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Opinión Firmas Gonzalo Olmos Con los músicos, con la música en directo

Con los músicos, con la música en directo

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Escrito por Gonzalo Olmos Fernández-Corugedo   
Miércoles, 02 de Agosto de 2017 11:02
Con los músicos, con la música en directo 5.0 out of 5 based on 1 votes.
Parece mentira que llevemos arrastrando desde 2004 el problema de las limitaciones legales para que grupos musicales puedan actuar en directo en locales de hostelería con licencia para música amplificada.

gonzalo-olmos En aquel año, la primera y emblemática víctima fue el local "La Santa Sebe", pionero y referencia en la programación musical en la ciudad de Oviedo y blanco perfecto para un Ayuntamiento reaccionario que, además, quería dar un escarmiento al compromiso contracultural y político de la sala. Han transcurrido ¡trece años! desde entonces y ha habido momentos de cierta tolerancia (con su florecimiento consiguiente), pero la inseguridad jurídica para que esta actividad cultural se desarrolle normalmente permanece, lamentablemente. En los últimos meses, el problema se ha manifestado de forma más clara tanto en Oviedo (y otro templo, en este caso el "Ca Beleño", resultó damnificado) como en Gijón y ha desatado la movilización, legítima y bien fundamentada, de los músicos, que aspiran a tener espacios donde ofrecer conciertos, disfrutar de la experiencia, curtirse y dar a conocer su trabajo al público. Sin embargo, interpretaciones más bien romas de la normativa aplicable (la Ley 8/2002, de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas; el Decreto 91/2004, que establece el catálogo de los espectáculos públicos, las actividades recreativas y los establecimientos, locales e instalaciones públicas; y las distintas ordenanzas municipales) y una inusitada falta de valentía política para resolver esta situación de forma eficaz, dan como resultado que locales hosteleros de referencia en la programación musical hayan optado por suspender o reducir al mínimo esta actividad, ante el riesgo de denuncias y sanciones.
El desprecio actual por la cultura musical es tan demoledor en nuestra sociedad, que impedir la expresión de la creatividad en conciertos en directo se ha convertido en algo asumido.
Los argumentos para superar este falso dilema entre actividad musical y respeto al descanso y tranquilidad de los vecinos han sido mil veces dados y están suficientemente entendidos. No tienen ningún sentido que actividades que se pueden organizar en horarios razonables, con todas las precauciones en cuanto a aforos, decibelios, seguridad, accesos y salidas, sean proscritas sin remisión y, a la par, cada vez haya más quejas
-en buena medida justificadas- sobre la proliferación del botellón o sobre la actividad de determinados locales transformados en abrevaderos sin ninguna pretensión de convertirse en un espacio cultural y social enriquecedor. El desprecio actual por la cultura musical (y, primeramente, por la propia enseñanza musical) es tan demoledor en nuestra sociedad que impedir la expresión de la creatividad en conciertos en directo se ha convertido en algo asumido por la mayoría, sin desencadenar una reacción social apreciable (más allá de la muy cualificada de los propios músicos y de algunas personas con especial sensibilidad en la materia). El efecto de esta medida, en el empobrecimiento cultural de la sociedad asturiana, será significativo, si no se remedia este disparate de una vez por todas.
Es de esperar que los músicos de Asturias no tiren la toalla, pese a la desesperación que provoca no encontrar interlocutores resolutivos y sufrir la estolidez de la burocracia de la forma más grosera. Hay algunos aliados notables que han dado un apoyo muy valioso, conscientes del carácter remediable del problema y del compromiso de músicos y de muchos hosteleros con el respeto al entorno. Así ha sucedido, por ejemplo, con la Confederación de Asociaciones de Vecinos de Asturias (CAVASTUR) o con entidades especialmente activas y respetables como la Asociación Vecinal "Oviedo Redondo", que saben discernir perfectamente entre el problema que causa a los residentes un antro de mala muerte dispuesto a servir matarratas a adolescentes y el espacio de convivencia y creatividad que representa un local hostelero que programe conciertos preocupándose, a su vez, por minimizar cualquier molestia que se pueda ocasionalmente causar. Cualquiera que haya pisado la noche sabe diferenciarlo igualmente, pero legisladores, gobernantes, munícipes y administraciones obtusas son incapaces de coger el problema por las solapas y permitir que la música en directo viva, para que siga viviendo la cultura musical de base en nuestras ciudades.scroll back to top
 

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