En muchos conceyos asturianos cuando aparecía un renegrón, un moratón en la piel, sin tener conciencia de haber recibido ningún golpe, se decía que a esa persona la habían mordido las brujas.
Los restos arqueológicos debidos a la minería aurífera romana, acostumbran a atribuirse a los míticos moros, al diablo o a misteriosas filanderas (hilanderas).
Hacia 1995 murió Amparo López, más conocida como A Roxua o A Bruxa de Brañavara (Bual). En realidad se trataba de una vedoria, una persona que "hablaba con los muertos".
En Asturies era frecuente guardar los dientes de leche de los niños de la casa, aunque no en todos los lugares, así por ejemplo, en el conceyu de Ibias, cuando un diente de leche comenzaba a moverse, los padres lo extraían rápidamente con una cuerda mojada en agua bendita mientras decían:
Se trata de un híbrido que podemos incluir en las llamadas 'Fieras de cordel'. Este tipo de monstruos, compuestos de retales de animales y partes del ser humano, llegó a ser muy popular a finales del siglo XIX.
Es tradición en toda Asturies que si una embarazada tiene un antojo y éste no es satisfecho, la criatura nacerá con una marca que adopta la forma del antojo.
Más de una vez hemos comentado desde estas páginas la creencia popular de que los moros dejaron en su huida multitud de tesoros escondidos. El término “moro”, tiene un gran componente mítico y no una vinculación histórica con los árabes derrotados por Pelayo.
Cuando la navegación asturiana todavía se hacía a vela y a remo, se hablaba de unas extrañas luminiscencias que aparecían en los mástiles de los barcos y eran llamadas fuegos o lluces de San Telmo.