Acceso al poder, ¿solo una cuestión de cuotas?

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En el mundo hay tantas mujeres como hombres, sin embargo, esta paridad numérica no se refleja en las posiciones de poder. ¿Dónde está representado ese 50% de población femenina en la toma de decisiones? Este mundo liderado históricamente por hombres, ¿hubiera sido mejor si hubiese contado con mujeres en los centros de decisión?

Dice Soledad Gallego-Díaz, compañera de profesión y primera mujer directora de El País desde su fundación en 1976, que “para combatir el antisemitismo no hacía falta ser judío, para luchar contra el racismo no hacía falta ser negro, pero lamentablemente, a veces parece que para combatir la discriminación de la mujer hace falta ser mujer”.

Es curioso que cuando se habla de reparto de poder parece que haya que aportar un montón de explicaciones y argumentos sobre el po rqué es importante la incorporación de la mujer, la necesidad de nuevos puntos de vista desde los que mirar el mundo como si toda la historia de la humanidad hasta ahora hubiese ido sobre ruedas.

Los partidarios de las políticas de cuotas creen que esta medida puede ayudar a acelerar el paso hacia la igualdad de oportunidades

En los 90 muchos países reservaron un determinado número de puestos directivos solo para mujeres, es lo que se conocía como sistema de cuotas. Este mecanismo funcionó durante años como garantía de visibilidad femenina y también como un agente acelerador de la presencia de las mujeres en la vida política. Lo mismo ocurrió en el terreno de la empresa en Francia, Bélgica, Reino Unido o Italia cuando se puso en marcha la ley de cuotas. La presencia femenina en los consejos de administración creció rápidamente, sobre todo en los casos en que esa norma llevaba aparejada algún tipo de sanción. En España no ocurrió así porque la Ley de Igualdad de 2007 que introdujo la ley de cuotas solo establecía una recomendación. La Comisión Europea también realizó otra recomendación, la de alcanzar al menos el 40% de representación femenina en los consejos de Administración en el año 2020. Situados ya en esta fecha, para que eso se cumpla se calcula que habría que sustituir a 126 hombres directivos. ¿Alguien no se cree que en pleno siglo XXI no haya 126 mujeres con méritos suficientes para ser consejeras?

¿Sirven las cuotas? ¿Deberían de aplicarse? Los partidarios de las políticas de cuotas obligatorias consideran que esta medida puede ayudar a acelerar el paso hacia un equilibrio de igualdad de oportunidades entre géneros y situar a las mujeres en el lugar que les corresponde por sus méritos. También señalan que sería un importante avance en la lucha contra los estereotipos que tanto daño nos hacen.

Las voces en contra argumentan que no son la solución para acabar con la desigualdad de género, porque supone reconocer que las mujeres son incapaces de alcanzar esas posiciones por su propio talento sino solo debido a una ley.

Grupo de trabajo

Por méritos propios

Susana Fernández es la primera mujer Decana en la Facultad de Química de la Universidad de Oviedo. Los cargos hasta ahora siempre habían sido por designación, no había elecciones. Ella, no conforme con las propuestas realizadas en 2016, presenta su candidatura y obtiene el respaldo mayoritario de la Junta de la facultad. Tras su nombramiento se suceden otras elecciones en el Departamento de Física, Química y Analítica donde sale elegida otra mujer. Lo mismo ocurre en el Departamento de Química y Tecnología del Medio Ambiente. “Solo queda un hombre en la dirección de Química Orgánica e Inorgánica que es muy amigo mío y le digo que algún día su puesto pasará a estar ocupado por una mujer y quién sabe si más pronto que tarde”, comenta Susana Fernández con una sonrisa cómplice. Esta científica amante de la Química Orgánica no está a favor de las cuotas. “No he llegado al decanato por el hecho de ser mujer sino por méritos propios, por estar más capacitada que un hombre. No quiero nada en mi vida que no me corresponda. También es cierto que a veces tenemos que ser nosotras las que demos ese paso adelante. Creo en el valor de las personas, no en el sexo que tengan”.

¿Las cosas van cambiando porque se empieza a percibir una evolución en la sociedad o porque se está rompiendo el techo de cristal? “Ambas cosas. Creo que hay muchas mujeres con capacidad para acceder a puestos de responsabilidad en instituciones tanto públicas como privadas. A veces no llegamos a esos lugares no solo porque no cuenten con nosotras sino porque la mujer sigue teniendo la carga familiar del cuidado de los hijos y de sus mayores. En ocasiones es imposible coordinar eso y hacer una carrera profesional. En mi caso concreto el hecho de no haber tenido hijos me ha permitido poder dedicar mi tiempo a la ciencia e investigación, dos de mis pasiones”, confiesa Fernández.

