida de músculo y una ganancia de grasa y eso no se ve en el peso. Esto se llama obesidad sarcopénica y hay que tratarla porque si no acaba influyendo en la capacidad de supervivencia. A la hora de hacerlo es muy importante la pauta nutricional porque hay que incluir una cantidad de proteína superior a lo que es la recomendación normal y sería muy importante que hiciera ejercicio de fuerza.

-En un paciente oncológico ¿qué es lo que hay que evitar?
-Hay que intentar prevenir la desnutrición. Nuestro cuerpo es muy sabio y el organismo lo que hace cuando gastamos más de lo que ingresamos, es intentar gastar menos. Guarda las reservas de grasa y tira de proteínas. La principal diferencia de un paciente oncológico con una persona sana es que sus necesidades proteicas están aumentadas y a lo mejor no come. Ese organismo lo que hace es sacar proteína del músculo y ahí surgen muchos problemas. Esto nos va a afectar también en los tratamientos porque los fármacos lo que hacen, es adherirse a proteínas que tenemos en la sangre como puede ser la albúmina y si tenemos poca cantidad, el fármaco que se une para ser transportado es menor con lo cual va a perder efectividad. No se puede esperar a que el paciente pierda peso o no coma, hay que empezar antes. Por ejemplo, la semana pasada consulté a un paciente con un tumor de próstata que ha tenido una intervención quirúrgica y le van a poner radioterapia. Siempre que hay radiación en esas partes inferiores de la zona pélvica es probable que haya cuadros de diarrea con lo cual, previamente ya le he enviado cosas y en caso de tenerla él ya sabe los alimentos que tiene que eliminar y los que puede tomar. Hay que intentar adelantarse a lo que el tratamiento les puede producir. Así mantenemos un buen estado nutricional y esto va a ayudar a que haya menos efectos adversos, que la persona no pierda calidad de vida y que los tratamientos tampoco pierdan efectividad.

“La principal diferencia de un paciente oncológico con una persona sana es que sus necesidades proteicas están aumentadas y a lo mejor no come. Ese organismo lo que hace es sacar proteína del músculo y ahí surgen muchos problemas”

-En estos casos, ¿la creatividad es un recurso que se debería usar más?
-Muchas veces no tienen apetito y por eso hay que tener recursos. A estos pacientes hay que enseñarles cómo pueden enriquecer sus platos con proteínas. A lo mejor no llega con que se coman un puré de verduras, si le añades unos garbanzos triturados y por encima un poco de queso rallado, un huevo, o un poco de levadura de cerveza ya estás aumentando la densidad nutricional del plato, pero no la cantidad. Es importante darles ideas porque hay veces que se pueden hacer cosas ricas y sanas que les apetezcan. Puede que no tengan ganas de lo tradicional, pero si les presentas algo un poco diferente y distinto puede que lo coman.

-Nos bombardean constantemente con publicidad sobre productos, marcas, alimentos… ¿en base a qué debemos establecer los criterios que rijan nuestra alimentación?
-La verdad es que eso es un problema. Por un lado, está la gran cantidad de información que hay sobre productos y por otro está el tema del intrusismo. Muchas veces llega a la consulta un paciente y te dice que estuvo con un nutricionista y que no le permitía comer fruta después de las siete. La pregunta obligada es: ¿en base a qué? Siempre digo que cualquiera que haga una afirmación de este tipo tiene que basarse en una evidencia científica. Hay personas que dicen que no comen fruta porque tiene azúcar. La OMS dice que no podemos ingerir más de ciertos gramos al día, pero siempre estamos hablando de azúcares añadidos. Una cosa es el intrínseco que es el que está de manera natural en los alimentos y que no tiene ningún tipo de problema y otra cosa es el añadido que está en los alimentos procesados y este sí tiene todo tipo de problemas. Cuando tú les explicas esto a las personas, lo entienden. Igual que cuando a una paciente con cáncer de mama le explico lo del alcohol. El alcohol lo que hace es que estimula una encima que se llama aromatasa que hace que nuestro cuerpo fabrique estrógenos a partir de andrógenos. Te están poniendo un tratamiento hormonal que te está produciendo un bloqueo de los estrógenos y por otro lado tu cuerpo los está fabricando. Se lo explicas y entienden perfectamente porqué tienen que reducir el consumo de alcohol. Pero esto es así a nivel científico, no porque lo diga yo. La gente tiene que entender que los nutricionistas, somos los que hemos realizado nuestros estudios universitarios y tenemos la formación adecuada para poder transmitir a la población las pautas dietéticas correspondientes.

