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Entrevistas Entrevistas Cambio climático en Asturias. Ricardo Anadón, Catedrático de Ecología

Cambio climático en Asturias. Ricardo Anadón, Catedrático de Ecología

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Escrito por Elena F. Vispo   
Martes, 02 de Marzo de 2010 09:54
Cambio climático en Asturias. Ricardo Anadón, Catedrático de Ecología 5.0 out of 5 based on 3 votes.
El pasado octubre se publicó el estudio “Evidencias y efectos potenciales del Cambio Climático en Asturias”. Es una radiografía regional, que confirma con datos que el clima se está alterando y las posibles implicaciones de esa variación. Para Ricardo Anadón, investigador de la Universidad de Oviedo en el Departamento de Biología de Organismos y Sistemas, dirigir este proyecto era casi “un deber social”.

Ricardo Anadón, Catedrático de Ecología de la Universidad de OviedoPara alguien tan centrado en la investigación académica es una oportunidad de oro poder dedicarse, aunque sea puntualmente, a la divulgación. “Además, ha sido una experiencia muy satisfactoria porque prácticamente todos los colegas con los que contacté me dijeron que sí, todo se hizo en un tiempo relativamente corto y la gente puso lo mejor de sí misma”. El documento resultante es un compendio de estudios que abarcan diferentes campos: desde el clima, las costas y océanos o la agricultura, hasta la salud, el turismo o la economía. Interesante tanto para los científicos como para los no iniciados, en un lenguaje llano y asequible, incluso ha empezado a usarse como documento de texto en la Universidad.

-¿Cómo surge esta iniciativa?
-Surge de la Oficina para la Sostenibilidad, el Cambio Climático y la Participación del Principado de Asturias. Se trataba de tener lo que en el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) se llaman evidencias, es decir, ver los datos, los trabajos y las conclusiones que ya existen. Y como aparte de la propia detección del cambio hay múltiples posibilidades en actividades económicas, en los ecosistemas, en recursos como el agua, se necesitan especialistas en diversos campos, que es lo que fuimos a buscar. En unos campos se sabe más, en otros se sabe menos. Eso se nota en el libro y en realidad era la idea: tratar de recopilar lo que hay, y detectar los huecos fundamentales de donde deberían salir líneas de investigación futuras, aunque eso ya queda en función de lo que el Principado decida.
-¿Cuál es la importancia de un estudio zonal, en este caso en Asturias, en un proceso que es global?
-En parte deriva de la propia estructura administrativa del Estado, pero además hay que tener en cuenta que el cambio es global, pero afecta de forma diferente a las diferentes zonas de la Tierra. Cuando se dice que la Tierra se ha calentado 0,7º se habla de una media, no quiere decir que sea igual en cualquier parte, por eso también conviene tener información de zonas concretas. El problema es que cuando uno restringe el área de estudio cada vez va encontrando menos información. Por ejemplo, ¿qué va a pasar en Langreo? Pues a lo mejor en Langreo no hay ningún estudio, excepto si hay una estación meteorológica de la que se pueda estudiar su evolución, pero ni siquiera el clima y su predicción futura se pueden resolver a escala local. El modelo global es necesario, para luego ir haciendo bajadas de escala hasta zonas más concretas.
-¿Cuáles son las conclusiones generales de este estudio?
-Para mí la parte más interesante es que cuando se habla del cambio del clima muchas veces se usan las percepciones “hace dos años llovió más, cuando yo era joven esto era así...” y eso no da una visión razonable del tema. Y es la primera vez, que yo sepa, que se hace un estudio de detalle donde se muestra que el clima ha cambiado, y por lo tanto suponemos que seguirá cambiando. En cuanto a que tenga que ver con el cambio global, uno puede pensar lo que le dé la gana, pero lo que está claro es que hay un cambio.
“Es la primera vez, que yo sepa, que se hace un estudio de detalle donde se muestra que el clima ha cambiado, y por lo tanto suponemos que seguirá cambiando”
Paisaje nevado"Cuando se dice que la Tierra se ha calentado 0,7º se habla de una media, no quiere decir que sea igual en cualquier parte del mundo."