Pensar en el liderazgo en clave femenina es imprescindible porque es de justicia que la mujer ocupe el lugar que le corresponde y acceda a la mitad del poder

Silvia Gil tenía ocho años cuando comentó en casa que quería ser Guardia Civil. Nadie la tomó en serio porque pensaron que eran cosas de la edad y se le pasaría. Hoy, esta Comandante de la Guardia Civil, puede presumir de haber sido la primera mujer en superar el duro curso de acceso al GREIM (Grupo de Rescate Especial de Intervención en Montaña), en dirigir un equipo de rescate, en concreto el de Cangas de Onís; haber sido la primera mujer oficial que hace el curso de paracaidismo; la primera en estar al frente de un Subsector de Tráfico en Las Palmas de Gran Canaria; haber participado en misiones internacionales de paz y en 2018 formar parte del equipo que elaboró el I Plan de Igualdad de la Guardia Civil. Actualmente está destinada en el Gabinete Técnico de la Dirección General como Oficial del Estado Mayor. Una cosa más, hace dos años Silvia Gil fue elegida como una de las Top 100 Mujeres Líderes de España. Detrás de cada reto, aunque hable de ello con la mayor naturalidad del mundo, se esconden grandes dosis de esfuerzo y sacrificio. “Abrir un camino exige mucho, porque hay que vencer inercias, creencias de quienes tienes enfrente, de quien dirige. De mi experiencia en el GREIM de Cangas de Onís guardo muy buenos recuerdos. Después de sacar el Curso de Especialista y haber superado todas las pruebas físicas, que eran muy exigentes, llego a una unidad donde la que menos sabía era yo. Todos eran grandes profesionales así que era como tener profesores por todos lados. Tenía todo por aprender y eso me motiva mucho. Aquel Grupo de Rescate no solo trabajaba en Asturias sino también en León, Cantabria y Galicia. Fue una experiencia de lujo y lo digo de corazón”, reconoce Gil.

El Área de Mujeres e Igualdad de la Guardia Civil en la que trabaja está dirigido por otra mujer, la teniente coronel María Dolores Gimeno y hace tan solo unas semanas, tomó posesión como primera Directora General de la Guardia Civil en 175 años de historia, María Gámez. A pesar de estos visibles aires de renovación, la presencia de la mujer en la Benemérita es menor que en otros cuerpos policiales. Las féminas solo representan el 7% del personal que presta servicio. “En todos los sectores hay una carencia y es la visión de las mujeres. Porque hombres y mujeres, por la socialización distinta que hemos tenido, apreciamos cosas diferentes. Por eso es importante que las mujeres participemos en la toma de decisiones y aportemos nuestra visión. Y eso en materia de seguridad es fundamental”, dice Silvia Gil.

tema del mes grupo exponiendo un trabajo

Liderazgo femenino

A las mujeres se les atribuye un estilo diferente de liderazgo. Una forma más abierta, inclusiva, que se apoya más en la cooperación que en el conflicto, en la colaboración frente a la jerarquía.
En el día a día son muchas las decisiones que la comandante Gil ha de tomar. ¿Cómo ejerce ese liderazgo? ¿Se puede mandar con una sonrisa en la boca? “Cuanto más formadas y educadas están las personas, más difícil es mandar. Afortunadamente la Guardia Civil de hoy está superformada y eso ayuda a que se planteen cosas y no se admitan determinadas órdenes o premisas que en un tiempo pasado se han admitido. Es importante que pensemos todos para poder aportar. Dentro de esta Institución el hecho de que pueda haber personas que te puedan decir cómo ven las cosas es algo más difícil de conseguir que en otro sitio, pero es necesario para nuestra sociedad. Respecto a cómo ejerzo ese liderazgo, sería una cuestión que tendrían que contestar los que me rodean. Me considero una persona cercana, que escucha y luego que decide. No me da miedo tomar decisiones, dar un paso al frente. Me gusta que me digan las cosas que no veo, que me hagan reflexionar. Soy permeable y capaz de cambiar de opinión”.

“Al cabo del día he de tomar muchas decisiones, pero desde que llegué he tenido claro que nunca iba a dejar de hacerlo, aunque fueran políticamente incorrectas, y aunque eso me costara el cargo»

Susana Fernández, decana

Las cosas no son más fáciles en el Decanato de Química, donde al cada día hay que abordar con determinación numerosos temas. Algo que no arruga a Susana Fernández, su decana. “Al cabo del día he de tomar muchas decisiones, pero desde que llegué he tenido claro que nunca iba a dejar de hacerlo, aunque fueran políticamente incorrectas, y aunque eso me costara el cargo. No tengo apego al sillón. Me gusta dialogar, escuchar las opiniones de los demás. Muchas veces me han hecho cambiar de idea, pero si tomo una decisión porque creo en ella, llego hasta el final con todas las consecuencias. Creo que es mi deber. Las mujeres que estamos en puestos de gestión ejercemos un liderazgo distinto al hombre. Somos más directas, francas, no nos gusta dar vueltas a las cosas probablemente porque no tenemos tiempo que perder. Aportamos otra visión y nos esforzamos en hacerlo lo mejor posible porque creo que aún tenemos que demostrar cada día que valemos para ello”, concluye Fernández.

