¿Felicidad en el trabajo?

"La Siesta" de Van Gogh
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“Contemplar cómo los demás trabajan es una manera muy sana de amar el trabajo”
(Noel Clarasó)

A lo largo de la historia el trabajo ha sido, y es, considerado como una bendición para algunos, una maldición para otros y una obligación para la mayoría.

Cabe plantear si en este momento económico-social por el que estamos atravesando se hacen necesarias otras consideraciones.

Por una parte tener trabajo es considerado como una bendición; de quien tiene trabajo decimos que es afortunado o le ha tocado la lotería y, sin embargo, cabe decir que el trabajador está poco considerado, es un número y, en muchas ocasiones, mal pagado ya que no pocos empresarios se aprovechan de la necesidad de trabajo para ofrecer poco a cambio de mucho, muchas horas y mucho esfuerzo.

Nos hallamos pues en un encuentro, o quizá desencuentro, entre maldición y bendición, una contradicción obligada a abrazarse y, siendo así, el trabajo no dignifica sino que despoja al individuo de esa dignidad que debería experimentar.

Y, sin embargo, las investigaciones han demostrado que el hombre es más feliz cuando está trabajando que el resto del tiempo, pero él no lo sabe. Estamos ante aquello que dijo Ovidio: “Qué felices serían los pastores si supieran que lo eran”.

El trabajo no se ha ganado una reputación especialmente positiva y, sin embargo, según estudios, el hombre es más feliz trabajando que en su tiempo libre.

Por tanto lo que parece una paradoja no lo es tanto. Es necesario viajar en el tiempo para entender este aparente desencuentro. Nos situamos en el principio de los tiempos, en aquel lugar donde nuestros padres vivían felizmente, podían disfrutar de todo, paisaje, alimento y prohibición. La fruta prohibida era el precio a pagar, pero Eva no pudo resistirse. La tentación cumplió su cometido y fueron expulsados del paraíso, allá donde deberían ganar el pan con el sudor de la frente.

Estamos en los inicios de la mala prensa del trabajo y esa mala prensa continuó y continuará su andadura.

Las grandes civilizaciones construyeron Pirámides, Templos, Murallas, Castillos, Mezquitas, Catedrales, con la energía de esclavos, prisioneros, hombres del pueblo, gente que dejó su piel y su vida para realizar las ambiciones de sus amos.

Karl Marx dijo: “El trabajo es externo al trabajador, no pertenece a su ser, a su esencia; en el trabajo el trabajador se niega, no desarrolla libre energía (física y espiritual) solo se siente “en sí” fuera del trabajo y en el trabajo “fuera de sí”.

Se entiende, por lo expuesto, que no tengamos del trabajo una idea muy alentadora, no se ha ganado una reputación especialmente positiva y, sin embargo, tal como he dicho anteriormente, el hombre es más feliz trabajando que en su tiempo libre, incluso en estos tiempos en que, en no pocas ocasiones, el ambiente laboral se convierte en un campo de batalla (acoso, zancadillas, competencia, chismorreos…) donde si alguien es brillante lo más práctico es esconderse, si comete un error vive con miedo al rechazo y a la crítica, si tiene ideas es reacio a exponerlas porque probablemente, a poco que se descuide, alguien las hace suyas sin el menor escrúpulo.

El trabajo cuanto más se parezca a un juego más posibilidades tendrá de crear Estados de Flujo. Tarea compleja y tarea difícil, al menos en este caso, suponen cosas totalmente diferentes. El juego puede que no sea difícil, pero es complejo.

Cuesta, por ello, entender eso de la felicidad en el trabajo, pero se comprenderá fácilmente, desde la explicación del Estado de Flujo.

El Estado de Flujo es una experiencia óptima en la que la actividad que nos ocupa, en la que estamos inmersos, se convierte en algo absolutamente gratificante, intrínsecamente gratificante porque requiere de nosotros la puesta a punto de nuestras capacidades y fortalezas para dar respuesta a las demandas y retos que la tarea exige y eso es lo que espera el cerebro, un cierto desafío.