-¿Qué panorama se dibuja a medio plazo?

-El principal problema para decir qué es lo que puede pasar es que depende del escenario socioeconómico y de las emisiones que existan en el futuro. Hubiese sido distinto que en Copenhague se hubiese dicho “vamos a bajar un 40% las emisiones, y a cumplirlo”, a que no se llegue a un acuerdo y la gente vaya tirando con acciones individualizadas en función de sus previsiones y sus capacidades, lo cual es mucho más laxo. Si todo queda como ha quedado en Copenhague la perspectiva es que ocurra lo peor posible: que el cambio de clima sea tremendamente severo, y al final de este siglo la temperatura media, en vez de subir 0,8 º, haya subido 3. Y eso es demasiado cambio. Aquí puede ser un cambio severo pero no catastrófico, por ejemplo vamos a tener que hacer obras en puertos, proteger las ciudades costeras, habrá cambios en las playas... Pero en sitios muy llanos, como pueden ser deltas, a lo mejor supone desplazar a doscientos o trescientos millones de personas en todo el mundo. Eso va a afectar severamente a la economía, y como está interconectada y globalizada, todos vamos a sentir los efectos.
-Llama la atención que en determinados escenarios el efecto parece positivo. Simplificando, si en Asturias el clima se vuelve más templado más de uno estaría contento.
-Pero es que el clima no va a estabilizar en lo que nosotros nos gustaría. En una fase del tiempo tendremos unos veranos que se parecerán un poco al Mediterráneo, pero es que a lo mejor después el calor nos sobrepasa. Y eso mismo estará pasando en la costa norte de Francia, en la costa sur de Inglaterra, en Suecia, de tal manera que ellos van a tener veranos muy habitables. Y, si uno se pone a pensar, Normandía tiene cientos de kilómetros de playas vírgenes con sus dunas, pero en el Mediterráneo, no sólo en España, nos hemos cargado mucho. Y en el Norte se está viviendo una pelea urbanística muy parecida. Si nuestro clima se asemeja al Mediterráneo, es posible que vengan los turistas, pero otras zonas de Europa estarán también en buena situación, así que es muy complicado decir si nos va a beneficiar o no.
Podrían salir beneficiados sitios donde aumente la temperatura y se incremente el periodo de crecimiento de las plantas, por ejemplo Rusia, que es un sitio improductivo y se convertirá en un terreno mucho más apto para la agricultura. Eso puede ocurrir, pero en otro tipo de cosas hay demasiados factores interconectados como para que uno diga “aquí está la salvación”. ¿La salvación es convertirse en una sociedad como la del Mediterráneo, ése es el futuro que uno desearía para un territorio como Asturias? Yo no lo tengo nada claro, independientemente de que suponga una percepción económica razonable, pero destrozarlo todo por un periodo de tiempo limitado, en competencia con otros países...
“Si todo queda como ha quedado en Copenhague la perspectiva es que ocurra lo peor posible, y es que el cambio de clima sea tremendamente severo”