“Cuando preparamos la comida, hay que visualizar que estamos sentados en una mesa que tiene cuatro patas: una pata es la fruta, otra son las verduras, otra es todo el grupo de hidratos de carbono y la otra son las proteínas saludables”

-La mala alimentación ¿suele ser por exceso o por defecto?
-Uno de los aspectos de la nutrición es que se come mal más que por excesos, por déficit. Es cierto que puede haber gente que abuse de ciertos productos procesados, pero cuando lo haces eres consciente de ello. Si hoy te comes un par de bollos preñaos, sabes que estás haciendo algo que no es muy saludable. En cambio, cuando alguien solo se come una pieza de fruta al día, no es consciente de que está haciendo algo malo. Ahí es donde está generalmente el error. Cuando preparamos la comida, hay que visualizar que estamos sentados en una mesa que tiene cuatro patas. Una pata es la fruta, otra son las verduras, otra es todo el grupo de hidratos de carbono y la otra son las proteínas saludables. Tenemos que escoger un alimento de cada pata y esto crea un plato correcto.

-¿Existe algún súper alimento que cubra todas las necesidades que tenemos?
-Solo hay uno que podría llamarse así lo cual quiere decir que si comes eso te aportaría todos los nutrientes que necesitas, y es la leche materna. Es lo único que nos permite, por un periodo de tiempo de nuestra vida, sobrevivir solo comiendo eso.
Tengo que mantener un buen estado nutricional y para ello necesito saber los requerimientos que necesito en base a mi edad, a si soy hombre o mujer, si hago mucho deporte… Esto es lo importante que hay que enseñarle a la población porque es lo que tendríamos que hacer independientemente de que, alguna vez, comamos alguna cosa que no es adecuada. No pasa nada porque eso lo hagas de vez en cuando, pero no a costa de quitarle a tu organismo lo que necesita.

“Una cosa es el azúcar intrínseco que es el que está de manera natural en los alimentos y que no tiene ningún tipo de problema y otra cosa es el añadido que está en los alimentos procesados y este sí tiene todo tipo de problemas”

-Cada vez hay más patologías digestivas, alergias… ¿Tienen que ver los malos hábitos alimenticios?
-Ahora en consulta veo problemas digestivos tremendos. Por ejemplo, piensa que nosotros tenemos más bacterias que células y necesitamos alimentar la microbiota que son las bacterias que tenemos en el intestino. Esas bacterias viven de la fibra que normalmente se obtiene de las frutas, verduras y legumbres. Según el instituto americano para la prevención del cáncer, tendríamos que llegar a treinta gramos de fibra al día, de esta manera mantendríamos a nuestras bacterias contentas y bien alimentadas. Como no llegamos a los requerimientos diarios se nos mueren.
Por otro lado, hay que pensar que hoy en día, una gran barrera para que no entren otras bacterias es la acidez del estómago, pero hay un porcentaje muy alto de la población que está con fármacos como el Omeprazol que lo que hacen es quitarle esa acidez con lo cual les dejamos vía libre. Entran otras bacterias y ocupan ese espacio que las nuestras dejaron libre, pero no se quedan solo en el colon, sino que siguen subiendo hacia arriba y producen un sobre crecimiento bacteriano. Cuando comemos, esas bacterias que están más hacia el intestino delgado empiezan a fermentar y producen hinchazones, ardores, eructos y una cantidad de sintomatología.

