El arca de Noé de las razas autóctonas

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Integrantes del Área de Selección y Reproducción Animal del SERIDA en el Centro de Biotecnología Animal de Deva, en Gijón. De izquierda a derecha, Néstor Caamaño, investigador; María José Merino y Ángel Fernández, técnicos; Carolina Tamargo, investigadora y Carlos Hidalgo, Jefe de Área
Integrantes del Área de Selección y Reproducción Animal del SERIDA en el Centro de Biotecnología Animal de Deva, en Gijón. De izquierda a derecha, Néstor Caamaño, investigador; María José Merino y Ángel Fernández, técnicos; Carolina Tamargo, investigadora y Carlos Hidalgo, Jefe de Área / Foto: SERIDA
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El Principado de Asturias tiene su propia reserva genética con la que asegurar la conservación de ciertas razas animales autóctonas en riesgo de desaparecer. Bajo el nombre de Banco de Recursos Zoogenéticos (BRZ) permanece contra viento y marea un proyecto que nació en 2004 y que ahora, en tiempos de pandemia, cobra mayor visibilidad.

El Área de Selección y Reproducción Animal del SERIDA es la responsable de este proyecto, y Carlos Hidalgo, la persona que se halla al frente del equipo de veterinarios y técnicos cuya labor principal es la de salvaguardar un importante legado genético. Lo llevan a cabo conservando en tanques de nitrógeno líquido y a baja temperatura germoplasma, es decir, semen, óvulos y embriones de ciertas razas de ganado doméstico. Un material genético que permitiría reintroducir una especie en caso de extinción por una catástrofe natural o enfermedad y que en el presente contribuye a mejorar las cabañas ganaderas.

“Según datos de la FAO, la cuarta parte de las razas domésticas animales se encuentran en peligro de desaparición. Y en España las cifras se incrementan llegando al 84% las especies en peligro”
Carlos Hidalgo, SERIDA

Al igual que ocurre con otras especies domésticas, la introducción de razas vacunas foráneas está poniendo en riesgo la continuidad de algunas razas autóctonas. “Según datos de la FAO, correspondientes al año 2019, la cuarta parte de las razas domésticas animales se encuentran en peligro de desaparición. Y en España las cifras se incrementan llegando al 84% las especies en peligro” explica el Jefe de Área. Ante este panorama, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura recomienda almacenar recursos genéticos de especies autóctonas cuyas poblaciones se han reducido drásticamente.

La práctica generalizada de apostar por una raza importada no es precisamente la más idónea desde el punto de vista de la biodiversidad, ya que acaba imponiendo una homogenización, al mismo tiempo que compite con el valioso patrimonio genético de cada territorio.

Ejemplar de oveja xalda y crías de gochu asturcelta
(Izda.) Ejemplar de oveja xalda / Foto: Luisma Murias. (Dcha.) Crías de gochu asturcelta / Foto: ACGA

Además del valor socio cultural e histórico que atesoran, es bien conocido por los científicos que las especies ganaderas originarias se encuentran mejor adaptadas al medio natural que las variedades alóctonas, provenientes de regiones geográficas muy alejadas. La adaptación puede reflejarse de muchas formas, mejor aprovechamiento de los pastos cuando estos escasean o son de baja calidad, mejor adaptación a las condiciones climáticas, mayor resistencia a parásitos y enfermedades y en algunos casos, se ha observado incluso una respuesta más favorable frente a posibles depredadores.

El problema surge cuando lo que prima es el parámetro de la producción por encima de cualquier otro. “Las foráneas están desplazando a nuestras razas nativas que estaban muy adaptadas al medio, y esto es porque se busca una mayor rentabilidad económica, una mayor producción de carne o leche- explica Hidalgo-. Pero una cosa es la cantidad y otra la calidad, y en esto son superiores las razas autóctonas que ofrecen un producto diferenciado, con un valor añadido. El consumidor cada vez valora más de qué raza proviene un producto, de dónde viene y apuesta por la calidad. Y ahora que se busca fijar población en el medio rural muchas políticas de desarrollo benefician a los ganaderos, hay ventajas competitivas que van asociadas a tener razas autóctonas”.