Que las mujeres asuman cada vez más responsabilidades en el espacio público no es algo discutible a estas alturas. El protagonismo de mujeres como Silvia Gil o Susana Fernández plantea nuevas situaciones que obligan a cuestionar argumentos que durante años han sido inamovibles. Pensar en el liderazgo en clave femenina es algo imprescindible porque es de justicia que la mujer ocupe el lugar que le corresponde y acceda también a la mitad del poder.


En profundidad

Silvia Gil Cerdá. Comandante de la Guardia Civil y Primera mujer que dirige un GREIM
Foto cedida por Silvia Gil

Silvia Gil Cerdá
Comandante de la Guardia Civil y Primera mujer que dirige un GREIM

-En su trayectoria profesional ¿qué es lo que más le ha curtido?
-Todo, especialmente las experiencias más duras.

-¿Se ha sentido discriminada en alguna ocasión?
-Sí, alguna vez. Otra cosa distinta es que eso sea demostrable. Me he enfadado con la vida pero luego esas experiencias me han servido, por ejemplo, para este momento en el que defiendo la Igualdad dentro del Cuerpo. Me ayuda a hacer sencillas las cosas a los demás, saber escuchar. En mi Departamento hacemos tarea de asesoría confidencial por ejemplo en temas de acoso, y veo que soy sensible a ello. Por eso agradezco las dificultades, porque me han hecho superarme y llegar hasta aquí.

-¿Qué hace la Guardia Civil para atraer talento femenino?
-Intentar mostrar lo que hacemos, que son muchas cosas. A veces se cree que solo dirigimos el tráfico y hacemos denuncias. Es importante llevar a cabo una labor de transparencia y que las mujeres en la Guardia Civil expliquemos lo que hacemos aquí. Ojalá pudiéramos decir que en España la igualdad es un hecho, la realidad es que ningún país puede afirmarlo. En ese camino estamos y nos hace falta no solo que vengan mujeres sino que además aporten para conseguir esa igualdad. Todas son bienvenidas.

-¿Es de las que defiende que ha llegado hasta aquí, además de por méritos propios, gracias a la labor de otras mujeres que antes que usted que allanaron el camino?
-Por supuesto, nadie llega a ningún lado sola. Tengo muy claro que yo estoy aquí gracias a Ana Moreno, la primera mujer que en los años 80 quiso ser piloto militar, se lo denegaron y después de una batalla legal contra el Ministerio de Defensa consiguió la entrada femenina en el Ejército del Aire. Hay mujeres que han muerto por la igualdad, de eso soy muy consciente. Aún así, he tenido que luchar mucho para hacerme un hueco y estar donde estoy.

“Me he enfadado con la vida pero luego esas experiencias me han servido para este momento en el que defiendo la Igualdad dentro del Cuerpo”

-Hacerse un hueco en un entorno tradicionalmente masculino no tiene que ser tarea fácil.
-Estoy muy convencida con lo que hago y sé que va a servir, aunque yo no lo vea. Por eso cuando hablo con mis compañeras y compañeros y me quejo de que esto no avance, no es que no lo haga, sino que no va a la velocidad que a mí me gustaría.

-¿Piensa que la labor que está usted desarrollando servirá a las que vienen detrás?
-Las cosas hay que pelearlas, no se consiguen solo con el tiempo. El tiempo solo nos hace más viejos, no produce ningún cambio más. Los cambios se provocan.

-Próximamente partirá de nuevo en misión humanitaria. ¿Dónde?
-A Colombia en misión de verificación de Naciones Unidas en el contexto del proceso de paz de las FARC y el Gobierno colombiano. Me parece un lujo poder vivir esta experiencia. Lo que más me gusta de la Guardia Civil es la posibilidad de aprender no solo dentro de la Institución sino en distintos servicios y en diferentes situaciones, antes estuve en la Franja de Gaza. Hacer tantas cosas en una misma vida me parece increíble.

