Nuria Varela. Directora general de Igualdad del Principado. “La desigualdad no es rentable para un país, tiene un coste altísimo”

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Nuria Varela. Directora general de Igualdad del Principado
Foto: Fusión Asturias
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Esta asturiana de Turón ha vivido varias vidas en una. Trabajó como reportera en numerosos conflictos bélicos. Es autora de varios libros sobre feminismo y violencia de género. Fue directora del Gabinete del Ministerio de Igualdad de Bibiana Aído pero sobre todo es una mujer comprometida en la lucha a favor de la paridad.

“Primero nos dijeron que no teníamos alma, luego que no teníamos inteligencia… es decir, venimos de la nada. Así que, ya que estamos aquí en medio de este tsunami feminista que recorre el planeta, no vamos a parar ahora”, piensa Varela. Para esta mujer curtida en mil batallas -Irak, Afganistán, Chiapas, Bosnia, Libia, Ciudad Juarez -el feminismo ha sido lo que realmente le ha dado las claves para entender el mundo. Desde entonces, trabaja para mejorarlo.

-Dices que “si no contamos nosotras nuestra historia, la perdemos y tenemos que fijarla, reflexionar y avanzar”. ¿Por eso empezó a escribir Nuria Varela sobre feminismo cuando casi nadie hablaba de ello?
-Mi primer libro, Íbamos a ser reinas fue sobre violencia de género. Yo era reportera de guerra en aquel tiempo, veía ese fenómeno pero no tenía las claves para interpretarlo. En aquellos relatos me faltaba algo. Se planteaban como sucesos y no lo eran porque se repetían sin tregua: la violencia utilizada como arma para someter a la mujer. El siguiente libro, Feminismo para principiantes tampoco lo hice por la memoria, ese es un tema que me preocupa más ahora. El feminismo siempre me ha parecido, además de una teoría política ineludible en democracia, una teoría intelectual y filosófica, una herramienta muy útil que nos da respuesta a las mujeres, nos explica qué está ocurriendo y nos da instrumentos para cambiarla, para hacer una realidad más digna y más justa.
No existía un libro fácil, divulgativo para introducirse en el tema, todo eran textos de filosofía. Así que como periodista me puse a hacer lo que mejor sabía, divulgar. Ese libro está escrito desde la amistad porque tenía muchas amigas que me decían, ‘por dónde empiezo’ y ese libro fue mi respuesta. Creí que era el momento adecuado para hacerlo.

“El 93% de excedencias para cuidar a mayores, hijos y familiares, las solicitan las mujeres. En Asturias la crisis de los cuidados es un problema más profundo que la crisis territorial”

-Han pasado quince años y ahora nos hablas del Feminismo 4.0.
-El libro Feminismo 4.0. La cuarta ola lo acabo de terminar este verano y se puede decir que es una continuación de aquel. En estos quince años han pasado muchas cosas. El feminismo no para de crecer, tiene más fuerza y se ha convertido en un fenómeno global. Se ha hecho mayor porque ha profundizado mucho en la teoría y a la vez se ha hecho más joven, cuenta con mucha militancia. Se añaden a este movimiento el ecofeminismo y el ciberfeminismo, dos familias que ya existían pero que ahora han impregnado por completo a todo lo que había.
Mientras el feminismo reflexionaba y se planteaba nuevos caminos, aparece la reacción patriarcal en estos últimos años, junto a un movimiento neoliberal muy potente, con discursos neofascistas que atacan directamente a las mujeres en muchos rincones del planeta al mismo tiempo. Pensábamos que estábamos en un momento distinto y resulta que aparecen encima de la mesa temas como la violencia sexual, la violencia económica y la gran crisis de los cuidados, que nos ponen en alerta porque no les estábamos prestando demasiada atención. En Asturias en concreto la crisis de los cuidados es un problema más profundo que la crisis territorial.

mujeres paseando a sus hijos-Se habla de la llegada de la cuarta ola. Tú aseguras que estamos viviendo un auténtico tsunami… ¿dónde estamos?
-A nivel teórico no hay consenso en el feminismo sobre si estamos o no en la cuarta ola. Desde mi percepción, en este último libro hablo de tsunami no solo por el éxito de las movilizaciones en todo el mundo sino también por la globalización del feminismo en lugares donde antes era impensable. Pero sobre todo hay algo determinante en esto y es la ruptura del silencio en masa como el #MeToo o el #Cuéntalo en España. Las mujeres hablan con nombres y apellidos en los medios, en las redes, en los tribunales… eso es un tsunami en toda regla. El silencio, mandato patriarcal por excelencia, se ha roto.

-De activista y escritora pasas a ser directora de Gabinete del Ministerio de Igualdad con el Gobierno de Zapatero y ahora Adrián Barbón te llama para asumir la Dirección General de Igualdad del Principado. ¿Cómo está siendo esta experiencia desde las instituciones?
-Por un lado es un privilegio formar parte del equipo que da soluciones a los problemas. Por otro, cuanto más pones la lupa sobre los problemas más consciencia tienes de ellos. Yo siempre digo que si se quiere cambiar una situación hay que estar en todas partes, dentro y fuera de las instituciones y para ello hay que generar puentes desde el Gobierno y desde la militancia, desde la calle. Yo sigo siendo la misma, pienso lo mismo y miro la vida con las mismas gafas solo que ahora tengo más posibilidades y herramientas para modificar más cosas.

