No son duendes, el mismísimo Diablo

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El Rincón de Teobaldo
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Se producen a diario, las erratas en las redacciones. En esta casa tuvimos hace unas semanas un intercambio de correos a cuenta de que un “acto de contrición” se convirtió en “constricción” sin que se sepa la causa. “Los duendes de la linotipia”, se decía en las viejas redacciones; hoy no deberían producirse, porque el copia y pega soluciona la traslación, así que igual debemos pensar que criaturas más diabólicas obscurecen mentes preclaras. Vean sino la gracia de que Ferrari no se fía de Ferrari; igual por eso Fernando Alonso no piensa en el bólido rojo para su retorno, vuelve con los franceses.

Ferrari no se fía de Ferrari

Puede suceder a cualquiera y en el momento más inesperado. Recientemente, se informaba del inicio de juicio contra unos guardias del Molinón por la lamentable muerte de un joven discapacitado. Escribía el periodista: “Una vez sacaron a Eleazar del estadio, se le llevó contra una vaya con ayuda de los vigilantes”. ¡Vaya con la valla! A la semana siguiente veo en TV una de vaqueros, indios, minas, mujeres de mineros, bandidos y tiros a manta; los dobladores se ven traicionados, porque mientras una buena viuda intenta enseñar a su hijo adolescente los correctos tiempos verbales, el jovencísimo ayudante del sheriff suelta: “No se andó con rodeos”. Godless, se llama la serie, un sindiós; me pone en la pista del causante de tanto error.

Leyendo y leyendo, creo que me he encontrado el fondo de la cuestión. En tiempos de aislamientos se acuerda uno de Crusoe. Su autor, Daniel Defoe, también escribió la “Historia del Diablo”, una relación de miedo que en todas las ediciones españolas ha visto mutilado el apellido, porque realmente se titula “The polítical History of the Devil”. Parece que unir las palabras “política” y “diablo” nos asusta tanto como al papa de la época, que decidió incluirlo en el Index Librorum Prohibitorum. Y la verdad, no sé por qué; Defoe se alinea desde el principio con la vieja idea de rabinos, curas e imanes: La mujer es causante de todo mal desde los días del Edén hasta hoy.

Si bien en el mito hebreo, quienes quedan mal son los varones. Para empezar el Yahvé, ¿a cuento de qué se le ocurre prohibir comer manzanas? Luego los llagareros se quejan de no vender por la pandemia, ¡peor les iría si Eva hubiera sido obediente! A continuación, viene la tontería de Adán: esconderse cuando no había otros humanos que pudieran asaltar el pomar; cobarde y chivato, que enseguida echó la culpa a su compañera. Encima hereje, porque puso en duda la obra del Creador: “Es que la compañera que me has dado…”

A partir de este éxito, el Diablo ya se atrevió a todo; anda trasteando por ahí y no hay cosa que no revuelva, redacciones de prensa particularmente. Ahora bien, lo que le gusta de verdad es tentar señoras, así que igual a su mano se debe la equivocación de la grafitera que un 8M dejó esta señal a la entrada de la central térmica de Lada (q.e.p.d.). Sabemos lo que son los nervios cuando entafarramos paredes, cuenta con nuestra absolución.

Piqueteres aslolución

La edición de la Historia del Diablo que me ha caído en suerte está llena de erratas. Muy propio del personaje, pero creo que debo avisar a la editorial, porque si el libro fue a parar al Índice, puede caerles a ellos encima el Santo Oficio. Uno de los mayores bloques de herejías está alrededor de la creencia en la encarnación del dios de los cristianos en un ciudadano de Nazaret llamado Yesuhah (Jesús, entre nosotros). Arrianos, adopcionistas y otros teólogos vieron en peligro sus cabezas por dudar de este dogma. El Corán se ríe, directamente: “Dicen: El Clemente ha adoptado un hijo…” (Azora XIX, María). Pues bien, no ya los duendes, sino el mismo Diablo hace decir a la traductora de Daniel Defoe en esta ocasión algo mucho peor: ¡El Hijo de Dios encamado! (A un paso de la hoguera, esta pobre señora).

"El Hijo de Dios encamado"

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