Fausto Massimi y colaboradores llevaron a cabo, durante ocho años, una investigación en diversas partes del mundo a través del MME (Método de Muestreo de la Experiencia). El método consistía en el siguiente proceder: Las personas implicadas en la investigación llevaban un buscador que sonaba ocho veces al día, tanto en el tiempo laborable como en el tiempo libre. Cuando se activaba la señal el sujeto debía anotar lo que estaba haciendo, dónde se hallaba y con quién. Luego debería calificar numéricamente variables como concentración, autoestima, motivación, etc. Variables que conforman y contribuyen a la Felicidad.

Los resultados pusieron de manifiesto que las puntuaciones más altas en estos índices de satisfacción se registraban cuando los sujetos estaban trabajando.

De hecho, cuando el buscador sonaba en tiempo libre las puntuaciones en los índices de satisfacción eran menores y es que la actividad integra metas, reglas, desafíos, retroalimentación y son esos elementos los apropiados para desencadenar Estados de Flujo.

El tiempo libre no integra, en líneas generales, esas variables así que más bien genera estados de aburrimiento y estados depresivos leves.

Alguien dijo: “El futuro pertenece no solo al hombre interesado sino al hombre que haya sido educado para usar su ocio sabiamente”.

Cuando la gente está en el trabajo no escucha la evidencia de los sentidos y crea su sentir en los estereotipos culturales fuertemente arraigados, en las creencias que a lo largo del tiempo se han ido gestando. El trabajo se supone como un deber, como una imposición, un atentado contra la libertad.

Y es que cuando sentimos que empleamos la atención en una tarea contra nuestra libertad es como si nuestra energía estuviera siendo derrochada porque en vez de ser empleada para alcanzar nuestras metas lo estamos haciendo para alcanzar las metas de otros y así entendido el tiempo utilizado se percibe como un tiempo a restar del total disponible en nuestras vidas. Un esfuerzo que nos roba la vida y la existencia.

A la luz de estos conocimientos el planteamiento debe hacerse atendiendo a las siguientes cuestiones:
– ¿Cuáles son los trabajos que, según las investigaciones, nos ofrecen la oportunidad de experimentar Estados de Flujo?
– ¿Existe una personalidad capaz de crear experiencias de Flujo en ambientes hostiles?

Alguien dijo: “El futuro pertenece no solo al hombre interesado sino al hombre que haya sido educado para usar su ocio sabiamente”

La respuesta a estos interrogantes se hace a través de la introducción del concepto de Autotelia (Auto: en sí mismo y Telos: finalidad).

Los investigadores sostienen que hemos de transformar las tareas en algo más complejo (lo cual no quiere decir incrementar el grado de dificultad) para que se produzcan Estados de Flujo.

El trabajo cuanto más se parezca a un juego más posibilidades tendrá de crear Estados de Flujo. Tarea compleja y tarea difícil, al menos en este caso, suponen cosas totalmente diferentes. El juego puede que no sea difícil, pero es complejo.

Pongo como ejemplo el juego de “El Escondite”:

Este juego tiene una serie de retos y requiere, por ello, una serie de habilidades: imaginación para elegir el lugar dónde esconderse, rapidez como habilidad física necesaria para llegar a alzar la malla, capacidad de decisión a la hora de salir en el momento oportuno para alcanzar el objetivo que tiene que ver con el cálculo del tiempo, seguridad de llegar, control sobre la persona que está atenta para descubrir a los que salen.

Estos procesos ocurren inconscientemente, procesos que tienen lugar sin que nos paremos a analizar pero que, como queda demostrado, implican gran variedad de decisiones que el cerebro tiene que tomar, decisiones que requieren diferentes habilidades. Eso es a lo que se refiere el término complejidad.

Vayan tomando nota porque en próximo artículo les hablaré del Trabajo Autotélico y del Trabajador Autotélico.

¡Una apuesta por la Felicidad!

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