Tierra Mágica, una iniciativa de educación ambiental

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Ruta por el bosque de Beyu Pen (concejo de Amieva)
Ruta por el bosque de Beyu Pen (concejo de Amieva) / Fotos cedidas por Tierra Mágica
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Escuchar el canto de los pájaros, el sonido del río, oler la fragancia de la lavanda, o la tierra mojada después de haber llovido, sentarse al lado de un árbol y sentir su energía son cosas que nos pueden ayudar a conectar con la naturaleza y tienen un efecto reparador sobre nuestro organismo a nivel físico y mental. Tierra Mágica es una iniciativa de educación ambiental en espacios naturales del Principado de Asturias que une ciencia, -conocimiento del medio natural-, con esa conexión más profunda de fusión con la tierra que tenían nuestros antepasados. Begoña R. Berlinches es la directora de este proyecto.

Begoña R. Berlinches, directora de Tierra Mágica
Begoña R. Berlinches

-¿Cómo nace Tierra Mágica?
-Surge como un proyecto personal que comenzó en 2003 cuando trabajaba como educadora en colegios de la comunidad de Madrid. En 2018 aterricé en la zona de Pría (Llanes), di un salto y me constituí como empresa para trabajar con programas más personalizados en la comarca del Oriente de Asturias. Posteriormente me fui a Villaviciosa y allí terminé de dar forma a este proyecto ambiental. Trabajamos con centros educativos, asociaciones, familias y grupos organizados. En este momento el equipo lo formamos tres educadoras con formación académica y experiencia personal en distintos ámbitos: ciencias ambientales, botánica, educación social, inteligencia emocional, historia, etnografía, cultura, actividades de ocio. Además de todo este conocimiento creemos que la ciencia va unida a la sabiduría del alma, un mensaje que nos han transmitido las tribus y los pueblos que han permanecido unidos a la Madre Tierra. Eso es algo que queremos recuperar.

“Todos nuestros desequilibrios, alteraciones físicas, mentales, tienen lugar porque en algún momento nos hemos desconectado de la naturaleza”

-Has dicho que “cualquier pequeña acción en la protección del medio ambiente tiene consecuencias inmediatas no solo en los ecosistemas sino en el grado de conciencia de las personas que se implican y en las de su entorno”. La naturaleza nos necesita, pero podríamos decir que también nosotros a ella, ¿no?
-Exactamente, yo te diría que todos nuestros desequilibrios, alteraciones físicas y mentales, si tiramos realmente del hilo vemos que en algún momento tienen lugar porque nos hemos desconectado de la naturaleza. Coger una bicicleta y salir al campo, regar las macetas, darte un pequeño paseo, parece que no, pero equilibra mucho. Perderse en un bosque te puede ayudar a dejar de darle vueltas a un problema o a reducir la ansiedad y el estrés, por ejemplo. Parece que nos enfrascamos en cosas que tenemos que hacer y eso lo vamos dejando de lado. Lo considero una medicina primordial.

Mochila de exploración de la empresa Tierra Mágica
Mochila de exploración

“Organizamos actividades para descubrir y disfrutar del paisaje, y creamos ocasiones para concienciar y sensibilizar sobre el medio natural y el patrimonio ancestral”

-¿Cómo se enseña a un niño a respetar la Tierra, a protegerla o sentirse parte de ella?
-Con el propio testimonio. Para impartir educación ambiental tenemos muchas programaciones de competencias, contenidos y papeleo engorroso cara a la Administración, pero básicamente se enseña con el testimonio y con la actitud. Los niños no son ignorantes. El hecho de que no tengan vocabulario o conocimientos no quiere decir que no te estén entendiendo. Ellos captan a un nivel profundo y con lo que se están quedando es con lo que tu transmites siendo verdad y coherente. A partir de ahí es cuando te siguen y se enganchan. Cómo caminas, qué relación tienes con los árboles, si te molestan o por el contrario los consideras importantes, cómo utilizas los objetos que te rodean, cómo tratas a los animales, qué comes, qué ropa llevas, de qué cosas hablas y transmites continuamente en tu forma de vida… eso es transmitir coherencia, luego está el saber contagiar todo esto y ser constante. En el fondo es todo muy sencillo y forma parte del día a día.

-No se trata solo de dar un paseo por el campo si no de cómo salimos a caminar, de nuestra actitud.
-Los que vivimos en Asturias tenemos la gran suerte de estar rodeados de naturaleza. Aunque vivas en una ciudad tienes al lado lugares de gran pureza ambiental. Eso que parece tan sencillo hay personas que viven en el territorio nacional y no lo podrían hacer. Creo que no hay dinero que pague esto. Y si por circunstancias no te puedes desplazar, a un nivel más pequeño también puedes rodearte de naturaleza paseando por un jardín o por un parque. Y luego lo que suman son las actitudes, puedes participar en acciones locales medioambientales de tu barrio, con tus vecinos o amigos; si además te haces voluntario, mejor que mejor. Observa si practicas el consumo consciente y responsable, a quién le compras, si valoras que la riqueza quede a nivel local y se reinvierta en la zona… Todo ayuda a conectar con la naturaleza, beneficiarnos de ella y valorarla.