-¿Qué opina de la reciente cumbre de Copenhague?
-Me preocupa, más como ciudadano que como científico, que no se tomen las decisiones que yo creo que deberían haberse tomado, pero también entiendo la suma de dificultades. El mundo no deja de ser heterogéneo, somos seis mil ochocientos millones de personas que vivimos en la Tierra, divididos en doscientos países, unos enormes, otros minúsculos, otros muy afectados, otros menos. Y bueno, a lo largo de la historia no hemos sido muy hábiles para ponernos de acuerdo, excepto para fastidiar a enemigos comunes. Así que acordar algo que implicaría modificaciones sociales y posiblemente económicas, no deja de ser complicado. Y además está que un dirigente acuerde algo en una cumbre pero luego los ciudadanos de ese país pueden decir “Sí, eso es bueno para la Tierra pero ¿qué va a suponer para mí?”. Y ésa es otra de las cuestiones que nosotros modestamente queríamos plantear: tú, como ciudadano, entérate de que tienes una responsabilidad, de que vas a sufrir unos efectos te guste o no, y a lo mejor eso te hace más flexible para aceptar lo que hay que hacer. Porque alguna parte nos va a tocar.
-¿Aún se está a tiempo de tomar medidas? Porque también se dice que el cambio es ya inevitable.
-En realidad lo que se está diciendo es que con las medidas que se querían tomar llegaríamos a superar los dos grados de incremento de temperatura, que ya es mucho. Por poner un ejemplo evidente, en la historia hay documentados tiempos en los que con menos de esa temperatura el nivel del mar estaba casi dos metros por encima del nivel actual. Si lo mínimo que se pretendía no se ha conseguido, las sociedades continuarán funcionando como en la actualidad, seguiremos incrementando la emisión y en cuanto se acabe la recesión económica volveremos a la “normalidad” y se acelerará todo. Por lo tanto podríamos llegar a situaciones de tres grados, en función de lo que hagamos.
En el fondo ésta es una cuestión donde hay que tomar decisiones, pero decirle que pare a una sociedad que está desarrollándose es complicado. Incluso psicológicamente es muy complejo porque hay que cambiar por algo que igual ocurre dentro de cuarenta años: ¡pero si dentro de cuarenta años a lo mejor ni estoy aquí! Hay que convencer a la gente de que existen evidencias de que ya tenemos el cambio encima, no es algo que vendrá sino que ya lo estamos sufriendo, y tenemos la responsabilidad que nos corresponda. Lo que no sé es si los ciudadanos más informados tomarán mejores decisiones, ni si la gente estará dispuesta a leer este informe, si tomará las decisiones adecuadas en el marco de lo que se decida en el resto del mundo y se las pedirá a sus políticos. Porque es importante que los ciudadanos no esperen a que el político diga cuál es el camino a seguir, sino que la acción política responda a una acción social, a una demanda que pasa por comportarnos de una manera más sostenible.


