Acabar con el despoblamiento rural, el reto de nuestro siglo

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El pueblo de Froseira (Boal) ha quedado totalmente despoblado tras la marcha de Otilia González, su última vecina / Foto: Fusión Asturias
El pueblo de Froseira (Boal) ha quedado totalmente despoblado tras la marcha de Otilia González, su última vecina / Foto: Fusión Asturias
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De un tiempo a esta parte la ciudad se puso de moda. El asfalto era sinónimo de avance y oportunidades. El campo era el pasado, la urbe, el futuro. Con esta premisa sobre la mesa las zonas rurales se han ido despoblando. Pueblos en los que solo vive una persona, casas en ruinas, campos sin cultivar… Parecía que ese camino que se inició hace tiempo no tenía retorno, pero un virus diminuto ha planteado un nuevo escenario en el que los papeles tal vez se inviertan.
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Desde que saltó la alarma sanitaria, se ha comenzado a hablar de convertir la segunda residencia, normalmente situada en el pueblo o en zonas apartadas de los grandes núcleos urbanos, en la primera. Incluso las inmobiliarias reconocen un creciente interés en la compra o alquiler de casas en las zonas del rural asturiano. Es cierto que tal y como dicen los expertos, este no es un problema de soluciones sencillas y rápidas, pero lo que deja claro la situación actual es que sin el campo y el rural la ciudad se para. En un estado de alarma al que se le suma un confinamiento, estas zonas ofrecen muchas más alternativas y recursos que una ciudad. El Covid-19 nos ha hecho volver la vista al origen, a la forma de vida clásica. A la de que tiene a la naturaleza como reloj que marca el ritmo. ¿Será está una de las soluciones al despoblamiento que vive Asturias?

Tecnología en el campo

La apuesta por el rural no solo significa invertir en negocios que tengan que ver directamente con la tierra y sus recursos. Desde este entorno también se pueden desarrollar otras actividades económicas

El problema en cifras e informes

Los datos hablan por sí solos. El informe “Datos Básicos de Asturias 2019”, editado por la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (Sadei), puso sobre la mesa una realidad que los expertos venían anunciando desde hace tiempo: el rural asturiano está cada vez más despoblado y su población más envejecida. Los análisis de unidades poblaciones según sus habitantes, reflejan que en el Principado hay 857 parroquias y 6.342 singulares (se llama así a cualquier parte habitable de un municipio con denominación específica). De todas ellas, 755 están totalmente deshabitadas y en 5.595 no pasan del centenar de empadronados. Si hablamos de habitantes las cifras no son mucho más alentadoras. El informe refleja que hay 303 lugares con un solo residente, 3.129 con diez o menos y una parroquia en la que no vive nadie. Solo las grandes ciudades de Asturias -Oviedo, Gijón y Avilés- superan los 50.000 empadronados y concentran entre las tres al 55,49% de la población asturiana.

Emprendedores. Una nueva forma de dinamizar el entorno rural

Daniel Suárez, empresario y presidente de la startup Zapiens
Daniel Suárez, empresario y presidente de la startup Zapiens / Foto: Zapiens

Daniel Suárez nació en Somiedo. Para sus vecinos no es el empresario y presidente de la startup Zapiens que viaja a sus oficinas de Gijón, Madrid, San Francisco o Berlín durante seis meses al año y que trabaja para multinacionales como Microsoft, Volkswagen o L’Oreal. Allí sigue siendo Dany el de Guá, o el de Ricardo. “En el pueblo soy como una especie de marciano -ríe Daniel-. Aquí me lo paso genial y recibo de la gente mucho más de lo que doy. Somiedo es una especie de laboratorio de innovación donde me puedo concentrar a las mil maravillas, pararme a pensar. Disfruto de fibra óptica y mi trabajo aquí, te puedo asegurar que es más productivo que si estuviese en otro sitio”. Tal vez este es uno de los mejores ejemplos de cómo desde el medio rural se puede llegar a todos los rincones del mundo. La apuesta por el rural no solo significa invertir en negocios que tengan que ver directamente con la tierra y sus recursos. Desde este entorno también se pueden desarrollar otras actividades económicas que deberían obligar a las administraciones a plantearse otra forma de apoyar las nuevas iniciativas empresariales. Tal y como asegura el economista Jesús Arango, “para ello es necesario tener acceso a banda ancha, a bonificaciones fiscales, indemnizaciones para compensar los hándicaps naturales y limitaciones medioambientales y fomentar nuevas actividades. Es tener una cierta sensibilidad para conseguir un espacio más equilibrado donde puedan convivir los árboles (política forestal), la vaca (ganadería intensiva) y el ordenador (tecnología digital). Todo ello ha de convivir en el medio rural para que pueda tener un futuro”. En resumen: aunar tradición, trabajo e innovación.