“En Tierra Mágica trabajamos con la naturaleza, con las esencias florales, los oligoelementos, la alimentación, todo está unido y guarda relación”

Muestra de plumas para conocer colores, texturas, ligereza y suavidad
Muestra de plumas para conocer colores, texturas, ligereza y suavidad

-Tú que vienes de Madrid, ¿qué es lo que más te ha cautivado de la naturaleza asturiana?
-Que es salvaje, no está domesticada. Es un paisaje radicalmente diferente del de nuestros vecinos de Galicia, Cantabria o País Vasco. Me parece una fuente de disfrute e inspiración. Creo que somos muy afortunados de disponer de una importante red de espacios naturales que se mantienen libres de contaminación, erosión o sequía, comparado con todo lo que está ocurriendo en el planeta.
En cuanto llegué, lo primero que he vivido es que tienes que pedir permiso a la Tierra y es ella la que te acepta o te redirige directamente a tu casa. Pone sus condiciones y tú las aceptas o no. Sé que esto que te digo a lo mejor te puede sonar raro, pero lo creo así. Con estas temperaturas extremas que estamos viviendo, con las heladas, o te adaptas y juegas con sus normas o pierdes la partida. Asturias tiene un relieve muy agreste, cultivar en cualquier aldea supone hacerlo en terrenos normalmente con pendientes, eso sumado a los rigores del clima, hacen que esa actividad no la pueda hacer cualquiera. Y eso un día tras otro. ¿Qué ocurre luego? Que al final eso te da una salud de hierro. Solo tienes que mirar a la gente de las aldeas que con 80 o 90 años tienen una claridad mental y una resistencia que es impresionante. Esto me llamó mucho la atención en Asturias.

-Proponéis experiencias de turismo saludable. ¿En qué consisten?
-Son paseos o excursiones, pero abordadas en profundidad y con trascendencia. Organizamos actividades para descubrir y disfrutar de la belleza del paisaje, y creamos ocasiones para concienciar y sensibilizar sobre el medio natural y también sobre el patrimonio ancestral. Caminamos y disfrutamos al tiempo que conocemos el territorio, los ecosistemas que nos rodean, árboles singulares, especies emblemáticas y amenazadas, jugamos, nos comemos un bocadillo, pero hay ocasiones en que nos paramos debajo de un determinado árbol, un montículo o entramos en una determinada cueva, -yo los llamo ‘lugares de poder’-, porque la energía de la tierra se siente ahí de una manera muy especial. No sé decirte por qué. El educador lo siente, paramos y por lo general hacemos una actividad de mindfulness (atención plena) para vivir el momento y darnos cuenta de cómo estamos respirando, cómo nos sentimos y sentimos a la tierra. Relajamos nuestro cuerpo y nuestra mente y a partir de ahí surgen situaciones de lo más variado: de risa porque la persona consigue liberar sus tensiones y sus ruidos mentales; de emoción, de espontaneidad, de sorpresa cuando comparten sus sensaciones en grupo y crean lazos con otras personas. Cada salida es única porque la naturaleza es una fuente permanente de conocimiento, de estímulos y de experiencias, no hay dos iguales. Para mí, además, son toda una aventura porque, aunque hay una parte que siempre llevas preparada, hay un porcentaje de cosas que no puedes controlar y siempre te sorprenden. Cada salida es también un reto y cuando llego a casa me siento renovada.

Momento Mindfulness en un bosque de Asturias
Momento Mindfulness

“La ciencia va unida a la sabiduría del alma, un mensaje que nos han transmitido las tribus y los pueblos que han permanecido unidos a la Madre Tierra. Eso es algo que queremos recuperar”

-Pensamos más que sentimos. Nos olvidamos de lo sensorial y emocional. ¿Qué nos estamos perdiendo?
-Creo que deberíamos de bajar nuestro ritmo y concentrarnos más en observar, escuchar, oler. En Tierra Mágica trabajamos con la naturaleza, con las esencias florales, los oligoelementos, la alimentación, todo está unido y guarda relación. Trabajo por ejemplo con las orquídeas con aquellas personas que tienen depresión porque son unas plantas que no solo tienen entre sí una conexión profunda sino también con el resto de las especies que habitamos el planeta. Tienen cualidades a nivel energético sutil que nos benefician cuando estamos cerca de ellas. Pero también recibes muchas cosas de los minerales, de los animales -tu perro, gato o los pájaros que se posan en tu ventana-. Esa comunicación con la Tierra la ha tenido siempre la mujer por eso cuando tiene que parir sabe lo que tiene que hacer de forma instintiva porque lo lleva en su genética, en su memoria. El hombre también lo lleva dentro, pero parece ser que la mujer es más una traductora de esa realidad. Ambos nos compensamos.

-El equipo de Tierra Mágica está formado por mujeres, ¿eso aporta algo distinto al trabajo que hacéis?
-En eso creo que las cosas están cambiando mucho. La sensibilidad ya no es algo exclusivo de la mujer. Muchas veces vienen chicos jóvenes, muchos de ellos biólogos, con mucha formación y experiencia que quieren trabajar con nosotras porque les gusta el proyecto. Vemos a una nueva generación con gente más sensible que, si tiene que llorar llora y si tiene que poner en voz alta sus sentimientos, lo hace, y piensas, ¡qué bien vienen! En este sentido creo que hemos dado un salto cuántico como sociedad.

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