Luis Ignacio García. La magia de enseñar

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Luis Ignacio García
Foto: © Fundación BBVA. Alfonso Suárez
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Profesor en el IES La Magdalena de Avilés, Luis Ignacio García fue galardonado recientemente con el premio de la Real Sociedad Española de Física-Fundación BBVA 2018 en la categoría de Enseñanza y Divulgación de la Física (Enseñanza Secundaria). Este reconocimiento se suma al Premio Nacional de Divulgación como profesor de Química que recibió en 2014 por la creación de FisQuiWeb, una página dedicada a la enseñanza de la Física y la Química.

Cuando estaba en el instituto siempre suspendía matemáticas, de hecho el verano de tercero a cuarto de bachillerato sus padres lo apuntaron a clases de Latín para irse preparando de cara al futuro. Entonces llegó al instituto Carlos Barragán Lozano, un profesor que consiguió que aquella asignatura odiosa se convirtiese en algo entendible e incluso apasionante. La expresión de aquel niño maravillado de pronto con los números fue: «¡se pueden entender!». Hoy, unos cuantos años más tarde, Luis reconoce que ver a aquel señor entusiasmado con la docencia, que explicaba aquello con tanta pasión, fue lo que le hizo querer ser profesor. «La vocación me la dio él y siempre dije que soy químico y estoy en la docencia gracias a Carlos Barragán».
Tras 34 años dando clase siempre en la enseñanza pública, asegura que le cuesta mucho plantearse la jubilación y que no le apetece ni pensar en ella. Recibe a diario el cariño de los «chavales», como cariñosamente llama a sus alumnos y se siente tremendamente apoyado por el equipo directivo y docente del instituto así que, de momento, el sistema educativo asturiano podrá seguir contando con un profesor de los que consiguen que la Física y la Química se entiendan y que hace que cerca del 90% del alumnado de un instituto apueste por las ciencias en vez de por las letras.

-¿Cómo has vivido la llegada de este nuevo premio?

Luis Ignacio García. Profesor
Foto: © Fundación BBVA. Alfonso Suárez
-Me dieron un premio por la manera de enseñar y divulgar pero no pretendo ser el mejor. Lo valoro porque es muy difícil conseguirlo pero quisiera dedicarlo y compartirlo con todos los profesores que están en institutos complicados, en los que, como digo yo, dar clases es como pelear en la Franja de Gaza. Existe un desinterés absoluto y hay muchos profes dándolo todo en circunstancias difíciles, con apoyo nulo por parte de la administración. Toda esa gente tiene un valor tremendo porque una cosa es decirlo y otra entrar en una clase de 2º de ESO e intentar dar unos conocimientos a alumnos que no quieren saber nada y cuyas cabezas están sorbidas por los móviles. Los institutos y las escuelas son un reflejo de la sociedad y esto es muy complicado. En nuestro caso no lo tenemos fácil, pero somos un equipo de profesores muy unido y comprometido, da gusto porque el ambiente de trabajo es muy bueno.
-Actualmente, ¿se valora el saber?
-Yo siempre les pregunto a los chavales: ¿cuánto cobra Cristiano Ronaldo? Treinta millones al año. ¿Cuánto le dan al premio Nobel de Física, al que más sabe y que es el señor que inventó la fibra óptica gracias a la cual todos podemos tener televisión por cable en casa? Pues unos novecientos mil euros que normalmente suelen ser para repartir entre tres que son los están investigando. Esto lo cobra Cristiano por respirar. La gente se pregunta por qué los chavales no estudian Física y Química, la cuestión es ¿cómo la van a querer estudiar? Estamos en una sociedad donde no se valora la ciencia, el saber o la educación. No le pagamos lo que se merece a un médico que te salva la vida y sin embargo se lo pagamos a Jorge Javier, a Messi o a Ronaldo. Si mañana se cierra el Hospital de Cabueñes habrá una manifestación, pero como digan que desaparece el Sporting sale todo Gijón a la calle.

