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Nanotecnología, el futuro de la I+D+i

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Escrito por Carolina Fernández   
Viernes, 29 de Octubre de 2010 08:52
Nanotecnología, el futuro de la I+D+i 5.0 out of 5 based on 1 votes.
La aplicación en la industria de las innovaciones nanotecnológicas supone una importante vía de desarrollo económico para el futuro cercano.
José María Alameda, investigador, insiste en que la colaboración entre científicos y empresarios es fundamental para avanzar.

José María Alameda, InvestigadorJosé María Alameda, Catedrático de Física de la Materia Condensada de la Universidad de Oviedo, es también subdirector del CINN y Jefe de la Unidad de Nanotecnología de los SCT (Servicios Científico-Técnicos) de la Universidad de Oviedo. Además, dirige desde hace dos años el área de Proyectos del Plan Nacional de I+D+i relacionados con nanotecnología.
-Una definición de nanociencia para los profanos.
-Nanociencia es la investigación de los materiales a escala nanométrica, es decir, el tamaño de los objetos que nosotros estudiamos puede llegar a ser de una millonésima parte de un milímetro. A esa escala cambian las propiedades usuales de la materia. Por ejemplo, el cobre, que es excelente conductor de la electricidad, a escala nanométrica deja de serlo, porque sus propiedades han variado. Lo cierto es que no es intuitivo predecir cómo se van a comportar los materiales a esa escala, necesariamente hay que calcularlo basándose en la mecánica cuántica. Cuando uno ha entendido cómo funcionan las cosas, entonces ya pueden darse los pasos hacia sus aplicaciones tecnológicas.
-¿Qué cambios traerá la nanotecnología a nuestra sociedad?
-En muchos ámbitos será una tecnología que llamamos “de ruptura”, porque no es que mejore la anterior, sino que la reemplaza completamente. Un ejemplo que lo explica bastante bien es el siguiente: la tecnología de reproducir libros en la Edad Media eran unos monjes que copiaban cada ejemplar uno a uno. La aparición de la imprenta no fue solamente una mejora de lo que había, sino que hizo desaparecer la tecnología anterior.
“Los investigadores son fundamentales en empresas de tecnología puntera, pero deben aparecer empresarios a los que les interese invertir en estos temas”
-¿Cuándo conviviremos con naturalidad con lo “nano”?
-En lo tecnológico, ya hay componentes electrónicos que empiezan a bajar de la micra, pero para tener por ejemplo un ordenador que quepa en la palma de la mano, con una mayor autonomía de funcionamiento y con una capacidad de procesamiento miles de veces superior a los actuales, todavía hay que esperar. En diez años tendremos grandes cambios, tanto en este como en otros campos industriales.
No obstante, ya hay presencia de lo “nano” en la vida cotidiana: ropa que no se mancha, los nanotubos de carbono de la raqueta de Nadal, las bicicletas que pesan menos de un kilo o los paraguas que repelen las gotas de agua. Se usan ya nanopartículas en materiales para empastes dentales, en adhesivos de gran resistencia, en detección de bacterias tanto en agua como en productos alimenticios, en muchos productos cosméticos, en baterías de ión-litio, en herramientas de corte de alta dureza, en hormigones especiales, etc. Además, ciertos aspectos de la nanobiotecnología aplicables a la terapia de ciertas enfermedades ya están en la fase de ensayo clínico, y hay grandes posibilidades de aplicación en el campo de sustitutivos óseos, nuevos materiales para implantes de rodilla y cadera, liberación controlada de fármacos, modificación de sueros en medicamentos, etc. En resumen, ya empezamos a convivir con la nanotecnología en campos relacionados con la medicina, la energía, los nuevos materiales, la electrónica, etc.
-En Asturias ¿en qué líneas de investigación se está trabajando dentro del CINN?
-Hay ahora mismo dos líneas, promovidas por grupos del CSIC y de la Universidad. Los grupos del CSIC investigan las propiedades físicas y químicas de materiales nanoestructurados, buscando además las aplicaciones industriales inmediatas de dichos materiales. De ahí se obtienen por ejemplo materiales cerámicos de gran dureza y resistencia al desgaste, que ya se están aplicando en implantes para reemplazar las piezas óseas en rodilla y cadera, o materiales con un coeficiente de dilatación térmica muy pequeño, que es algo con muchas aplicaciones industriales en campos que requieran condiciones extremas de temperatura y presión.
-¿Y en la Universidad?
-En la Universidad hay varios grupos. Uno se dedica a lo que ya se llama electrónica molecular y espintrónica, es decir, que los componentes electrónicos sean del tamaño de moléculas. Está todavía en fase de modelización teórica, que es fundamental, porque para que realmente pueda llevarse a la práctica algún día, tiene que haber grupos teóricos que hagan todos los cálculos previos y “tiren” de la investigación aplicada hacia adelante.