-La Dirección de Igualdad depende directamente de Adrián Barbón cuando antes lo hacía de Presidencia. ¿Es una prioridad para su Gobierno?
-Sin duda. Él ha hecho suya esta necesidad y, en mi opinión, la ha colocado políticamente en el lugar que tenía que estar. Está al tanto de todo lo que ocurre y mantenemos un diálogo fluido y constante. La estrategia a desarrollar será dual. Por un lado se mantendrán políticas específicas para trabajar en determinados ámbitos de forma concreta y por otro, se trabajará con transversalidad. El Presidente es el que mejor puede desarrollar esta estrategia dual.

“En las aulas hay mucha mirada androcéntrica. Hay que sacar todos esos estereotipos y trabajar con la igualdad desde la edad más temprana posible”

-¿Cuáles son los retos prioritarios?
-Las prioridades las van a marcar los Indicadores. Tenemos que tener buenos análisis para poder diseñar políticas que solucionen problemas como la brecha salarial en Asturias, que es la más alta de España, o la violencia de género que carcome nuestra sociedad y pone en cuestión la propia democracia. Hay que centrar el foco aquí, la cantidad de violencia que sufrimos las mujeres no está cuantificada, eso hay que traducirlo en cifras.

Manifestación feminista
Foto:© SantiVaquero

-Los datos del Observatorio de Igualdad reflejan ese aumento de violencia de género en los últimos años.
-Si bien tenemos un estudio de Indicadores de Igualdad muy detallado que acabamos de actualizar en violencia de género, la encuesta nacional que se hace cada cuatro años no es muy representativa ya que la muestra en Asturias es muy pequeña. Además, los datos que recoge es a partir de las denuncias cuando los estudios nacionales e internacionales indican que la mayor parte de la violencia (un 70%), no se denuncia, no se ve. Por eso vamos a realizar una macroencuesta para que nos aporte datos de esa violencia oculta, no denunciada, especialmente en el ámbito rural y entre las jóvenes. Con esa información podremos diseñar buenas políticas.

-Parece que a veces se pone más énfasis en trabajar con las víctimas y los agresores que en la prevención.
-Hay que abordar el problema de raíz, en las causas, en los culpables, en el inicio del proceso, no el final. El objetivo es no tener víctimas y para ello la mejor arma de prevención es la igualdad. Si educas en igualdad, vives en libertad. En las aulas hay mucha mirada androcéntrica, machista, la idea es sacar todos esos estereotipos y trabajar desde la edad más temprana posible con una idea básica y potente de igualdad, respeto, resolución de conflictos sin violencia. Vamos a poner en marcha el proyecto CoeducAstur en doce centros asturianos el próximo curso. Esto nos servirá para evaluar los resultados e implantarlo poco a poco en el resto de centros, públicos y concertados e invitaremos a los privados porque nos parece positivo. Será de carácter obligatorio porque es la única manera de que se traduzca en un cambio real en la educación.

-Antes hablabas de la gran crisis de los cuidados que padecemos. ¿Es cuestión de políticas valientes?
-Políticamente siempre tenemos responsabilidad en todo pero en el ámbito de los cuidados hay una parte fundamental que es el cambio cultural. El problema es que los hombres no cuidan. Nosotras hemos entrado en todos los sitios, en unos más que en otros con el consiguiente sacrificio y esfuerzo… pero ellos no han entrado en casa. Los datos son espectaculares, el 93% de excedencias para cuidar mayores, hijos y familiares las solicitan las mujeres. Por nuestra parte pondremos en marcha varias medidas como la ampliación de trabajo de 0 a 3 años para tener cobertura total lo antes posible, comedores en los institutos porque es imposible conciliar si tienes a los chavales comiendo en casa. Por primera vez en la historia de la concertación, tenemos una mesa de diálogo permanente con empresarios y sindicatos. Pero insisto, el mayor problema es el cultural.

“El feminismo, además de una teoría política ineludible en democracia, es una herramienta que nos da respuestas a las mujeres y también instrumentos para poder cambiar las cosas”

-Porque la desigualdad no es una lucha exclusiva de las mujeres…
-Claro que no. La coeducación produce cambios pero a largo plazo. No hay democracia sin igualdad por eso no podemos esperar. Los hombres actuales tienen que ser responsables, tienen que cuidar, estar ahí en todos los ámbitos. Echo de menos en los grandes sectores e instituciones a los hombres, creo que aún están muy de perfil. La desigualdad no es rentable para un país, tiene un coste altísimo, la situación se está convirtiendo en insostenible. A ver qué ocurre en las próximas generaciones.

-En este activismo que transmites a través de los poros de tu piel, ¿ha tenido algo que ver el ser hija de la cuenca minera?
-Creo que sí. Soy hija de mujeres muy fuertes, nacida a finales de los sesenta, una época con muy pocos derechos. A las mujeres se les prohibía explícitamente entrar a trabajar en el único lugar donde había trabajo, en la mina. Por tanto esa brecha salarial es histórica. A ellas se les impuso un determinado modo de vida durante la dictadura. Por eso es muy difícil no ver los agujeros negros de esa conciencia de clase. A ese vacío de derechos no supe ponerle nombre pero lo veía y cuando me encontré con el feminismo, encontré las respuestas. Sin ello, todo lo demás se queda cojo, le falta la mitad del mundo.

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