“En el emprendimiento hay que sacudirse el miedo
y si algo no resulta siempre tienes que quedarte con lo positivo, con lo aprendido, con el camino recorrido”
Daniel Suárez, Zapiens

Valle del Lago, Somiedo
Valle de Lago, Somiedo

Una buena muestra de ello es el Paraísu Startup que una vez al año organiza Daniel en Somiedo. En él se dan cita emprendedores de toda España con perfiles muy diferentes y pretende visibilizar que una zona rural como Somiedo, puede ser un lugar fenomenal para emprender porque tiene de todo. “Es como un gran lienzo donde experimentar y divertirse”.

Noelia García Fernández, de PitaSana, con su familia
Noelia García Fernández, de PitaSana, con Pablo Vélez y Xurde / Foto: PitaSana

La Asturias rural está llena de historias de gente valiente que en un momento determinado decidió apostar por una forma de vida diferente, asumiendo los retos y las incertidumbres que ello supone. Noelia García Fernández es técnico en iluminación. Su trabajo se desarrollaba principalmente en interiores, sin ningún contacto con la naturaleza y con horarios intempestivos. “Llegué a sentirme muy sola estando rodeada de mucha gente -reconoce Noelia-. Mi casa era un piso en la zona de Roces, con un alquiler altísimo, tenía que comprarme la comida y con los horarios que manejaba era difícil compartir vida con alguien que no perteneciese a mi gremio. Lo veía todo muy artificial y cada vez más me sentía como si estuviese viviendo en una burbuja que no me correspondía. La parte cultural la tenía completa pero la otra la tenía muy descompensada porque a mí siempre me gustó estar cerca de los bosques, poder tener huerta, estar en un entorno natural”. Llegó el momento de decidir qué hacer con su vida, y Noelia apostó por el medio rural. En tres hectáreas de terreno que su padre había comprado en Boal, levantó junto a su pareja, Pablo Vélez, PitaSana. Una explotación ecológica que comercializa huevos ecológicos certificados, setas Shitake que crían en troncos de roble y fabas asturianas cuya mayor parte venden en fresco durante los meses de septiembre y octubre.

“Aunque los inicios fueron duros, Noelia tampoco lo recuerda como una pesadilla porque tenía mucha ilusión. Reconoce que ahora ‘es una maravilla porque es la naturaleza quien marca mi ritmo de trabajo, no como antes que lo hacían otros’”

Los inicios fueron duros: tuvieron que sacar la granja adelante sin empleados, la experiencia era poca y se sumó que Noelia se quedó embarazada de Xurde, “pero tampoco lo recuerdo como una pesadilla porque tenía mucha ilusión. Aprendiendo todos los días muchas cosas, pero muy feliz”. Ahora reconoce que es una maravilla porque ahora es la naturaleza quien le marca su ritmo de trabajo, cuando antes lo hacían otros. Hay momentos más apurados en los que todo se junta, pero los días han vuelto a un estado natural, alejados de la mentalidad impuesta por el sistema capitalista en que hay que producir sin parar, esperando a que lleguen las vacaciones para desquitarse del estrés que genera esa vorágine. Ella misma reconoce que toca reaprender y liberarse de una forma de hacer en la que lo prioritario siempre es la producción.

Una de las principales trabas a las que se enfrentan los emprendedores que optan por instalar sus negocios en el medio rural es la burocracia y la dificultosa relación con las administraciones. La realidad es que muchos de los problemas se arreglarían si cambiasen las normativas exigidas o los trámites se realizasen de manera más ágil y sencilla. Tal y como reconoce Jesús Arango en el estudio Asturias 2050. Hay vida después del Covid-19, “nuestra región ha ido acumulando un volumen creciente de legislación específicamente regional que ha hecho que la selva legislativa actual pueda considerarse una pesada losa para que, en muchos casos, se puedan emprender proyectos e iniciativas innovadoras que requieren procedimientos administrativos muy ágiles para ser competitivos en una economía tan dinámica como la actual”.

Las "pitinas" de PitaSana
Las «pitinas» de PitaSana / Foto: PitaSana

En ciudades como Francia o Inglaterra la realidad de granjas similares a la de PitaSana es otra porque la legislación vigente es menos restrictiva, lo cual permite una libertad que se traduce en una mayor rentabilidad. “La normativa que nos rige a nosotros es industrial -comenta Noelia-. Mi granja tiene la misma que una explotación de ciento cincuenta mil gallinas, así que imagínate lo que supone para nosotros. Si quieren hacer algo por el rural tendrían que empezar por cambiar las leyes y mejorar el tema de las subvenciones porque les dan mucho bombo y tampoco es para tanto. Para levantar el primer gallinero me dieron 25.000 euros con cinco años de compromiso. En la primera instalación ya pagué 75.000 y eso que yo tenía las tierras y no tuve que hacer ese desembolso. Por supuesto que todo te ayuda, pero se podría mejorar mucho”. Ahora Noelia ha puesto en marcha una campaña de crowdfunding a través de la cual espera poder comprar un mini tractor para mejorar la forma de trabajo y diversificar, y también para hacer mejoras en los gallineros. “Hicimos el diseño de unos ponederos para que el huevo salga más limpio y que no tengamos que andar entre las gallinas para recogerlos, lo que implica más facilidad para ellas y para nosotros”.