Otro grupo, que ya es experimental, trabaja en el campo de la nanoelectrónica. Estudia el comportamiento magnético y eléctrico en materiales a escala nanométrica. Los discos duros actuales tienen un sistema de grabación magnético, la información se graba en bits y tiene un límite de almacenamiento. Si tenemos éxito en el campo del nanomagnetismo la capacidad de almacenaje se puede multiplicar hasta por mil. Lamentablemente aquí no tenemos empresas que se dediquen a hacer este tipo de cosas, pero nuestras investigaciones tienen también aplicación en el campo de sensores de todo tipo, tema que estaría al alcance de las PYMES.
En los últimos años, el desarrollo experimentado por la nanotecnología la convierte en un sector estratégico con una importante previsión de crecimiento.
-El CINN es un centro pionero en su campo. ¿En qué fase se encuentra?
-El CINN es un centro mixto de investigación entre el CSIC y el Principado y, por tanto, la Universidad. El edificio que lo albergará todavía no está terminado, principalmente debido a esta época de vacas flacas, pero mientras tanto no estamos parados. Hace años que se trabaja en esta dirección con proyectos financiados por el Plan Nacional de Investigación, por la UE y contratos con empresas. Además de desarrollar una investigación de calidad y que se nos conozca en el mundo, el CINN busca la aplicación industrial inmediata y mantiene una relación importante con las empresas.
-En este campo de investigaciones ¿está bien posicionada Asturias a nivel internacional?
-Realmente, para los pocos que somos, el nivel es muy alto. Todos los centros del CSIC, entre los que está el CINN, tuvimos que elaborar recientemente un plan estratégico para los próximos tres años, un plan que fue evaluado por investigadores europeos para valorar qué apoyo prestarle. En el apartado de materiales, que es el que nos corresponde, nuestro centro quedó en segundo lugar de entre los doce centros del CSIC evaluados, justo por debajo de uno de los mayores centros de nanotecnología de España, que está en Barcelona. Eso no es estar bien, eso es un resultado excelente. Les gustó mucho la idea de un centro que quiere alcanzar una alta calidad en investigación y a la vez buscar aplicaciones inmediatas.
Por otra parte, en Asturias se han celebrado ya dos congresos importantes de nanotecnología, y entre los diez artículos más citados de esta Universidad en las revistas especializadas, siempre hay al menos tres que corresponden a investigaciones de nuestro grupo de Física de la Materia Condensada. Teniendo en cuenta que me estoy refiriendo a un grupo de tan sólo ocho investigadores, no está nada mal.
-Uno de los campos que hay que mejorar es la colaboración entre investigadores y empresas, ¿no es cierto?
-Sí, porque realmente la investigación en España en general tiene un muy buen nivel. En ciertos campos estamos entre los mejores, así de sencillo. Tenemos investigadores que trabajan en temas importantes, tienen muy buenas ideas y publican en las mejores revistas. El problema está en la parte industrial, porque no hay empresas que necesiten a esos investigadores punteros. Y eso es un mal síntoma. Las líneas de investigación en temas industriales están atrasadas en comparación con lo que ya se está haciendo en el mundo, y aunque hay empresas que funcionan bien, no son suficientes. Eso está dando origen a un fenómeno, y es la aparición de pequeñas empresas de tecnología punta creadas por los propios investigadores. En Asturias hay varias. Hay pocos científicos que tengan todas esas características de gestión necesrias para llevar una empresa, por lo que exigirles que se transformen en empresarios y sean pieza fundamental del desarrollo industrial, no tiene sentido. Los investigadores son fundamentales en empresas de tecnología puntera, pero deben aparecer empresarios a los que les interese invertir en estos temas.
-También la dinámica de creación de empresas es distinta aquí, en comparación con otros países como EEUU por ejemplo.
-En España hacer una pequeña empresa es un asunto muy delicado, porque uno puede hipotecarse económicamente para toda la vida. Y si fracasas te quedas fuera, porque todo tu patrimonio está puesto ahí como garantía. Eso no puede ser. Estados Unidos tiene otra mentalidad, uno puede conseguir fondos de grupos de inversión o de capital riesgo, y si no sale bien no implica la ruina económica del emprendedor.
-¿Qué cambio de mentalidad debe hacer el empresario, de cara a plantear inversiones en el futuro?
