La vejez

"El doctor Paul Gachet", cuadro del pintor Vincent van Gogh
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“Siempre tuve miedo del futuro porque en el futuro, entre otras cosas, está la muerte”
(Ernesto Sábato)

Desde tiempos inmemorables hay temas que han preocupado y ocupado al ser humano, así sigue siendo y así seguirá hasta el fin de los tiempos, dando lugar a la reflexión, a la controversia y a la investigación. Hablo del tiempo, de nuestro tiempo, de nuestra edad.

Parece que fue la cultura griega la primera que intentó descubrir el tiempo de vida del ser humano.

Platón, en “La República”, nos hace partícipes del encuentro entre Sócrates y Céfalo en el puerto de Atenas, el Pireo, donde sostuvieron una conversación acerca de la vejez. Sócrates ponía de manifiesto el placer que le suponía hablar con los ancianos porque de ellos aprendería el camino que todos hemos de recorrer, la vejez, y quería saber si se trataba de una senda escabrosa y difícil, o bien, fácil y transitable.

Según Céfalo eso dependería de los actos justos o injustos cometidos por cada cual. Aquel que hubiese cometido muchos actos injustos viviría en una desdichada expectativa, en cambio aquel que sabe que no ha cometido injusticias sería acompañado por una agradable esperanza y tendría, por tanto, una vejez satisfactoria.

“Sócrates ponía de manifiesto el placer que le suponía hablar con los ancianos porque de ellos aprendería el camino que todos hemos de recorrer, la vejez”

Sócrates tenía una visión positiva de la vejez, seguramente no habría cometido actos injustos, según su entender, aunque no fue así cómo lo consideró el gobierno de Atenas.

Su discípulo Platón también participaba de esta visión positiva de esta etapa de la vida que consideraba útil ya que el viejo estaría en disposición para desarrollar un papel importante en la política, en la sociedad.

En cambio, Aristóteles, discípulo de Platón, tenía una visión negativa de la vejez ya que no garantiza la sabiduría ni la capacidad política y acusa a los viejos de tener todos los defectos ya que la decrepitud física conlleva la espiritual y, por tanto, descarta a los viejos del poder porque ve en ellos individuos disminuidos.

Para Aristóteles la ancianidad es equiparada a una enfermedad. Lo manifiesta de la siguiente manera: “La enfermedad es una vejez accidental y la vejez una enfermedad natural”.

El Filósofo distingue tres edades en nuestra vida:

  • La juventud donde la persona se guía por sus deseos y pasiones; el joven es vehemente y cree saberlo todo.
  • La edad madura que significa el equilibrio. La persona no es demasiado confiada ni teme mucho. Es cautelosa y vive para lo bello y útil y es de gasto moderado. Es propio de esta etapa de la vida ser “racional”, no caer en las pasiones como el joven o no retraerse cobardemente como el anciano.
  • La vejez. En esta edad la persona desconfía de todo. Es tímida y mezquina.

“Cicerón afirmó que la ancianidad es un estado placentero y por ello hace referencia a grandes genios que fueron ejemplo de una vejez satisfactoria y floreciente”

Pero veamos otros planteamientos más alentadores. Procedo, para ello, a un salto cuantitativo y geográfico, al encuentro de Marco Tulio Cicerón (106 a.C- 43 a.C). Filósofo, escritor y orador romano. Escribió una obra titulada “Sobre la vejez” que, es considerada el primer antecedente histórico de la Gerontología Social.

Fue un pensador positivo tanto de la vida como de la vejez y es, por ello, que rebate con energía y entusiasmo los tintes negativos de muchos poetas o pensadores acerca de la vejez. Cicerón afirmó que la ancianidad es un estado placentero y por ello hace referencia a grandes genios que fueron ejemplo de una vejez satisfactoria y floreciente.

Llegó a la conclusión que hay cuatro motivos por los que la vejez pueda parecer miserable:

  • Porque aparta al individuo de las actividades.
  • Porque debilita el cuerpo.
  • Porque priva de los placeres y
  • Porque no está lejos de la muerte.

Es por ello que hay que actuar ante estas cuatro causas.
Por lo que respecta a la primera el anciano deberá llevar a cabo otro tipo de actividades o dedicarse a otra cosa, porque es justamente una norma de salud la de permanecer activos.

Y estas recomendaciones tienen mucho que ver en la frase de Martin Luther King: “Si no puedes volar corre, si no puedes correr camina, si no puedes caminar gatea. Sin importar lo que hagas, sigue avanzando hacia delante”.

Por lo que respecta a la segunda cuestión, a la debilidad del organismo, hay que atenderla de forma especial ya que trae, o puede traer, dos padecimientos: el dolor y el fallo de memoria.

El dolor es una realidad, no tratemos de ignorarlo sino de domarlo a través del entrenamiento, la fortaleza, el autodominio, el coraje y la razón. Ejercicio moderado, comida adecuada y bebida conveniente. En cuanto a la memoria nos manifiesta lo que él hace: “Cada noche recuerdo el devenir diario, lo que he dicho, oído y hecho”.

“Si no puedes volar corre, si no puedes correr camina, si no puedes caminar gatea. Sin importar lo que hagas, sigue avanzando hacia delante“
(Martin Luther King)

El tercer motivo, acerca de los placeres, tiene una visión muy conformista: “Debemos agradecer a la vejez que ha conseguido que no nos apetezca lo que no nos conviene”.

Pero lo que sí conviene es descubrir otros placeres, convenientes a esta etapa de la vida. Recomienda las conversaciones, reuniones sociales, enseñanza y cuidados agrícolas.

Finalmente, por lo que se refiere a la muerte dice: “¿de qué voy a tener miedo si después de la muerte no voy a ser desgraciado y puede que hasta sea feliz?”.

Y es que lo que el joven espera, vivir mucho tiempo el viejo ya lo cumple. ¿Qué más puede pedir?

Como curiosidad y quizá como consuelo hay muchos autores que distinguen entre viejo y anciano:
El viejo tiene achaques, el anciano experiencias.
El viejo es raro, extravagante, gruñón y egoísta.
El anciano es discreto, prudente, previsor, luchador y esperanzador.
El viejo es censor de la juventud.
El anciano es guía y maestro.

Como consecuencia de ello, dicen quienes sostienen estas diferencias que, la vejez se teme y la ancianidad se venera.

Y teniendo en cuenta esta diferenciación ¿dónde se sitúan ustedes? o ¿dónde tienen pensado situarse?

Creo que la respuesta será la misma en el cien por cien de los casos.

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