«Considero que un chaval fracasa cuando lo intenta y no puede. Un chaval que lo intenta hoy en día se le ayuda y al final, salvo raras excepciones, termina saliendo adelante. ¿Es fracaso escolar un chaval que te dice que no quiere saber nada? No, eso es fracaso familiar y social»

-¿Un alumno nace de ciencias o de letras o es el profesor el que influye en ello?
-Yo no entendía las matemáticas porque me las explicaban fatal y la concepción que tenía con catorce años es que había gente a la que se le daban bien y otra a la que se le daban mal, era una cosa genética de la cual no podías escapar. Iba a hacer letras hasta que llegó Carlos Barragán y me dio la vuelta completamente, junto con otra cosa que recuerdo perfectamente. Mi padre tenía una ferretería y al fondo había un cuarto donde estaban los materiales para preparar las pinturas a las que les daba color con unos pigmentos que guardaba en unos cajones de madera. Estando en clase, la profe de Física y Química explicó que un químico francés había obtenido por primera vez oxígeno calentando un óxido de mercurio. No sé por qué asocié el óxido de mercurio al pigmento bermellón del cuarto de la pintura de mi padre y me pregunté si el bermellón sería ese óxido de mercurio. Con un tubo de ensayo que robé en el laboratorio me fui al cuarto de la pintura, metí un poco de polvo bermellón en el tubo, lo calenté con un mecheruco de alcohol y al cabo de poco tiempo abrí los ojos como platos porque vi que en la parte alta del tubo comenzaron a condensarse unas gotitas minúsculas como de plata líquida que identifiqué rápidamente como mercurio. Fue un descubrimiento alucinante. No hay gente de ciencias y gente de letras, es fundamental el profesor. Él va a hacer que ames la asignatura o que la odies para toda tu vida.
-¿En qué debería cambiar el profesorado para que esto pudiese ser diferente?
-Más que el profesorado tiene que cambiar la metodología y el apoyo que se da que es nulo. Si queremos entender el mundo hay que partir de la experiencia. Nosotros nunca damos la clase en el aula, los chavales vienen al laboratorio y lo que intento es no darles nada masticado, les planteo una necesidad y a partir de ahí van experimentando. Ellos no van a deducir las leyes de Newton, para eso estoy yo, pero como decía Einstein nadie piensa con fórmulas. Primero hay que entender el concepto y para esto hay que partir de la experiencia, no puedes prescindir de las fórmulas pero son el último paso. No es necesario hacer veinte problemas iguales, haz uno o dos pero que sean relevantes. Richard Feynman decía que «la emoción del descubrimiento solo es comparable a la alegría de transmitirlo». Yo intento que mis alumnos sientan esa emoción haciendo pequeños descubrimientos. Ellos están en un laboratorio, el profesor no es el rey del mambo y las cosas no son así porque lo diga yo o lo ponga un libro sino porque tú lo compruebas y sale. La mayor parte del tiempo no están atornillados a la silla, pueden moverse, hay unos armarios que están permanentemente abiertos y tienen acceso a lo que quieran. Todo esto hace que vengan con otro espíritu.

«Estamos en una sociedad donde no se valora la ciencia, el saber o la educación. No le pagamos lo que se merece a un médico que te salva la vida y sin embargo se lo pagamos a Jorge Javier, a Messi o a Ronaldo»