-Digamos que el capital en España no se ha fijado mucho en hacer empresas tecnológicas de alto valor añadido y se ha dedicado a otro tipo inversiones más especulativas. Así nos pasa lo que nos pasa. Ahora se dice que hay que cambiar el modelo productivo, pero ¿cómo vamos a hacerlo? ¿Va a cambiar la mentalidad de los inversores? ¿Comenzarán a crear empresas de tecnología punta? ¿De golpe? Pues no, porque el capital es muy reacio a tomar riesgos. Va a ser difícil hacer ese cambio de modelo. Y eso a pesar de que los países que tienen empresas en campos de mucho futuro, aguantan mejor la crisis y encontrarán antes la salida. En todo caso no se debe cargar la responsabilidad de lo que sucede a los empresarios, sino a la falta de apoyo económico tanto público como privado, que no exijan a la nueva empresa que devuelva el capital prestado en un plazo excesivamente corto, como es lo habitual.
-¿Crear un negocio basado en alguna de estas aplicaciones supone siempre una grandísima inversión para el empresario?
-No siempre, depende. En algunos casos no se necesita tanto dinero. Un ejemplo es el de esas empresas que comercializan sprays con los que se rocía una superficie, un parabrisas por ejemplo, de manera que repele el agua, el polvo y se mantiene siempre limpio. La tecnología es muy sencilla, pero los que la han puesto en marcha en el mundo ganan bastante dinero.
Otra cosa es la nanoelectrónica: los que hacen los chips están en muy pocos lugares, no todos los países tienen capacidad para hacer eso. Sin embargo hay productos electrónicos más sencillos que se desarrollan en PYMES. Así sucede en otros países. Hay que motivar a la gente para que vea que ahí puede haber oportunidades y por lo tanto es imprescindible un mayor intercambio de información efectiva entre investigadores y medios industriales.
“Ya empezamos a convivir con la nanotecnología en campos relacionados con la medicina, la energía, los nuevos materiales, la electrónica, etc.”
-Usted compagina la actividad docente con la labor como investigador, más los compromisos con la puesta en marcha del CINN. ¿Cómo desarrolla tantos campos, manteniendo a la vez un alto nivel?
-En esta respuesta hay que incluir a todos los profesores de la Universidad que pertenecemos a la vez al CINN. No conozco a ningún colega ni en España ni fuera, que dé tantas clases y a la vez investigue al nivel de exigencia al que nos hemos comprometido aquí. En mi área de Física de la Materia Condensada estamos al 94% de la dedicación docente máxima por ley. De hecho, cuando presentamos nuestro Plan Estratégico, el único inconveniente que vio la comisión es que veían que los profesores adscritos al centro daban un excesivo número de horas de clase. Cuando se firmó este convenio se prometió crear más plazas para repartir la docencia, pero entonces llegó la época de las vacas flacas.
-¿Cómo lo hacen entonces?
-Pues trabajando del orden de doce horas netas al día, o incluso más con excesiva frecuencia. Si uno se toma en serio la docencia y además se toma en serio la investigación, podemos decir que les salimos muy baratos a esta región. Otros salen un poco más caros, porque sólo hacen una cosa. En nuestro grupo, todos los profesores del primero al último, sea cual sea su categoría académica, nos repartimos la carga docente equitativamente.
-¿En qué medida la investigación da sentido a la Universidad?
-Transmitir el conocimiento no es sólo repetir lo que pone en los libros. Para eso no hace falta el profesor. Basta con unos buenos libros y el trabajo personal del alumno. Sin embargo hay que formar al alumno para que sea capaz de ser creativo en su profesión. El alumno tiene que ver en clase el método que el profesor utiliza para enfrentarse con un problema a resolver, comentando las diferentes posibilidades de acercarse a él, analizando las diferentes herramientas de que dispone con sus diferentes límites de aplicabilidad, y todo eso es lo que utiliza un profesor cuando hace investigación. En la Universidad hay que crear nuevo conocimiento por parte de los profesores y enseñar a los alumnos a ser creativos. Si un profesor no investiga, difícilmente puede enseñar a sus alumnos lo que es más importante para su formación.
Por ello el Rectorado debe apoyar decididamente a las áreas en las que, además de realizar una buena docencia, se impliquen en actividades de investigación de elevado nivel de exigencia. Por lo tanto no se debe apoyar a todas las áreas de la misma manera, máxime cuando hay escasez de recursos económicos. Esto es difícil hacérselo ver a los organismos rectores, que están demasiado preocupados por los presupuestos. La docencia y la investigación pertenecen a dos vicerrectorados diferentes y si cada uno mira hacia un lado distinto, el resultado es una algo injusto e irracional.
-La crisis económica será una de las causas principales de los recortes.
-Todo el mundo lo achaca a la crisis, pero ya sabemos que las economías en crisis son muy relativas, porque todos vemos que en principio parece que “no hay” pero luego resulta que “sí hay” para otras cosas. Lo que hay que hacer es analizar qué es rentable para esta Universidad, teniendo en cuenta que una buena Universidad es aquella que produce una buena cantidad de nuevo conocimiento y es capaz de transmitírselo a sus alumnos.

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