Costas y océanos: el cambio evidenteCada vez soplan menos vientos del nordeste que enfrían el agua, así que durante el verano el agua del mar es cada vez más cálida.
En la Universidad de Oviedo llevan años realizando estudios sobre el mar Cantábrico. Por eso dentro del estudio “Evidencias y efectos potenciales del Cambio Climático en Asturias”, el capítulo dedicado a Costas y Océanos es uno de los más extensos. Además de coordinar el estudio general, Ricardo Anadón es el responsable del equipo de investigadores que presenta este bloque temático.


-Este es el capítulo más amplio del informe, lo cual es importante en una comunidad como Asturias, donde el mar es fundamental.
-Posiblemente es el capítulo en el que se ha trabajado más intensamente, porque es de los que tienen más trabajos publicados. Hay gente, no sólo nosotros, que ha hecho modelos de respuesta al cambio de clima en cuanto a oleaje, acción sobre la costa... Quiero decir con esto que no sólo hay estudios de qué es lo que ha pasado, sino predicciones de futuro concretas. Aunque si hubiésemos dividido el capítulo en temas como el clima del mar, la pesca o la biodiversidad marina también hubiesen quedado cosas pendientes. Por ejemplo, tenemos evidencias de cambios en la pesca, pero no sabemos si eso se puede relacionar con el cambio climático o con la explotación humana.
“Lo más probable es que exista un cambio importante en el conjunto de especies marinas, en un lapso no demasiado prolongado”
-El panorama es descorazonador: aumento de temperatura, cambios en las especies, especies que desaparecen, nuevas especies que llegan de otros climas...
-Prácticamente todas las especies tienen capacidad para vivir en unas condiciones, si éstas cambian, lo normal es que las especies cambien. Y luego está la complicación de los efectos: si una especie desaparece, ¿qué efecto tiene sobre el resto de ecosistemas? En el caso de lo marino hay unas evidencias fuertes de que hay cambios, y de que se han producido de una manera muy rápida. Hay estudios de distribución de organismos desde 1900, en los ya que se ven movimientos por la costa, y nosotros ahora también los hemos percibido. Hay colegas míos que han hablado con submarinistas, que cuentan que en sitios donde había bosques de laminarias, que son unas algas pardas de dos metros, en dos años han desaparecido. Lo más probable es que sea un efecto derivado del cambio de clima, pero no sabemos cómo. Por ejemplo, siempre se piensa en la temperatura media del agua, pero a lo mejor lo importante es lo que ha pasado en julio y agosto. Ocurre que cada vez soplan menos vientos del nordeste, que enfrían el agua, así que durante el verano el agua del mar es cada vez más cálida. Estas plantas son de tipo nórdico, a dieciocho grados empiezan a tener problemas de reproducción, así que si están mucho tiempo a veinte grados la reproducción no tiene lugar.
Es importante tener información sobre eventos concretos. Que ocurra una cosa en mayo que antes ocurría en junio puede ser muy importante; alguien emite una hipótesis, pero luego viene otro que comprueba que eso es válido para una situación concreta, pero no para otras, entonces hay que pensar nuevas alternativas, y nuestra forma de entender el efecto del cambio climático sobre especies y ecosistemas es cada vez más compleja.
Por otro lado, la situación del Cantábrico, al estar en la misma latitud, permite que veamos las ondas de cambio con muchísima rapidez. Todo el Cantábrico es un observatorio privilegiado, son muchos kilómetros en los que los cambios se notan de forma muy evidente. Y como da la casualidad de que en la Universidad de Oviedo hay personas que llevamos trabajando en el mar desde hace treinta años, esa continuidad en los estudios nos permite tener mucha información histórica y datos numéricos.
“Tenemos evidencias de cambios en la pesca, pero no sabemos si eso se puede relacionar con el cambio climático o con la explotación humana”
-Se habla de la “mediterranización” del Cantábrico, ¿qué puede suponer esto?
Primero supone un descenso de la productividad marina y todo lo que deriva de ella. Lo normal es que, si las cosas siguen como las estamos percibiendo ahora, exista una reducción de la pesca, y lo más probable es que las comunidades vegetales y animales que estamos acostumbrados a ver cambien, no sólo en la cantidad sino también en las especies. Si desaparecen especies serán sustituidas por otras de tipo mediterráneo, que son mucho más pequeñas. Desaparecerán los grandes bancos, y también cambiará la producción pelágica, el plancton, las microalgas de las que se alimentan sardinas, anchoas, las larvas de muchas especies, etc. Lo más probable es que exista un cambio importante en el conjunto de especies, en un lapso no demasiado prolongado.
-Esos cambios afectarán a todo un modelo económico que depende del mar. Hablamos de turismo, pesca, industria...
También urbanización, porque parece que los temporales se van intensificando y eso puede afectar la disponibilidad de arena para playas, mantenimiento de infraestructuras, cosas que ahora estamos viendo y no tenemos la seguridad de si son directamente relacionables con los cambios que ha habido, porque el lapso de tiempo es muy corto como para tener evidencias, pero podemos sospechar que sí. El problema de esto es que cuando esté comprobado a lo mejor es demasiado tarde. Hace veinte años nadie hablaba de cambio climático, y ahora es una preocupación común en las conversaciones, en los medios de comunicación, y eso también es una ventaja para que se puedan tomar opciones. Si llevásemos trescientos años recogiendo datos a lo mejor lo tendríamos clarísimo, pero de momento las sospechas son muy fundadas, y ésta es una situación ante la que los humanos tenemos que responder.
Fotos: Fusión Asturias
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