-Esta forma de aprendizaje a través de la cual encuentran ellos mismos la solución a los problemas, ¿les sirve para su vida cotidiana?
-Evidentemente. Siempre les digo que el objetivo número uno de la clase es enseñarles a pensar. Los profesores tenemos que tener en cuenta que ellos son gente del siglo XXI y que el conocimiento que lo tienen a un click de ratón, con lo cual no es importante que sepan de memoria la fórmula del volumen de la esfera, tienen que ser capaces de coger una esfera y calcular su volumen. Puede parecer lo mismo pero no lo es, porque eso es desarrollar capacidades y lo otro es aprender cosas de memoria. Hay que enseñarles a pensar y, si se puede, cultivarles el pensamiento divergente. Cuando proponemos un problema hay soluciones tremendamente ingeniosas, aquí no hay guiones de laboratorio, los odio. Yo les digo: hay que hacer esto, estos son los instrumentos que tenéis, tirar para adelante. Si uno quiere seguir un camino diferente estupendo, si alguien no se hubiese atrevido a pensar de otra manera la teoría de la relatividad no la conoceríamos.
-En 2014 te premiaron por FisQuiWeb. ¿Cuál es el principal valor de esta web?
-Está puesta en la red de manera altruista porque en el espíritu científico está el compartir. Yo no soy un gran científico, solo soy un profesor de secundaria que sigue ese mismo camino. Me cuesta trabajo hacer los apuntes y los trabajos pero una vez que están hechos, ¿para qué los voy a tener bajo cinco llaves en un cajón? Los pongo ahí y puedes hacer lo que quieras con ellos siempre que respetes las tres condiciones que son las que impone la licencia: que no los vendas, que cites la fuente y que los compartas, y hacer esto es de lo más satisfactorio que tengo. Recibo muchos correos de profes, padres y alumnos dándome las gracias. Cuando puse en Twitter que me habían dado el premio, en menos de veinticuatro horas tenía doce mil impresiones, la mayor parte de ellas de profesores dándome las gracias por compartir. Prefiero esta satisfacción que ganar tres mil euros al año.
-¿Qué importancia tienen las familias en lo tocante a la formación y educación?
-Muchos de los padres que mandan aquí a sus hijos no valoran su educación y es vital que lo hagan. Es importante que tu padre o tu madre lean, que se interesen por tus estudios y que te digan que estudiar es importante. Yo escogí este instituto porque ideológicamente soy de izquierdas. Pude ir a uno del centro y renuncié explícitamente porque me parece que mi puesto está aquí, con la gente que antes llamaban de clase obrera, gente que tiene menos posibilidades de promoción. Me pareció que estaría mejor en este instituto que en otro en el que seguramente tendría más éxitos con los alumnos y más conciliación pero vine aquí de manera consciente. Con esto no quiero decir nada, yo tengo mi manera de pensar y consideré que podía hacer más labor en un instituto como este.

«Yo escogí este instituto porque ideológicamente soy de izquierdas. Pude ir a uno del centro y renuncié explícitamente porque me parece que mi puesto está aquí, con la gente que antes llamaban de clase obrera, gente que tiene menos posibilidades de promoción»

-También es cierto que antes había un respeto hacia los padres y los profesores que las nuevas generaciones han perdido…
-Cuando antes se estudiaba el BUP ahí llegaban los mejores. Recuerdo dar clases de Física en el Instituto Jovellanos a cuarenta y dos alumnos y no había ningún problema porque estaban como en misa. Métete tú hoy en una clase de segundo con veinticuatro. Antes los padres tenían menos preparación que ahora pero había sentido común. El 95% de los chavales respetaban al padre y cuando iban al instituto el profesor representaba la misma figura. Hoy en día, en casa no se respeta a los padres y cuando vienen aquí quieren seguir con la misma dinámica. Yo considero que un chaval fracasa cuando lo intenta y no puede. A un chaval que lo intenta se le ayuda y al final, salvo raras excepciones, termina saliendo adelante. ¿Es fracaso escolar un chaval que te dice que no quiere saber nada? No, eso es fracaso familiar y social. Cuando llamas a casa de un alumno que tiene problemas, y detrás hay una familia estructurada, ese chaval dejará de fracasar porque le ponen las pilas e irá como una vela. Pero si tienes otro alumno que lo menos que te puede llamar es hijo de puta y sus padres le dan la razón o te dicen eso de «yo no puedo con él», ese chaval va a seguir fracasando. Esto se suma a actitudes como por ejemplo tratar de diferente manera a un profesor que a una profesora. El problema del machismo en estos chavales es bastante preocupante porque es galopante. Veo actitudes en ellos que no vi jamás en gente de mi generación y nosotros sí estábamos educados en un machismo. Ellos saben que en mi clase no consiento ciertas cosas. El primer día siempre les digo que ojo con despreciar a alguna persona porque sea inferior intelectualmente, porque sea de diferente sexo, porque tenga la piel distinta o porque tenga una religión que no sea la misma. Esto les queda muy claro el primer día.

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