Los castaños constituyeron una fuente de alimento muy importante en las aldeas asturianas tanto para la gente (amagostadas, comidas, en pote) como para el ganado (xatos y gochos).
Se creía que había mujeres que podían malengüeyar a los pescadores y arruinarles la pesca, por eso, en Tazones (Villaviciosa) en las rendijas de la lancha se introducía ruda (es tradición que esta planta ahuyenta a las brujas). En Carreño los pescadores llevaban una piel de culebra oculta entre sus ropas porque traía buena suerte.
En conceyos como Carreño, Gozón o Grau se cree que pronunciando unas palabras determinadas las culebras quedan quietas, inmóviles como por encantamiento.
El xabaril, jabalín (Sus scrofa) es el nombre dado en asturiano al jabalí. Su grasa cocida era aprovechada para hacer cataplasmas para curar dolores reumáticos.
No resulta extraño encontrar referencias a monstruosas culebras con siete cabezas en las leyendas de Asturies. En muchos casos se trata del mítico cuélebre, así por ejemplo en Brañavalera, en el Puzu Llagu se decía que un cuélebre de siete cabezas custodiaba otras tantas xanas que estaban allí encantadas junto a un fabuloso tesoro; solamente podrían ser desencantadas por una pastora rubia, de ojos negros que se llamase Sol y se encaminase al lugar en un día de Corpus que amaneciera nevado, sólo ella sabía como deshacer el encantamiento.
Eran conocidas en la Edad Media como 'Fadas marinhas'. En la tradición oral su origen es una maldición de una madre a una hija por desatender sus quehaceres diarios por ir a nadar a la mar. La madre encolerizada le dirá 'Permita Dios te faigas pexe y te fartes de agua'.
En su papel de 'recogedor de historias', no es difícil encontrarle, grabadora en mano, por los pueblos y aldeas de Asturias, hablando con los paisanos más mayores. Alberto Álvarez Peña nos tiene acostumbrados a exhaustivas recopilaciones de cuentos y leyendas de la mitología asturiana, que acompaña de dibujos de su autoría.
Entre las muchas leyendas de tesoros que podemos encontrar a lo largo de la geografía asturiana destaca la creencia de que la pita (gallina) con su pollerada, de oro, generalmente es en la noche de San Xuan, cuando puede ser desencantada.
Leyendas similares podemos encontrarlas en otros lugares de Asturies o de Europa. En este caso la acción transcurre hacia el siglo XVII cuando la gente del Barrio de Sabugu, en Avilés, vivía de la pesca. Por desgracia para ellos, tras una galerna arribó a las arenas del Espartal un monstruoso cuélebre surgido de la mar, que inmediatamente fue a refugiarse a los acantilados de La Garita, en San Cristóbal.