Perdón y Olvido

El perdón de Eva. Autor: José Cruz Pacheco
El perdón de Eva. Autor: José Cruz Pacheco
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“Perdonando demasiado al que yerra se comete injusticia con el que no yerra”
(Baltasar de Castiglione)

“Olvido pero no perdono”, dice la gente. Algunos estudiosos del tema sostienen que la frase significa que no hemos podido superar el engaño o la traición y que, en el fondo, no somos capaces ni de olvidar ni de perdonar.

Olvidar es dejar de recordar las cosas, en cambio perdonar no es un sentimiento sino una decisión que puede costar más o menos, según hayamos asumido el agravio y la interpretación que hagamos del daño. Es un acto de la voluntad en que llegamos a un punto donde ya no deseamos el mal a la persona que nos ha dañado.

Pero perdonar no significa, necesariamente, reconciliarse. Podemos perdonar a un amigo que nos ha traicionado, pero no quiere decir que tengamos la obligación de reanudar la relación.

Facilita el perdón si la persona que hizo el daño pide perdón, da una explicación acerca de su comportamiento y muestra arrepentimiento sincero, en palabras y en hechos.

Perdonar es muy difícil, supone gestionar las emociones y sopesar los beneficios.

Pero cierto es el refrán con el que he comenzado; el olvido no llegará porque cualquier elemento doloroso va a dejar una impronta en nosotros, una huella imposible de olvidar.

Es por ello que nos planteamos los siguientes interrogantes:

¿Podemos vivir con el recuerdo del mal?

Podemos vivir si el daño no atenta contra nuestra dignidad y/o nuestra autoestima.

¿Existe un límite a la hora de perdonar?

A veces la traición es demasiado grave y supone un coste emocional que no podemos aceptar; en ocasiones tiene que ver con haber sufrido un desprecio constante y reiterado en forma de mensajes de descalificación, de ridiculización y ello supone un atentado contra uno de los pilares fundamentales: nuestra autoestima. Alguien ha intentado robar nuestros proyectos, nuestros sueños, nuestras ilusiones.

Considerando estas circunstancias la oportunidad que se le da a quien daña de esa forma continuada y, por supuesto, malintencionada no debe prorrogarse mucho porque permitiría que el odio, el resentimiento y el rencor vayan haciéndose un hueco cada vez más sólido en nuestro organismo, en nuestro espíritu.

Perdonar no significa, necesariamente, reconciliarse.

Por tanto, para perdonar debemos “sentir” que la persona muestra sinceridad y arrepentimiento.

Desde el punto de vista terapéutico el pedir perdón significa:

  •  Reconocer que lo hecho causó ofensa y daño en el otro.
  •  Sentir de verdad el dolor causado. Ponerse en su lugar.
  •  Analizar la propia conducta: ¿por qué lo hice?
  •  Definir un plan de acción para evitar que no vuelva a ocurrir. Mejorar las propias debilidades que en muchas ocasiones son las que empujan a hacer daño (a veces de forma inconsciente).

Pero, ¿cómo perdonar si nos han pedido perdón?

  •  Perdonar es dar por cancelada una deuda. No perdonar implica albergar rencor, odio y resentimiento. Perdonar no quiere decir “todo está bien” y no significa beneficiar a quien ha dañado, significa dejar irse a esa persona para beneficiarme a mí mismo.
  •  Perdonar no es olvidar porque hay cuestiones que nunca se olvidan, pero se trata de que esas “cuestiones no olvidadas” no interfieran en nuestra vida y nos dejen vivir el presente sin rencor porque no debemos permitir que la persona que nos hizo daño tenga poder sobre nuestra vida. Perdonar implica quitarle poder al otro.
  •  Debemos expresar lo que nos hizo daño, debemos aclarar y organizar las ideas y, desde luego, pensar muy bien lo que vamos a decir.
  •  También podemos escribir una carta. No es necesario enviarla, podemos guardarla, quemarla o ponerla a navegar. Preferiblemente a mano. En el escrito debemos exteriorizar todos los sentimientos que nos asistan, incluso podemos incluir “tacos” si fuera necesario porque, a fin de cuentas, la rabia no es educada. La idea es que todo el resentimiento interior salga de nuestro cuerpo. Después decidiremos nuevas acciones para que el foco de atención se dirija a otros aspectos más positivos. Merecemos ese premio.
  •  Aunque lo ideal es perdonar a veces no se puede porque el daño ha sido muy intenso y porque el otro no muestra un arrepentimiento creíble. Entonces solo queda una actitud, aceptar que esas personas no están hechas para tener un papel en nuestras vidas.

Estas pautas, tanto para perdonar como para pedir perdón, son las ideales para erradicar el dolor, el resentimiento, el rencor. Conviene proceder aunque solo sea en favor de nuestro propio beneficio porque la toxicidad contenida enferma el espíritu y el cuerpo.

Pero perdonar es muy difícil, supone, como queda expresado un ejercicio preparatorio, gestionar las emociones y sopesar los beneficios.
Es un ejercicio difícil, alguien dijo al respecto: “Aprender a perdonar puede ser el más difícil de los actos humanos y lo más parecido a la divinidad”.

Para la reflexión.

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