-¿Y qué pasa con los niños y su aversión hacia las verduras y el típico “no me gusta”?
-Con los críos es cuestión de técnica y de táctica. Cuando mis dos hijos eran pequeños, en sus cumpleaños, les hacía una pizza para los amigos que venían a celebrarlo a casa y la base la preparaba con coliflor. Todos se la comían y recuerdo que el pequeño me decía: “mamá, ¿se lo puedo contar?” y cuando se lo decía todos empezaban a decir que menudo asco, pero la realidad es que se la habían comido.
Yo a los niños oncológicos siempre le digo que son especiales y que los ingredientes de sus comidas también lo son. Hace poco hicimos un taller en el que preparamos un tortu con brócoli y les dije que había que poner un poco de verde esperanza en el plato. En un molde echamos harina de maíz, un poco de queso rallado y unos arbolitos de brócoli que previamente cocinamos al vapor. Ellos amasaron todo y lo prepararon y realmente no sabía a brócoli, pero ya lo estábamos introduciendo.
O les digo: “vamos a poner una mantequilla especial en esta tosta” y lo que hice fue que coger un aguacate maduro, un envase de una mantequilla comercial, lo unté con el aguacate y quedó una mantequilla verde que es como la llamaron ellos. Pero si tú les llevas el aguacate, se lo abres y lo ven te dicen que no les gusta, pero si lo ven en el envase de la mantequilla la cosa ya cambia. Por ejemplo, a casi todos los niños les gusta la cebolla pochada con lo cual si añades cebolla frita a algún plato ya lo complementas. Son técnicas que uno puede usar sin llegar a entrar en conflicto con ellos, pero a veces no tenemos ideas o no vamos al profesional adecuado para que nos oriente.

Diferentes variades de pizza hecha a base de coliflor
Diferentes variades de pizza hecha a base de coliflor.

-Hace poco se pusieron de moda aplicaciones que te indicaban la composición de los productos del súper. ¿Realmente son útiles?
-Yo siempre le digo a la gente que en lo que tienen que basar su alimentación es en la fruta, la verdura, las legumbres, arroz, pasta, pescado, huevos, frutos secos… y todo esto no tiene etiqueta. Un buen aceite de oliva virgen extra, ¿qué etiqueta tienes que mirar ahí? Realmente esa es la base de nuestra alimentación y si comemos así cuando llega Navidad ¿vas a andar buscando si un turrón tiene más o menos azúcar? Es algo que vas a consumir de manera puntual, así que cómete el que más te guste.
Después también hay que saber que las cosas pueden ser sanas y ricas sin tener que caer en el otro extremo. Lo que ocurre es que, a nivel cerebral, cuando uno come un pastel, genera una liberación de serotonina y eso no lo produce una zanahoria. Se genera una especie de mecanismo de recompensa, lo mismo que pasa con el tabaco o el alcohol. El cerebro te lo pide, pero tienes que ser consciente y darte cuenta de que te da igual que lo haga. Tú sabes que es algo que no es bueno y te lo tienes que dar de manera puntual. Cuando vives situaciones difíciles o has tenido un mal día, no te apetece llegar y comer un pescado, te apetece llegar y comerte algo que te dé una satisfacción y que te alegre el día. La cuestión es que cuando vuelves a tener un día malo, el cerebro te recuerda la última vez y te empieza a bombardear con ese recuerdo. Ahí es donde comienza todo un ciclo de “malsanismo”.