Las razones que inducen a crear un banco de recursos pueden variar en el tiempo, pero lo que permanece inalterable es el patrimonio genético que alberga y el enorme potencial que ofrece para múltiples aplicaciones.

Las razones que inducen a crear un banco de recursos pueden variar en el tiempo, pero lo que permanece inalterable es el patrimonio genético que alberga y el enorme potencial que ofrece para múltiples aplicaciones. Para el científico asturiano es importante explicar que no se trata de un banco de recursos estático, algo que mantengas en el congelador sin uso. “Aunque no es la labor principal, en la práctica hay un uso que se canaliza a través de asociaciones de criadores, que en ocasiones acuden a nosotros para poner en circulación embriones u otras muestras y de esta forma se aporta una mayor variabilidad genética. Los ganaderos tienen un papel fundamental en la recuperación de las razas autóctonas, son los que realizan la conservación más importante manteniendo los rebaños, es la llamada conservación in situ”.

Cabra bermeya
Cabra bermeya / Foto: ACRIBER

El banco de germoplasma asturiano extrae y guarda con mimo miles de muestras que en caso de necesidad podrían recuperar razas como la oveja xalda o la cabra bermeya. Las cifras hablan por sí solas: en las instalaciones que dirige el SERIDA hay 480 embriones de Asturiana de la Montaña, 96.000 dosis de semen de 53 donantes de Asturiana de la Montaña, 12.000 dosis de 28 ejemplares de cabra bermeya, 15.000 de 27 ovejas xaldas, 18.000 de 11 asturcones y más de 30.000 dosis de 22 gochos asturceltas. Y entre los logros de última adquisición, la pita pinta, de la que actualmente albergan 51 dosis de 9 donantes.

En tiempos difíciles para la salud pública, en los que infecciones de origen animal se trasladan a la población humana, la existencia de arcas de Noé como la del Principado de Asturias parecen cobrar mayor significado. En el caso de que una enfermedad vírica o bacteriana afectase de forma masiva a los animales y hubiese que proceder a su sacrificio, el banco genético cobraría protagonismo para su recuperación.

“El material que constituye el Banco procede de animales que son seleccionados por las asociaciones de ganaderos por sus condiciones óptimas. El material de cada raza se almacena en contenedores de nitrógeno aislados y se mantiene por duplicado para prevenir la pérdida de temperatura en uno de ellos. De esta forma, el Banco además de contribuir a la biodiversidad es una garantía sanitaria” añade Hidalgo.

Asturcones / Foto: ACPRA (Asociación de Criadores de Ponis de Raza Asturcón)
Asturcones / Foto: ACPRA (Asociación de Criadores de Ponis de Raza Asturcón)

“Los ganaderos tienen un papel fundamental en la recuperación de las razas autóctonas, son los que realizan la conservación más importante manteniendo los rebaños, es la llamada conservación in situ”

Mantener las instalaciones de criopreservación requiere un importante desembolso económico, solo el gasto en nitrógeno líquido ronda los 20.000 euros anuales. De ahí que entre las mayores dificultades que encuentra este tipo de proyectos se halla la financiación. Hace dieciséis años, el BRZ se puso en marcha con fondos del Instituto Nacional Animal de Investigación y Tecnología Agraria (INIA) pero tras la última convocatoria del año 2017 no han vuelto a convocarse programas nacionales para este tipo de reservas zoogenéticas. “Hay un millón y medio de euros para financiar esta actividad con las plantas, para bancos fitogenéticos, pero cero euros para la parte animal -comentan desde el SERIDA-. Es una queja que hemos trasladado al INIA, pero de momento no hay convocatoria a la vista. Así que este año, para mantenerlo, tenemos que acudir a la administración del Principado que ya estaba colaborando, pero ahora no es suficiente. Afortunadamente, el compromiso del Gobierno regional está claro”.

El BRZ se encuentra ubicado en el Centro de Biotecnología Animal (CBA) de Deva, en Gijón. El grupo humano que lo gestiona está constituido por tres investigadores, Carolina Tamargo, Néstor Caamaño y el Jefe de Área, Carlos Hidalgo. A ellos se suma un equipo técnico de laboratorio formado por María José Merino y Ángel Fernández y los operarios del SERIDA que realizan labores, tanto de alimentación como de recogida de material genético.

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