“Si quieren hacer algo por el rural tendrían que empezar por cambiar las leyes y mejorar el tema de las subvenciones porque les dan mucho bombo y tampoco es para tanto”
Noelia García, PitaSana

La fijación de población y el nacimiento de niños en las zonas rurales es otro de los elementos fundamentales en esta ecuación. Noelia reconoce que le da mucha pena que les quieran cerrar el colegio que tienen en Boal. Ya lo intentaron dos veces y ahora están estudiando la posibilidad de eliminar el bachiller, lo que supondría que todos los chavales del concejo tendrían que bajar a Navia para ir a clase. “Quitar la educación es condenar y dejar a la gente a su suerte” -afirma-.

Por su parte Daniel organiza todos los lunes en Somiedo un taller de emprendimiento con los chavales del pueblo. Han montado un gallinero y creado equipos para gestionarlo pero sobre todo, lo que más le preocupa a este emprendedor asturiano, es inocular en ellos la necesidad de soñar desde pequeños para que luego puedan cambiar las cosas. Daniel Suárez reconocía hace poco que en el emprendimiento había que sacudirse el miedo y que si algo no resulta siempre tienes que quedarte con lo positivo, con lo aprendido, con el camino recorrido. “Ni yo hace diez años era un friki loco cuando se me ocurrían estas cosas, ni ahora que voy a San Francisco y trabajo con Microsoft soy más listo” -reconoce-. El futuro es de los valientes. De los que arriesgan y apuestan por salirse de los cauces habituales. Esperemos que las políticas sepan dar respuestas acordes a sus necesidades.

Una vuelta a los orígenes

La llegada del virus ha obligado a cambiar la mirada. La ciudad siempre se consideró un territorio de oportunidades, un espacio al que emigrar en busca de una vida mejor, un trabajo con un buen sueldo, una vivienda digna… De un tiempo a esta parte, el campo, los pueblos y el entorno rural se convirtieron en lugares en los que las condiciones de vida se volvían cada vez más adversas y los trabajos cada vez menos remunerados y valorados. Pero de repente, sin que nadie lo esperase, llego el Covid-19 y las cosas cambiaron. Las ciudades fueron los principales focos de contagios, ciertos suministros comenzaron a escasear y miles de personas se vieron obligadas a confinarse entre cuatro paredes, teniendo como único espacio al aire libre una ventana o una terraza. Por el contrario, la gente del campo apenas notó un cambio en su ritmo de vida. La dispersión hizo que el índice de contagios fuese a penas imperceptible y tanto agricultores como ganaderos vieron cómo su trabajo se convertía en imprescindible para que el abastecimiento de productos de primera necesidad no fallase. Las ciudades se vieron obligadas a trastocar su ritmo, mientras que el rural apenas se inmutó. “Yo aquí seguí con mi vida normal -afirma Noelia de PitaSana-. De hecho, el primer mes a mí me parecía todo muy exagerado porque aquí seguía como siempre. Lo único que cambiaba era que el neno estaba en casa y eso nos obligaba a un cambio en la organización y que la subida de ventas fue brutal. Los huevos fueron como la harina y el papel higiénico. Para nosotros fue una locura”.

Con la llegada del Covid, la gente del campo apenas notó un cambio en su ritmo de vida y la dispersión hizo que el índice de contagios fuese a penas imperceptible.

Tal y como reconoció Jaime Izquierdo en su comparecencia en la Comisión del Congreso de los Diputados para la Reconstrucción Económica y Social de España, “la Covid-19 ha venido a decirnos que vamos mal. Parece más que aconsejable cambiar de vida y buscar unos hábitos más razonables”. ¿Qué toca? Sentarse y repensar tanto la distribución territorial de la población como la forma de establecer una economía más sostenible y equitativa. Esta crisis ha supuesto un frenazo importante y la puesta en marcha de la sociedad debería pasar por mirar donde nunca se ha mirado y atreverse a experimentar e innovar sin ningún tipo de miedo.

Asturias es una tierra de recursos que cuenta con personas capaces de poner en marcha proyectos e iniciativas y esto se ha visto desde que comenzó la pandemia. Jóvenes asturianos diseñaron respiradores que después se imprimieron con impresoras 3D y se crearon grupos de trabajo que colaboraron con otros surgidos en otros países que sirvieron como puntos de intercambio de información y conocimiento. Fueron los propios ciudadanos los que articularon una red en la que se puso en valor tanto la calidad humana como el alto nivel de cualificación de existe.

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