“A nivel cerebral, cuando uno come un pastel libera serotonina y eso no lo produce una zanahoria. Se genera una especie de mecanismo de recompensa. El cerebro te lo pide, pero tienes que ser consciente de que no es bueno y te lo tienes que dar de manera puntual”

-¿Las dietas valen para algo?
-Siempre les digo que las dietas en sí no valen para nada, lo que hay que hacer es saber lo que se hace bien y mantenerlo y ver cómo puede mejorar lo que está mal, siempre explicando el por qué y dando ideas. Esta es la única manera de introducir cambios en nuestra vida y que sean duraderos. Tú no puedes ir a una persona para que te ponga una dieta y que te saque un papel que ya tiene preparado. Hay gente que a lo mejor come en un bar, otros comen solos, o no les puedes poner una ensalada porque tienen una patología que no lo permite y hay que buscar otra cosa. No todo el mundo es igual así que tienes que sentarte con la persona y preguntarle qué hace, qué horarios tiene, si le gusta cocinar, qué cosas le gustan, cómo las prepara. Así vas adaptándole la dieta y realmente no les estás cambiando nada, solo le estás explicando que si mete pequeños cambios en su dieta va a estar mejor porque se va a estar alimentando bien y va a empezar a notar que se deshincha o que tiene menos problemas digestivos. Él mismo ve que merece la pena seguir haciéndolo así. Por ejemplo, hay dietas que son hiper proteicas y lo que te producen es un estado de cetosis en el que el cuerpo empieza a perder el glucógeno del músculo y pierde mucha agua. Tú solo ves que has perdido cuatro kilos en tanto tiempo, pero cuando preguntas ¿de qué son esos cuatro kilos? te ven con cara rara. Tienen que saber que eso es agua y musculo, ahí no hay grasa. Es importante conocer porque eso, luego, puede repercutir en la salud.

Liliana Cabo, nutricionista-¿Educación o medicación?
-Hay gente que te dice que tiene el colesterol un poco alto y a lo mejor lo único que tiene que hacer es subir un poco la fibra de su dieta, y solo haciendo eso ya no necesitaría la pastilla. Con conocimiento podíamos hacer que la gente se alimentase mejor y no necesitaría tener que recurrir a medicación (que lo damos como algo normal), pero hay que pensar que todos los medicamentos tienen efectos adversos. Es un conjunto de situaciones que son ampliamente mejorables con políticas preventivas.

“¡Claro que se puede hacer una dieta vegetariana de manera correcta y completa! Metemos proteína a través de la legumbre,  suplementamos la B12 y ya está”

-¿Esa educación debería comenzar con programar menús y hacer la compra en el súper?
-En su día hice talleres en los que iba a hacer la compra con la gente. Lo primero que hacíamos era ver qué tenían las cestas de las personas que estaban en la caja y les preguntaba qué les faltaba y qué les sobraba. La siguiente pregunta era qué iban a comprar ellos. Después hacíamos otro taller de planificación. Yo les decía que íbamos a hacer un pisto, pero que iba a ser para tres días. Un día podía prepararse con arroz y un huevo, otro día en tortilla y otro día lo acompañamos con un pescado. Si hacíamos unos garbanzos los podíamos cenar en una ensalada y otro día los metíamos en un cocido y al final se daban cuenta de que comprábamos un día a la semana y con tres preparaciones teníamos todos los días cubiertos comiendo bien. Aquel taller se llenó y yo aluciné porque me di cuenta de que la gente no se sabe planificar. No solo hay que entender las cuatro patas de la mesa, sino que también hay que saber organizarse, comprar y tener ideas.

-¿Se está concienciado?
-A mi hace poco que me llamaron del Valle del Nalón para que formara a médicos sobre la dieta vegetariana y me prestó mucho porque son profesionales que reconocen que hay campos que desconocen. Esto es importante porque, lo que no puede ser, es que un paciente llegue a la consulta de un médico diciendo que está haciendo una dieta vegetariana y que le diga que no puede hacerla porque es malo. ¡Claro que sí se puede hacer de manera correcta y completa! Metemos proteína a través de la legumbre y suplementamos la B12 y ya está. Este es un paso, pero hay muchos por dar para conseguir llegar bien a la población.

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