-¿Ha tenido que renunciar a muchas cosas para estar donde está?
-Sí, siempre renuncias. Ahora tengo una pareja estable, antes no porque estaba de un lugar a otro y no me lo planteaba. No he sabido compatibilizar ambas cosas aunque otras compañeras de mi entorno sí lo han hecho. Me he volcado mucho en el trabajo, en hacer bien las cosas, me centré en mi faceta profesional y abandoné la personal. Ahora me veo más capaz de compatibilizar y eso lo da la experiencia.


Susana Fernández. Primera mujer decana de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad de Oviedo
Susana Fernández. Primera mujer decana de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad de Oviedo / Foto cedida por Susana Fernández

Susana Fernández
Primera mujer decana de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad de Oviedo

-¿Qué supone para usted haber sido la primera decana?
-Un reto y una responsabilidad. Quiero que cuando abandone el cargo digan, por lo menos, que hice todo lo posible. En la Universidad no percibo un machismo descarado pero sí creo que no se piensa en la mujer para los cargos de responsabilidad. Yo lo viví, eso me hizo dar un paso adelante y dije que era el momento de cambiarlo. Dí el salto y gané.

-¿Tuvo que abandonar su labor investigadora por estar aquí?
-Un poco sí. Soy del Programa Ramón y Cajal que surgió del Ministerio para la reincorporación al sistema universitario español de jóvenes investigadores de prestigio que estábamos en el extranjero. En aquel momento solo me dedicaba a investigar, tenía poca docencia. Ahora tengo más clases y aunque sigo investigando no es al mismo nivel. También ha disminuido el número de estudiantes que quieren hacer carrera investigadora.

-La facultad de Ciencias Químicas puede presumir de que la mayoría de sus estudiantes son mujeres.
-Sí, un 53% en el Grado de Química y un 59% en el Grado de Ingeniería Química. Algo no normal en las carreras técnicas mayoritariamente con más presencia masculina. Tampoco es algo nuevo, la química siempre ha sido un terreno que ha atraído mucho a las mujeres. Pero cuesta encontrarlas en los puestos de responsabilidad. Las mujeres se quedan en el camino, hacen falta políticas de ayuda. La mujer no tiene por qué seguir siendo la que asuma el sacrificio como se hacía antiguamente, la que se quedaba en casa para cuidar de padres, hijos o hermanos.

«La química siempre ha sido un terreno que ha atraído mucho a las mujeres, pero cuesta encontrarlas en los puestos de responsabilidad. Las mujeres se quedan en el camino, hacen falta políticas de ayuda»

-¿Se ha sentido discriminada en su trabajo?
-En cuanto a la ciencia e investigación no, hay que tener en cuenta que trabajo en un organismo público. Evidentemente la discriminación en la ciencia la hubo y mucho, siempre fue un terreno dominado por los hombres que ocultó a maravillosas y brillantes científicas que están siendo reconocidas ahora. En la UE el número de científicas es inferior al de científicos, por tanto, la sociedad se esta perdiendo la mitad del talento.

-¿Se puede ser madre y científica?
-Es algo muy difícil mientras no haya políticas que favorezcan el que la mujer pueda desempeñar su carrera profesional y familiar. En mi caso he dedicado muchas horas a mi profesión y vi que eso no era compatible con tener una familia. Afortunadamente, mi marido también trabaja aquí, es catedrático de Química y eso nos facilita mucho las cosas.

-¿Tiene la sensación de recorrer un camino allanado por otras mujeres?
-Por supuesto. Desde aquella primera científica en el siglo IV a.C. que tuvo de disfrazarse de hombre para acceder a los estudios hasta la actualidad, tenemos una larga lista de pioneras cuya lucha nos ha permitido estar donde estamos. Por ejemplo, ahora podemos presumir de tener a la primera mujer presidenta del CSIC, Rosa María Menéndez, que además es asturiana y química. ¿Por qué en ochenta años de institución no ha habido otras mujeres?

-En su caso, el haber llegado hasta aquí ¿piensa que puede servir de fuente de inspiración para otras mujeres?
-Cuando veo la galería de decanos de la facultad, me digo: “tú vas a ser la primera mujer” y me estremece… No soy ejemplo de nada porque estoy convencida de que estas generaciones que vienen nos van a superar en todo. Me alegraría haber podido contribuir a visibilizar más a la mujer en la ciencia.

-Da charlas, conferencias para dar a conocer el trabajo que realizan en la facultad.
-Es muy importante generar cultura científica en la sociedad para que vea que cuando se habla de gasto en ciencia en realidad se trata de una inversión. Cuando la crisis, quedó demostrado que los países que siguieron invirtiendo en ciencia salieron antes que el resto. España cortó la inversión y eso hizo que nos costara más salir. Desde la facultad vamos a los institutos a informar de los grados que impartimos pero también a fomentar vocaciones científicas para que la gente sepa que sin ciencia no hacemos nada.

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